St. Vincent – St. Vincent

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St. Vincent lo ha hecho, ha llamado a su disco igual que su nombre de artista, St. Vincent, o sea, se ha marcado un Beyoncé de órdago, aunque se podría haber llamado O+V. La diferencia no es ninguna, ya que el ego de ambas está bien subidito, cambios de peinados incluidos. Nuestra indie más tangente se ha marcado otro de los discos de los suyos, con personalidad propia, con un acento marcado en descubrirnos cierto aire electrónico pero sin descuidar a sus séquito de indies y guitarreros, seduciendo a partes iguales.

La fuerza de su nueva entrega -aunque llame el disco de la misma manera- se aprecia nada más empezar la función, en Rattlesnake, donde repite, sin embargo, desgarros de guitarra pero está vez aporta una base más electrónica que pasa desapercibida pero que da carácter al asunto. Una maniobra que St. Vincent ha sabido labrar durante muchos años hasta este cuarto disco de estudio y que no llega a ninguna cúspide, sino que se mantiene fiel a si misma, que no es poco, pero tampoco suficiente. Ha dejado de lado un tanto la ingenuidad musical que tanto nos gustaba y el humor negro, como el de Cruel, para dar paso a un disco más serio y potente, dejando de lado las baladas pretenciosas y bonitas para dar rienda suelta a su voz desde un punto de visto más rockero como en Huey Newton; y es que Annie Clark ante todo es una rockera disfrazada de indie.

No  podemos negar que temas como Digital witness o Birth in reverse nos devuelve a la St. Vincent que todos conocemos, dos temazos extremadamente pegadizos y vacilones que no caen en la vulgaridad y que hasta tienen su punto divertido. Pero I prefer your love si que nos adentra en la balada tranquila, que la salva por sus pelos blancos al tirar más hacia el new age con una atmósfera que la pone en el plano de las revisiones de otras épocas pasadas. Y además se aprecia un tufillo noventero porque no abandona la melodía y la importancia del estribillo, como antaño se nos quedaban las canciones en la cabeza. Al final está a caballo entre la nueva y la vieja escuela, como una PJ Harvey que todavía juega con la guitarra eléctrica y se acuerda de cuando empezaba a componer su sus primeras canciones, como se puede desprender de Regret. Rápidamente en Physcopath le canta a la no enfermedad mental desde un pop-synthpop bastante majo y melódico que nos devuelve a la experimentación ligera que esperamos de la americana, seguido de Every tear dissapears, donde por otra parte se cree que por aportar electrónica va a resultar más moderna. Para terminar, oh, sí, la balada americana ya tocaba y la guitarra se vuelve acústica, como buena yanqui, su legado de chica sola cantando con el instrumento de cuerda por antonomasia tocando en un bar de carretera se deja ver como colofón melódico e intenso que nos ha acompañado durante todo el disco.

Así, St. Vincent vuelve a la carga con una producción marca de la casa que siempre gusta a los fans. Pequeños y grandes temas mezclados con delicadeza y a la vez con vigor, gracias a una buena producción y unos sonidos de guitarra que siempre le han acompañado durante toda su andadura. Su nueva entrega no es sino otro ensalzamiento de su ego y una demostración que aunque tiene el respeto del público no tiene todavía la admiración, y es que esperamos mucho más de ella y no lo mismo de ella, aunque sea bueno.

Puntuación: 6,9

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