MØ en Independance, Madrid

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No Mythologies to Follow es uno de los debuts más esplendorosos de 2014, pero como siempre sucede con los que acaban de llegar, el directo será el que dictamine el verdadero estatus del artista. Sobre la danesa  se cernían el doble de nubes de duda debido a lo que ya se comentó en la reseña del disco. Por un lado se trata de una una (singular) pop star y tiene que demostrar su valía debido a la supuesta frivolidad de su propuesta (porque hablamos de pop y el pop es superficial: solemne chorrada), y por el otro, debido a que el sonido electrónico suele dominar en sus obras, sobre el escenario el show se puede quedar a medio gas si la frontwoman no toma las riendas ni muestra síntomas claros de carisma. En este caso, aparte de las programaciones, había un batería y un guitarra, por lo que la sensación de enlatado no resultaba para nada dramática, y ella defiende su pop para nada intrascendente de manera enérgica y convincente. El primer argumento ni se tiene en cuenta porque resulta insostenible a pesar de que muchos lo tengan en cuenta, a veces de manera inconsciente.

Pero antes de dar detalles acerca del concierto, merece la pena hablar acerca del público. Un amigo al que me encontré más tarde en la calle me preguntó si estaba lleno de modernos, y yo le respondí que increíblemente no, o no de la manera esperada. Había además mucho heterosexual y mucha chica, no sé si lesbiana, porque algunos ya tildan a MØ de icono bóller, pero sin duda sorprendía el ambiente. De vez en cuando se agradece que se desmonten las expectativas generadas a través de clichés sobre este tipo de temas. Con la sala hasta arriba, la jovenzuela salió a escena con su look habitual, muy informal y su omnipresente coleta, en una actitud pizpireta que no resultaba forzada como sucede en otros casos. A la legua se notaba su entrega, quizás intacta gracias a su juventud y escasa experiencia en el ámbito, tanto que acabó sudando la gota gorda en parte debido a sus ideas y venidas por el público, subiendo columnas y dejándose llevar por manos ajenas. Vamos, que le encanta la comunión con sus seguidores. Tan a tope estaba que hasta se escoñó contra el suelo, pero de manera muy sutil supo incorporarse.

Desgranando la mayoría del álbum más algún corte del EP, el ambiente empezó a calentarse con XXX 88, cuando el público se entregó al popular single producido por Diplo. A partir de ahí cualquier escéptico (que alguno habría) fue cayendo conforme avanzaba el setlist, para acabar en una fiesta que quizás desvirtuaba ligeramente el calaje del álbum, mucho más profundo de lo que se pudiese pensar tras ciertos momentos de desparrame. También hubo hueco para sus baladas que a muchos recuerdan a Lana del Rey (Never wanna know pero sobre todo Dust is gone), que por suerte en directo se alejaban un poco de la sombra de la estadounidense. Pero sin duda su electro-r’n’b marcó buena parte de la velada, destacando Glass en el bis, la hipnótica Waste of time y sobre todo la brillante y buenrollista Walk this way, posiblemente la canción que más se benefició. Y no faltó el toque disco de Slow love, que aportó cierta variedad pero que finalmente se quedó en un tramo anecdótico.

Por supuesto reservó para el bis la versión de Spice Girls Say you’ll be there, momento en que la fracción gay se hizo notar más y los berridos aumentaron considerablemente. La chica sabe pasárselo bien, y eso se transmite, y el público lo nota, incluso en esta versión, donde se le veía ilusionada como una niña que la cantaba a su grupo favorito en su habitación a solas. Incluso a pesar de que por momentos la voz no resultase tan clara como se podría esperar (dentro de que el sonido rozó a a gran altura), la actitud de Karen suplía cualquier carencia técnica, que unido a un buen setlist y a unos músicos competentes pero que le cedían todo el peso a ella, se puede decir que la prueba de fuego ha sido superada con holgura.

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