Crónica Primavera Sound 2014

Sky Ferreira 03 Dani Canto

Una lluvia que auguraba el fin del mundo marcó la primera jornada del festival en el Fórum, que sufrió retrasos en varios de sus conciertos. El de Sky Ferreira fue uno de ellos, que sumado a un incidente de con una araña, que le picó en la cara y fue lo que realmente afectó a su primer directo en España. O eso dicen. En realidad, aunque no hubiese habido araña de por medio, no supuso sorpresa alguna esa actitud entre somnolienta y dejada que siempre nos vende. Las primeras canciones fueron un desastre, con una Sky en segundo plano y unos bajos que reventaban cajas torácicas; pero a partir de la gran I blame myself, justo después de que ella se marchase del escenario con cara de pocos amigos y espetando que no podía oír su propia voz, todo mejoró tanto a nivel sonoro como en actitud. Incluso volvió al pasado recuperando Lost in my bedroom, lo que sus fans agradecieron. Al final la tragedia del comienzo quedó en anécdota, pero esperamos reválida para hacer justicia a su estupendo debut.

Programar a Holy Ghost! el miércoles a las once no parecía la mejor idea, y menos si seguía lloviendo (en realidad no cesó en toda la noche, solo se relajó respecto a la tarde). Así fue, aunque ellos, y a pesar del escaso volumen del sonido, se salieron con la suya a través de hits potenciales que no por desconocidos adormiló a un público que acabó bailando su vigoroso electro-pop, especialmente tras la poderosa Dumb disco ideas. E incluso muchos podrían pensar que se trata de una propuesta enlatada, pero nada más lejos de la realidad, ya que la presencia de instrumentos orgánicos junto con programaciones y teclados tejían un notable entramado sonoro. A pesar de formar parte de DFA y beber directamente de LCD Soundsystem, resulta evidente que no pueden mirar a los ojos a la banda de James Murphy, pero este debe de estar orgulloso de a dónde han llegado sus pupilos.

Chvrches 01 Santi Periel

Sorprendía la gran cantidad de gente apelotonada a primera hora de la tarde del jueves para asistir a Real Estate (cuando muchos todavía están de camino al festival), marco, por cierto, perfecto para el pop blanco y cristalino de la banda. Algunos les pueden tildar de soseras, y no hay duda de que el directo no es que sea la fiesta padre, pero un sonido excelente junto a una actitud adecuada, amable pero sin estridencias, y un setlist lleno de guitarras ideales para asistir a una puesta de sol en verano con amigos y cervezas, se tornaban como motivos suficientes para disfrutar con una sonrisa en la cara. Se les ve cómodos en su papel, y dan ganas de que esos amigos con los que te irías de cañas fuesen ellos (eso sí, tampoco para marcharte de rave a las seis de la mañana). Nada realmente trascendente, pero con suficiente entidad como para empezar la jornada con el mejor pie, como ya sucedía con su último disco.

Todavía apetecía un concierto típico de tarde, pero quizás algo más intenso, para ir pavimentando el camino para la llegada de la noche. Ahí estaban Caveman, mirando al mar, en un día donde las nubes nos habían dado un respiro (no por mucho tiempo) y con la receta perfecta del indie pop-rock de toda la vida, que no necesita de artificios ni florituras. Porque lo mejor que se puede decir acerca de ellos es que rezuman honestidad y disfrutan con lo hacen, aunque no cuenten en su haber con miles de seguidores coreando sus temas, y eso se nota y lo transmiten a un público escaso pero altamente satisfecho. Se agradecía esta escasez (aunque sin resultar deprimente) para botar ante temas muy “arcadefirianos” como In the city o quizás solo mover los brazos de lado a lado en Old friend. Puede que no te cambien la vida, pero si no les conocías no tardabas en apuntar su nombre para futuras búsquedas en Spotify.

El famoso directo de Future Islands en Letterman, que tanto caché les ha dado, se cumplió sobremanera en el escenario Pitchfork gracias a un Samuel T. Herring que se mueve entre la locura, la bestialidad o la lujuria (¡esos movimientos pélvicos!). Sin embargo, y a pesar de que son mucho más que un tío haciendo el ganso y de que sonaron muy bien, la propuesta quedó algo deslucida quizás debido a un setlist que no noquea en directo de la manera en la que se podía esperar. En el álbum no lo hace, pero se espera que la suma del carisma de Herring añada puntos, y si te centras solo en su presencia puede que así sea, pero en su conjunto les falta garra, y a él a veces se le ve un poco forzado en su extravagante papel. Y es que en ocasiones un elemento tan llamativo como un frontman carismático puede eclipsar y compensar carencias, pero en este caso no todas las piezas cuadraban perfectamente.

Con el pelotazo que han dado CHVRCHES sorprendía que fuesen ubicados en el escenario Pitchfork, aunque viendo el directo todo cobra sentido. Un escenario más amplio se les quedaría grande debido a la posición casi estática del trío. En un estilo sofisticado como el electro-pop tampoco supone un problema que no se vuelvan locos saltando de un lado a otro, y más si la palabra “hit” forma parte intrínseca de su vocabulario musical. El problema real se materializó en unos bajos fatales que además relegaban la voz de Lauren a un maullido de un gato en su lecho de muerte. Así, temazos de la talla de Lies, quedaban reducidos a cenizas. Por suerte, y aunque no se resolvió el problema, no todos los cortes hacen uso de bajos tan compactos, por lo que Recover, Gun o Science and visions mantuvieron su estatus de trallazos. Mención aparte merece Martin Doherty en Under the tide, donde toda frialdad de ella se tornaba en una actitud más cercana y (sobre todo) bailonga en él.

Arcade Fire01 Dani Canto

A día de hoy, y tras su último disco, que no quepa duda de que Arcade Fire quieren jolgorio. Así lo mostraba la puesta en escena y sus coloridos outfits desde que las luces abrieron la veda y los tropecientos miembros aparecieron sobre el escenario Sony. Pero la emoción sigue siendo uno de sus mayores baluartes, y así fueron oscilando entre las lágrimas y la parranda durante las casi dos horas que duró el recital, y con caminos intermedios, claro (The suburbs o Haiti, por ejemplo). Sí, son más listos que las pesetas, tejiendo un setlist poco menos que perfecto. No cars go, Rebellion (lies), Neighborhood #2 (Tunnels), Afterlife (con My body is a cage de intro) o por supuesto Wake up como cierre bigger than life, que nos dejó con el corazón en un puño, marcaron la tónica de “oh-ohs”, ojos cerrados y brazos ondeantes. Hasta los más machos derramaron alguna lágrima.

Reflektor dio el pistoletazo de salida a su faceta más fiestera y al show en general, con bien de espejos que supieron emplear con inteligencia y simbolismo durante todo el concierto. Neighborhood #3 (Power out), Keep the car running, Sprawl II (Mountains Beyond Mountains), con una esplendorosa Régine sobre una plataforma en medio de un público exultante, o el momento de oro en lo que fiesta se refiere con la latina Here comes the night time, con bien de confeti, lo que algunos les podrán echar en cara como venderse a la causa stadium pop. Menuda novedad, y como si eso fuese malo. El papel que ostentan es el ideal para llenar grandes recintos y no resultar vulgares o facilones. Por si no había quedado claro, se trata de la mejor banda actual a la hora de conjuntar a toda clase de público; y es que aquí el concurrido “si están donde están es por algo” se cumple de sobra, os guste o no.

Todo lo que viniese después de Arcade Fire iba a sufrir comparaciones, algunas inconscientes, aunque fuesen en la onda de churras y merinas, que se unía a la dificultad para cambiar el chip y lidiar con varias opciones de corte bailable. Disclosure, justo en el escenario de delante, era la más evidente, pero gracias a un setlist, 100% su debut, tan repleto de hits que tampoco tardaron demasiado en controlar nuestros pies a su antojo. Aunque se sigue echando en falta la presencia de vocalistas, al menos la sensación de producto enlatado y listo para consumir no resulta tan evidente como otros colegas, esto debido a la interacción de los gemelos con diferentes teclados e instrumentos orgánicos. A pesar de todo a los reunidos en torno a su show poco les importaba (las sustancias tanto legales como ilegales tienen parte de culpa), sobre todo si además despliegan un espectáculo de luces y proyecciones tan atractivo y coherente con su estética habitual.

HAIM 01 Dani Canto

El viernes la lluvia volvió a hacer acto de presencia durante hora y media, chafando algunos conciertos que siguieron su curso pero a costa de calar a sus asistentes, donde (algunos) aguantaban estoicamente (para luego arrasar con las sudaderas y demás en la zona de merchandising). Así sucedió en John Grant, centrándose especialmente en su último largo pero sin olvidarse de celebrados temas pasados como Queen of Denmark. Esta vez se presentó en público sin estética de leñador, sino más bien de yonqui chandalero, pero fue su presencia y vozarrón lo que mantuvo calientes a los sufridos seguidores (en el sentido que algunos quieran entender), que corearon sobre todo GMF, ese himno cabrón y con el que tantos nos identificamos. Tampoco olvidó su tendencia más bailable en un par de momentos, destacando la “lcdsoundsystemera” (toma ya) Sensitive new age guy. Y poco a poco el sol fue haciéndose su hueco.

Con HAIM las nubes nos perdonaron la vida durante el viernes y las tres pizpiretas hermanas salieron a escena, cada una con un look característico (un poco cuadro Este y su vestido rojo). Los que esperaban a tres chicas pavas que tocan y cantan como el ojete entre “ji-jis” y “ju-jus” se tuvieron que tragar su propio veneno. Su calidad como artistas quedó ampliamente constatada, lo que unido a los indiscutibles hits de su debut no podía hacer sino un directo divertido y competente. ¿Que no es suficiente? Bueno, además desprenden las dosis justas de encanto y, sin duda lo más destacado, la compenetración entre ellas es digna de mención. Todo un plus que deberían envidiar otras bandas/familia. Puede que en unos años acaben a tortas, pero a día de hoy su indiscutible química harían estar orgullosos a los Fleetwood Mac más familiares (de los que por cierto tocaron Oh well).

Lo de Slowdive fue de otro mundo. O casi, porque el viaje espacial se quedó a medio gas debido a una duración algo escasa (una hora) para un comeback de esta talla. Pero bueno, lo que hubo fue corto pero jodidamente intenso. Nosotros disfrutamos, cerrando los ojos y flotando sobre las cabezas de los individuos que no apreciaban la magnitud de su directo; pero la clave residía en que eran ellos los que más disfrutaban de esta reunión. Las sospechas se confirmaron cuando Rachel dijo que, cuando ya se había cumplido su tiempo programado, se les había ido el tiempo tocando; y es que quién vuelve a la palestra solo por la pasta lo único que quiere es acabar lo antes posible y que le unten, sin dejarse llevar por la música. Pero, ¿quién no se dejaría llevar por la expansión sonora de Machine gun, Crazy for you o When the sun hits. A título propio se podrían haber centrado más en Soulvaki, eso sí. Y como anecdóta: cuando se producen este tipo de comebacks, y sobre todo 20 años después, uno espera cierta decadencia física, pero la realidad es que todos estaban magníficos, y por supuesto eso plasmaron con su actitud y profesionalidad.

Slowdive 08Eric Pamies

La relación entre el escenario Pitchfork y The War on Drugs es tumultuosa, aunque por suerte esta vez la sangre no llegó al río. Tras veinte minutos de retraso la banda comenzó con un setlist centrado básicamente en sus dos últimos discos, especialmente en Lost in the Dream, por lo que los punteos infinitos de guitarras marcaron parte del show. Esto, junto al mentado retraso, desanimó a muchos que esperaban más tralla en la onda de Baby missiles o Burning (en esta última solo faltaba la E Street Band) y partieron hacia otras opciones. Quizás hubiese sido más inteligente programarles por la tarde, pero obviando el contexto, Adam Granduciel y sus chicos llevaron más o menos a buen puerto la dimensión de su obra, aunque el nivel de grandiosidad mostrado en estudio (no son álbumes de usar y tirar precisamente) todavía no está del todo conseguida en directo. La están rozando con la punta de los dedos, pero quizás necesiten de otra futura oportunidad para demostrarlo. O puede que una sala de conciertos y no un festival.

El problema de The National con el directo es que nunca llegan a plasmar la riqueza sonora que demuestran en estudio (aunque su último trabajo tampoco despuntase). Eso y que Matt Berninger se está convirtiendo en un alcohólico de tomo y lomo. Mientras que en Vistalegre fue algo progresivo, en Barcelona iba como una maldita cuba desde el minuto uno, golpeando el micro contra todo, incluida su cabeza, por lo que tuvieron que remplazarlo un par de veces. Hasta su voz fallaba por momentos, aunque por suerte sigue manteniendo algo de dignidad profesional y la forzaba si así se requería (al finalizar el concierto probablemente no podría casi articular palabra). La lista de canciones elegidas fue casi exacta, con alguna ausencia, y por supuesto con momento álgidos, pero solo en la segunda mitad (temas tan potentes como Mistaken for strangers sonaron a pólvora mojada). Justin vernon y un par de miembros de The Walkmen acudieron en su ayuda y mantener así un poco la compostura general, pero Matt ya estaba demasiado descontrolado como para poder frenarle. Es divertido, pero un poco triste también. Por suerte Mr. November, Fake empire o England todavía son capaces de revolvernos por dentro.

Bastante inesperada resultaba la gran afluencia de público en SBTRKT, que empezó más tarde de lo que anunciado mientras un enorme perro de corte egipcio a modo de decoración contemplaba las hordas de gente que se agolpaban para echarse unos bailes. Pues de eso poco, la verdad, ya que desangelado es poco para describir lo que se nos venía encima. Los fallos técnicos generaron tal ausencia de ritmo, que junto a unos nuevos temas bastante anodinos, y un sonido competente pero falto de garra, provocó tal sensación de dejadez y caos sobre el escenario que desembocó en una desbandada de un buen número de personas necesitadas de emociones bailables. Para eso ya estaba el siguiente show en el escenario Ray-Ban.

Los chicos de Jagwar Ma estaban programados para las 3 de la mañana, por lo que sus dos integrantes optaron por potenciar su vertiente más electrónica y dub, cuando podrían haber optado por un show más psicodélico y rockero (¿quizás si hubiesen tocado por la tarde?). Se presentaba como la propuesta ideal para los que no se pirran por lo machacón y prefieren mantener la chispa pop (aunque en temas como Four sacaron su vena más housera). Con la ayuda de Stella Mozgawa de Warpaint a la batería electrónica, fueron desgranando su excelente debut, tomando lo mejor del mismo, que ganaba enteros gracias a un Jono Ma exultante y magnético que hacía las delicias del sector femenino y masculino gay. Así, todos nos hartamos a bailar, pero sin quemar neuronas en el intento (salvo los que tomaban pastillas como juanolas, evidentemente).

Volcano Choir 02 Dani Canto

De grupos estilo Superchunk hablamos muy poco en la web, eso es así, y es que a veces nos tira más la vena gayer que la propia calidad musical. Y claro, luego les ves en directo y te arrepientes todavía más de la estupidez de nuestra actitud homotrendy. A ellos les suda el pie todo lo relacionado con las modas, lo suyo es atemporal, honesto y directo, y así lo dejaron bien clarito yendo a la yugular durante casi una hora. Cuarentones con más energia que la mayoría de bandas adolescentes que pueblan el panorama indie, no faltaron trallazos como FOH, Digging for something, Crossed wires o Slack mothhrfukers, que no dejan títere con cabeza ni pies sin pisotón. Y hablando de pisotones, y también de codazos y caderazos entre otros, en Precision auto, y a modo de traca final, se formó un pogo catárquico en el que participé por decisión propia. ¿La razón? Disfrutar de la experiencia completa de una banda de esta índole.

Volcano Choir cuenta con un gran segundo disco, y en directo cumplieron con lo esperado, pero las comparaciones siguen siendo odiosas y quedaron patentes sobre el escenario: Bon Iver, banda principal de Justin Vernon, no ha perdido su condición de proyecto estrella. Tanto es así que no pudo irse sin interpretar uno de sus temas más celebrados, Woods, esta ver sin el intimismo del original. Hasta Vernon se mostraba parco en palabras, dejando los speeches a uno de sus compañeros, por lo que resulta evidente que su genio no lo domina todo en esta banda. Obviando comparaciones, la realidad es que pudimos vivir una experiencia enriquecedora, especialmente gracias a Alaskans y Byegone como cúlmenes de la velada (increíble el silencio sepulcral de los asistentes durante la primera). Todo muy acogedor, muy familiar, haciéndonos sentir a gusto, aunque en una sala de un tamaño mediano/grande todos hubiésemos salido ganando.

Algunos escépticos pueden pensar que el hip hop sigue siendo un género que no casa demasiado bien con Primavera Sound, pero si asistieron al directo de Kendrick Lamar posiblemente cambiarían de parecer desde el minuto uno. La entrega del público, quizás más guiri de lo habitual, dejaba a uno totalmente picueto e inducía a mezclarse entre la gran cantidad de blancos que jugaban a ser negros. El talento del rapero como showman resulta indudable, y los hits los tiene, pero a pesar de todo pasaban los minutos y la bacanal del comienzo perdía fuerza (por suerte el concierto duró menos de lo esperado y la cosa no llegó a peores). Sin embargo, en su conjunto, resultó un divertido espectáculo que aportaba un poco del frescura al tándem pop/rock del festival. Por cierto, hay que remarcar que, a diferencia de la mayoría de directos del género, en este caso había batería, teclado, bajo y guitarra, además de samples, claro. Un punto a su favor.

Algo hacía intuir que en Blood Orange viviríamos un fiasco de proporciones bíblicas. Cuando empezó Chamakay, posiblemente su mayor éxito, la tragedia se cernía sobre ellos: la voz de Dev Hynes era un horror y los bajos, muy en la onda del escenario Pitchfork, chafaban cualquier posibilidad de redención. Y de repente, en el segundo tema del setlist, la enorme You’re not good enough, todo sonaba de lujo, como si aquel caótico inicio nunca hubiese sucedido. A partir de ahí, y acompañado por ocho músicos e intérpretes, su notable debut recibió el respaldo en directo que se merecía, provocando el baile de corte sensual (o se intentaba) en buena parte del público. Incluso tuvo la osadía de terminar con una balada, Time will tell (mezclando fragmentos de otras canciones como Losing you de Solange), y lo que para algunos supondría todo un reto, él salió indemne y nos dejó con ganas de más.

nin dani canto

Trent Reznor de Nine Inch Nails es como un dios para muchos, y así se comportó sobre el escenario. No en el mal sentido, sin arrogancias ni ramalazos de divo, simplemente demostrando porque puede presumir de esa condición a nivel musical. Su presencia escénica solo se puede calificar de brutal, y la calidad de su directo dejó boquiabierto a más de uno, además de contentar a todo tipo de fans, no solo por tocar temas de toda su carrera, incluyendo temas de su último disco Hesitation Marks, sino también gracias a su eclecticismo. Como bien afirmó, le gusta cambiar de registro, y así sucedió durante la hora y media larga que duró el show, pasando de lo introspectivo a lo rockero o electrónico. Dissapointed y The great destroyer fueron el rey y la reina del baile en lo que se refiere a su lado más sintetizado, convirtiendo el Sony en una rave épica y desproporcionada, meintras que Hand that feeds y Head like a hole se llevaron la palma en su faceta más guitarrera y dosbocada. En lo más íntimo terminó, por supuesto, con Hurt, la guinda de un concierto tan excitante y magnético que noquea al más hater.

El concierto de Foals comenzó algo más tarde debido a que NIN se alargó, pero por desgracia sí que terminó a la hora programada. Por suerte supieron aprovechar el tiempo otorgado, y Yannis, a pesar de su corta estatura y de no ser el frontman más dicharachero, cuenta con cierto atractivo y carisma casi inexplicable. El caso es que sigue sin rendir pleitesía al debut que les dio el éxito, y los temas de su último y su segundo disco dominaron los escasos nueve que tocaron. La gente quería fiesta, pero para eso había otras opciones en el festival, porque aunque pueda haber cierto baile en My number o guitarreo macarra en Inhaler, en general no se trata del directo más enardecedor del mundo. Y más si el setlist cuenta entre sus filas ese himno que es Spanish Sahara, algo arruinado por la verborrea de individuos hasta arriba de todo que no se callan ni con puño en la boca. Si conseguías desconectar, una maravilla, eso sí.

Terminar con Cut Copy ha sido la mejor idea de los organizadores a la hora de colocar la parrilla. Súper baile pop que levantaba el ánimo hasta a los abstemios (pocos). Tomando lo mejor del infravalorado Free your mind (abrieron con la genial We are the explorers), no se olvidaron ni de su arrinconado debut (Saturdays, que sonó menos funky y más electro), nos regalaron hitazos del calibre de Take me over, Hearts on fire o Out there in the ice. Y aunque el sonido no destacó por su finura (tampoco supuso un drama, gracias a Dios), y que Lights and music no despuntase por culpa de, oh, qué raro, unos bajos puñeteros, todo se resolvió gracias a un Need you now que generó gritos y botes de emoción y lágrimas, y con una proyección del mar de fondo muy acorde con el sentimiento. Y, como sucede con Yannis, Dan Whitford cuenta con un carisma y atractivo singular, como de freak que de repente de sorprende por su fiesta in da body.

Dj Coco, como todos los años, nos mantuvo despiertos hasta las 6 y media gracias a su retahíla de grandes éxitos que aunque a veces se repitan, siempre convencen. Y con concesiones tan inesperadas como Since u been gone de Kelly Clarkson, y terminando, claro esta, con Don’t stop believing de Journey. Hasta el año que viene.

colaborador: Sergio Gesteria / fotos: Eric Pamies, Dani Cantó, Santi Periel

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