La agresión de Solange a Jay Z: la guasa frente a la denuncia social

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La noticia de la semana en el apasionante campo del famoseo internacional ha recaído en la agresión de Solange a Jay Z, marido de su hermana Beyoncé. Para los que no hayáis visto el vídeo o no os resulte agradable: resumiendo, los tres junto con un guardaespaldas en un ascensor, la pequeña Knowles se vuelve loca no se sabe por qué motivo y empieza a atacar al rapero ante la presencia de la diva (que estaba en este modo), mientras el armario dos por dos la sujeta para que ceje en su empeño.

A partir de este bochornoso suceso Internet ha estallado en parodias sobre el tema. Sin tener en cuenta la causa de la agresión, que por ahora se desconoce, cualquier acto violento salvo en defensa propia (que no parece el caso) debería de ser motivo de indignación por parte del público. Y aunque no suelo ser amigo de lo políticamente correcto, la violencia de este tipo no debería ser motivo de mofa, y menos en internet, donde un desconocido lo expone a millones de personas desconocidas y hasta cierto punto la situación está descontextualizada (otra cosa es hacerlo, por ejemplo, entre amigos).

Pero, eh, espera, que el agredido es un hombre. Y para más inri, un hombre muy poderoso. ¿Entonces sobre Solange no recaerá la ira de la opinión pública que se expresa en la red? ¿Es que a estas alturas de la vida todavía solo denunciamos las agresiones a mujeres? O incluso, yendo más allá, ¿de hombres a hombres también (aunque menos), pero de mujeres a hombres es sinónimo de guasa? Está claro que estas últimas son las que menos, pero no es justo para las victimas masculinas que no se les tenga en cuenta. Esta reacción es un reflejo más de que las minorías importan un carajo, y más cuando un tema está en el candelero (la violencia de género, el feminismo), que eclipsa a otras causas en la misma onda pero menos masivas por diversos motivos. Incluso en algunos casos casi ínfimas, sí, pero la realidad sigue ahí.

La violencia actúa igual sobre todos, y la igualdad que tanto se predica y que llena la boca de tantos individuos tan políticamente correctos al final es en parte una farsa. Lo que también incluye el estatus de poder, porque si hubiese sido un mendigo en vez de un ricachón entonces sí que sería otro cantar. La cosa es que los ricos también lloran, y aunque puede que para muchos Jay Z no sea de su agrado, no significa que no debamos levantarnos ante la violencia hacia cualquier persona.

Parece que el rapero salió ileso, pero ese no es el punto. Generalmente a nivel físico una mujer es más débil que un hombre, por lo que no se espera que provoque el mismo daño que en el caso contrario, pero la intención es lo que cuenta. Con un tipo de ataque similar al del ascensor por parte de un hombre hacia una mujer puede que las cosas hubiesen acabado como, por ejemplo, el caso de Rihanna y Chris Brown (y quizás sin un guardaespaldas de por medio algún buen golpe se hubiese llevado).

Hace unos meses Emma Roberts agredió a Evan Peters (ambos actores de American Horror Story), las heridas de este fueron mínimas, quizás porque la sobrina de Julia mide metro y medio, pero la reacción de la opinión pública no se acercó ni de lejos a la de cualquier caso a la inversa. Y eso que Evan tampoco es un multimillonario de la industria musical y además tiene una cara de bueno que tira para atrás, sin contar con que se comenta que Emma es un ser humano insoportable (debe de ser de familia). Que no, que parece que no es lo mismo. Es probable que si alguien cercano me agrede, instantaneamente le borre de mi lista (una colleja no cuenta), pero si lo ha intentado y por equis motivos no ha podido, también lo merecería. Debido a ello existe el intento de homicidio, por ejemplo. La intención lo es todo.

Sin embargo, aparte de la falta de indignación general, también se han podido leer comentarios sobre si Solange quizás estaba defendiendo a su hermana por algo que él había hecho. Vamos, el clásico “algo haría”, para justificar el suceso. Ya es lo último: una actitud que muchos aborrecen resulta válida para este caso. Incluso hay ciertos conatos de girl power en ciertas opiniones, es decir, el clásico “qué machote” pero con una vuelta de tuerca. Es como volver a antes del siglo XXI, donde se bromeaba en público sobre el maltrato y además salían a la luz todos esos tópicos retrógrados que tan catetos sonaban. Debe de ser que de mujer a hombre es hasta cool, oye. Eso sin tener en cuenta el tema de la difusión del vídeo como si fuese un show (aunque esto no es exclusivo de casos de esta índole). Vamos, un despropósito todo. Por suerte alguna voz sí que ha defendido una postura similar a la expuesta. Las que menos, eso sí.

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