Pharrell Williams – Girl

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Todos asumimos que las industria musical mainstream se guía por la avaricia más extrema por encima de cualquier cuestión relacionada con la calidad de la obra, pero hay casos que huelen a kilómetros. El de Pharrell Williams, que vive un momento muy dulce, no podría resultar más descarado. Su segundo disco en solitario viene a exprimir la gallina de los huevos de oro, ya que mucha casualidad que tras ocho años sin largo ahora se saque uno de la manga tras el éxito de un tema para una película (Happy), además de sus featurings, y que solo contenga diez temas cuando estamos acostumbrados a discos con 20 incluyendo bonus tracks. Eso sin contar que se ponga a la venta al día siguiente de la ceremonia de los Óscar, por si ganaba (que no), aunque tras la jocosa actuación seguro que también sacará tajada de su presencia. Y porque incluir un featuring (Blurred lines) y un tema megaexplotado (Get lucky) hubiese sido de risa, que si no ahí estarían.

Así de primeras Girl no apetece demasiado, pero Pharrell nunca ha sido un incompetente, así que tampoco supone una locura darle alguna oportunidad. En la primera escucha uno se pregunta porqué hay temas a los que le sobran minutos, y la respuesta no exige rebanarse los sesos en exceso: hay que justificar la compra añadiendo minutos a falta de cortes (en su mentalidad mainstream, en el indie daría igual). Otra cuestión que pasa por la cabeza de cualquiera que conozca ligeramente su carrera es la siguiente: ¿porqué casi todo el disco suena a refrito? Ya sabemos que en más de 15 años de carrera su diseño de sónido pocas veces ha variado un ápice, pero hay ocasiones donde la sensación de déjà vu se desborda. Por ejemplo Timbaland se repite también más que el ajo, pero en el The 20/20 Experience supo reciclarse sin menospreciar sus señas de identidad (obviando Mirrors). Sin embargo el ex Neptune se encuentra demasiado cómodo en su propio talento, que haberlo hailo a pesar de que la fórmula no varíe (la mayoría de productores r’n’b matarían por ella).

¿Y si obviamos las ansías de pasta y la autocomplaciencia? Pues quedan algunas canciones aprovechables, incluyendo un par de featurings. Por ejemplo la colaboración de Daft Punk en Gust of the wind, que aporta ciertos aires de frescura en la producción general del disco y podría considerarse como una notable secuela de Get lucky, o la de Miley Cyrus en Come get it bae, tema que destaca por la exuberancia de clásicos como Milkshake, salvando las distancias. No obstante la presencia de Justin Timberlake y Alicia Keys no brilla a la altura esperada (bueno, en el segundo caso tampoco se espera demasiado). Más allá de los invitados, Pharrell sobresale en Marilyn Monroe, buena apertura pero de nuevo alargada sin sentido, en la primera parte de Lost queen, que tiene su aquel y en Happy, que mantiene intacta su simpatía aunque resulte demasiado rebuscada en su afán de alcanzar el éxito que sin duda ha conseguido. Y de relleno rellenísimo Hunter, Gush e It girl, que podrían haber sido caras b del cuarto single.

Entonces nos queda un álbum más o menos escuchable pero sin destellos de genialidad del pasado de Pharrell; y es que aunque esté viviendo una segunda edad de oro, solo se traduce en éxito comercial y popularidad, porque el ya cuarentón no puede decir lo mismo en el ámbito puramente artístico. Salvo Get lucky, de la que además estaba detrás el dúo francés, en realidad los trabajos de este último año, sin resultar un desastre, tampoco noqueaban. Este comeback se ha basado en una canción en particular que ha eclipsado cualquier mediocridad a su alrededor, pero si uno saca la lupa descubrirá la verdad: no es para tanto tan cacareado regreso. Tal y como está el patio se agradece esta segunda oportunidad en su carrera, y es que en el país de los ciegos el tuerto es el rey, pero que no se duerma en los laureles porque el éxito es una ramera traicionera. Eso o que llame a Daft Punk y se monten un álbum conjunto.

Puntuación: 5,9

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