SOHN – Tremors

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El misterioso Christopher Taylor y el debut de su proyecto SOHN se anticipaba como uno de los platos fuertes del primer cuarto de 2014, y aunque Pitchfork lo ha fusilado sobremanera (cinco pelado) muchos han abrazado Tremors como un disco a tener en cuenta pero, eso sí, cero sorprendente. Porque desde los numerosos adelantos que ya conocíamos (cuatro de esos temas han sido incluidos) no hay nada nuevo bajo el sol en su propuesta, pero a pesar de todo ha conseguido engancharnos desde que oímos hablar de él hace poco más de un año y eso es gracias al sabio manejo de los recursos del nuevo r’n’b, future garage, post-dubstep, synth pop o indie electrónica.

El álbum no provocará los temblores que promete, ya que se trata de un trabajo más bien estilizado y para nada abrupto, en el que se busca la perfección técnica en detrimento de la frescura. Quizás el género lo exija, y sin embargo se compensa con la elegancia bien entendida, la que no provoca sopor, de temas como Tempest, que abre el disco, que al igual que The wheel, segundo corte, adoquinan el paso con bien de juguetones arreglos vocales, llamando más la atención por su producción que por el contenido, lo que queda de lo más adecuado si se trata de una introducción como es el caso.

Artifice por suerte pone la bocanada pop sin descuidar el diseño de sonido. La golosa producción se minimaliza y pierde una pizca de futurismo en Bloodflows, Ransom notes y Paralysed, para volver a tomar el control en la inquietante Fool y la epiléptica Lights, esta última hasta bailable. Veto es la más r’n’b del conjunto, y posiblemente la canción más clásica dentro de la modernidad imperante, pero el álbum quiere terminar más sintético, por lo que el infinito loop de Lessons hace su función de mirar hacia el futuro, aunque el tema homónimo, que cierra la obra, opta por unir ambas vertientes.

Tampoco se ha olvidado de dotar a Tremors de alma, y aunque recuerde a James Blake en el uso de ciertos elementos sintéticos y vocales o en los falsetes, Taylor crea un universo propio quizás algo confuso, escurridizo por momentos, pero finalmente atrayente. El elemento pop sigue bien presente a pesar de la experimentación sonora de ciertos tramos, quizás no para reventar las listas pero sí para captar a un público que busque un concepto melódico y lírico más convencional, pero arropado por un envoltorio moderno y sofisticado. Y a veces este halo de corte más bien hipster puede empañar el resultado, más bien por pensar en quién va a escuchar el disco (una moderna en su peor acepción) o por dónde va a sonar (una tienda de Malasaña) que por el disco en sí. Quizás la clave esté en liberarse de los prejuicios y transportarse mentalmente a los paisajes naturales que sugieren sus portadas. Lo agradecerás infinito.

Puntuación: 7,7

Comments
  1. jj

    magífica reseña, como siempre.

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