Antony and the Johnsons en el Teatro Real, Madrid

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Con las entradas agotadas y ‘obligado’ a añadir un concierto más: así llegó Antony Hegarty al Teatro Real de Madrid, que se convirtió el viernes por la noche (como lo ha hecho después sábado y domingo, y lo hará esta noche) en el perfecto escenario para una propuesta que aúna arte y música. Tras una performance en la que su sombra era tan protagonista como la artista Johanna Constantine, Antony presentaba Swanlights, creada en colaboración con el artista Chris Levine, el iluminador Paul Normandale y el escenógrafo Carl Robertshaw. Antony aparecía sólo, bajo una montaña de cristales y luces que cambiaban de color en cada canción.

Tras clásicos como For Today I am a Boy, Swanlights o su cover de Crazy in Love, el teatro se puso en pié y estalló en aplausos tras la interpretación magnífica de I Fell in Love with a Dead Boy, escena que se repitió tras Cripple and the Starfish. Sensación increíble con esta canción que te hacía desear conocer un amor que haga daño, un amor que te haga sentir feliz sangrando y con moratones (en sentido figurado, obvio). A estas alturas ya se intuía la figura del director de orquesta Rob Moose, que permaneció oculto junto a la Orquesta Sinfónica de Madrid y su pianista habitual Gael Rakotondrabe tras una serie de velos que se iban retirando. A partir de ese momento ya no sólo se escuchaba un sonido de inmensa calidad sino que se podía ver (o intuir, según la entrada que se tuviera) los dedos rasgando el arpa y los trombones dándole a ese sonido el punto justo de gravedad.

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Diga lo que diga Setlistfm, la (pen-)última canción fue The Crying Light en la que Antony nos convenció a todos y cada uno de nosotros (por lo menos a mí) de que existe para adorarnos, estribillo que de nuevo condujo a todo el auditorio en pie a un estallido de aplausos. Presentó a la orquesta, al director y al pianista entre más aplausos. Se fue, volvió, y entre más y más aplausos nos advirtió de que esa sería la última canción. Comenzaron a sonar las primeras notas (que no acordes) de You are my Sister, canción con la que despidió, al menos, la actuación del día 18. Después de escribirla, la palabra actuación no parece la más adecuada para definir lo que vimos, ni espectáculo, ni concierto, ni propuesta artística, todas se quedan cortas.

No quiero terminar sin reconocer el gran mérito que en el resultado final tuvo el hecho de que el escenario fuera el Teatro Real. Ojalá que sigan apostando por propuestas diferentes como esta y como la que el año pasado presentaba también Rufus Wainwright. Hay que estar muy atentos a la programación del teatro y correr para conseguir entradas a precios mucho más económicos que los de casi cualquier concierto en Madrid. La supuesta visibilidad reducida del viernes supo (y sonó) a auténtica gloria.

Maca de la Vega

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