MØ – No Mythologies to Follow

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La irrupción de la danesa en el panorama musical internacional ha sido fulgurante durante los últimos meses, pero al igual que cualquier nueva figura del pop, por muy fulgurante que sea siempre se mira con lupa su puesta de largo (con el rock no sucede de manera tan patente). Ahí es cuando debe de demostrar su verdadera valía más allá de un par de singles resultones, o al menos eso es lo que piensa la gran mayoría, porque lanzar singles sueltos cada cierto tiempo cada vez está más en boga y desde aquí lo apoyamos (lo breve si bueno…). Pero el larga duración manda, así que la joven tenía que pasar el test y llevarse por delante cualquier duda acerca de su talento. Pues bien, No Mythologies to Follow no solo atropella aquellas dudas sino que se ensaña con ellas hasta quedar hechas trizas.

En el disco toma las experiencias de su adolescencia, de las más mundanas a las más extremas, y las remarca en pasajes sonoros tan variados que a veces se vislumbra cierto desconcierto que por suerte acaba en satisfacción absoluta gracias a un eclecticismo coherente, que se lo debe al tono entre inocente y autocosnciente de la actitud destructiva que predomina durante todo el minutado, además de por supuesto su gran olfato melódico. Karen Marie Ørsted, su nombre real, crea un mundo multidimensional repleto de aristas donde cabe desde la balada seentera a aires jamaicanos. En general se deja camelar por la faceta más negroide que ya habíamos conocido en sus inicios, pero durante aquellos primeros meses también nos mostró otras facetas que provocarían un difícil encasillamiento en género alguno. De acuerdo, sí, al fin y al cabo hablamos de pop con variado barniz.

La mentada balada sesentera se trata de Never wanna know, que podría ser de Lana si la influencia de la década en su obra fuese más allá de su imagen. Donde la influencia de la americana resulta más evidente es en Dust in the wind, que hasta goza de ciertos dejes vocales de ella, pero también se pueden encontrar bofetadas de la Karen O más desafiante en temas como Fire Rides. Este tema que abre el álbum es la perfecta mezcla entre eletro-pop y bases hip-hop, que también protagonizan Red in the grey, esta vez fraguado a través de loops, estilo Lollipop de Lil Wayne, mientras la vertiente más pop y chicle del género surge a lo grande en Glass, el Súper bass de Nicki Minaj al estilo de la danesa. El también mencionado país de la marihuana aparece en la exuberante pátina sonora de Pilgrim o XXX 68, modernizada para la ocasión al estilo de otras coetáneas como Elliphant.

A pesar del eclecticismo reinante, casi todo resulta bastante americano para una europea de tomo y lomo (salvo la simpática Slow love, un poco euro disco), aunque es la producción la que está al otro lado del atlántico, porque en lo que se refiere al espíritu pop las melodías saben a antiguo continente. Su amor por el pop resulta admirable (así lo demuestra la versión de Say you’ll be there de Spice Girls), y sabe combinarlo con múltiples referencias sin que pierda su verdadera magnitud, además de poder adentrarlo en terrenos a veces pantanosos de la vida de una juventud caótica sin que por ello pierda su capacidad de entretenimiento. Un equilibrio no al alcance de todos que la convierten a estas alturas de 2014 en una de las triunfadoras del año. Eso sí, dejar para la versión deluxe el enorme tema que da título al álbum es de juzgado de guardia. Pero bueno, no todo iba a ser perfecto.

MØ estará actuando el día 21 en la sala Bikini de Barcelona y el día 22 en la sala Independance Club de Madrid.

Puntuación: 8,2

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