Especial reseñas: pop electrónico con chicha

pop-electrónico

A veces parece que el pop está denostado, sobre todo por aquellos amantes del rock y género afines. Si ya le añadimos la etiqueta “electrónica” apaga y vámonos. Sí, algunos siguen anclados en 1980, pero sí, también es verdad que muchas obras de este género, por llamarle de alguna manera y conteniendo miles de subgéneros, no están a la altura. O sí, pero son dulces caramelitos que se olvidan fácilmente. Por ello en este especial se han tomado cuatro ejemplos recientes de álbumes donde el pop electrónico o sintético puede calar tanto como un disco de slowcore. Y con mucho orgullo.

Purity Ring – another eternity

A pesar de que mi compañero Cicuéndez le pusiese un 7 (en mi opinión escaso), el debut de Purity Ring acabó entre lo mejor del año (11º disco y 1ª canción). No era para menos, ya que fusionaba pop, electro, r’n’b, hip-hop y todo lo que mueve la música popular y alternativa contemporánea con maestría y pizcas de originalidad y frescura en un mundo donde a veces parece que ya todo está inventado. Un sonido hiperdetallado, deconstruido por momentos, que hacía gala de miles de texturas y arreglos, y que por suerte se mantiene en another eternity. Lo que casi no se mantiene es ese aura de oscura y retorcida belleza que tanto nos captó en su momento. push pull lo dejaba entrever, más luminosa de lo esperado, pero begin again nos despistó, con cierto deje al supuestamente desaparecido witch house. La segunda fue un simple lapsus.

La que también ha ganado enteros es la vertiente r’n’b y hiphopera, pero ahora algo más convencional, que no siempre acierta del todo, como en la melosa repetition, aunque el punto macarra de stranger than earth, blood on the floor o dust hymn termina convenciendo a pesar de que de primeras puedan chirriar, en este caso más por los ramalazos bakalas que por el resto de su marcado estilo negroide. Al final, a pesar potenciar más esta faceta, el disco sigue siendo una mezcolanza sonora muy agradecida, tridimensional y ciertamente palpable. Por ello estamos ante una notable colección de canciones, pero sin que encontremos un Fineshrine o Lofticries por separado, ni un conjunto tan destacado en términos de innovación y sobre todo tono y atmósfera. Y es que a veces, al contrario que Caroline en Poltergeist, no siempre hay que caminar hacia la luz.

Puntuación: 7

Susanne Sundfør – Ten Love Songs

Siempre he pensado que si Susanne Sundfør hubiese nacido 25 años antes habría sido vocalista de más de un tema de Mike Oldfield, pero cuando participó con M83, el sucesor más indie y moderno del inglés, definitivamente se ganó ese ficticio papel en mi cabeza. Y para nada se trata de algo negativo, como muchos pueden llegar a pensar, ya que habría que reivindicar la faceta pop del bueno de Mike, y así obras como este Ten Love Songs se pueden disfrutar con todavía más fruición. Todo suena enorme, y no es para menos, la noruega tiene una voz de las que quitan el hipo, y no porque pueda llegar a notas más altas que otras, sino porque hay una majestuosidad en ella que ya querrían para sí mismas otras verduleras del pop que creen que emocionar es berrear más fuerte y más alto.

Tanto en su faceta más cercana al pop instrumental, que ya conocíamos, como en su nuevo registro más pop electrónico, hasta bailable en algún caso, Susanne no pierde fuelle en disco tan variado y entretenido como compacto y trascendente. Su cambio de imagen y un sonido supuestamente más petardo no ha provocado la banalización de la forma y el contenido de su obra. Accelerate, Fade away o Delirious son modernas y a su vez atemporales piezas de sofiticado electro-pop que casan a la perfección con ejercicios de belleza orquestal en la línea de Silencer o los diez minutos de Memorial (producida junto a M83, y se nota). Un engranaje perfecto que en su país ha sido número uno. Ahí es cuando uno se da cuenta del poderío de Escandinavia en lo que se refiere a música popular.

Puntuación: 8,5

Deptford Goth – Songs

No se le ha hecho excesivo caso al segundo disco de Deptford Goth, e incluso desde aquí hemos tardado unos meses en hacerlo (cuatro exactamente), pudiéndolo haberlo incluido en las listas del año si lo hubiésemos reseñado a tiempo. Y muy mal por nuestra parte, porque se lo merecía. Con el sencillo título de Songs, se trata de una simple declaración de intenciones de lo que nos espera. Y esto van sin retintín. Su debut estaba compuesto por canciones (OBVIO), pero a veces parecía que Daniel Woolhouse prefería alcanzar un conjunto homogéneo y sólido, lo que es legítimo, aunque a veces estás se perdiesen entre un conglomerado sonoro y un tono poco variado, a pesar de que en teoría se tratase de un disco pop (o pop con trazas de r’n’b). Lo que para algunos podía ser un plus, para un amante del pop como yo era un lastre (para eso me pongo un disco de post-rock).

El cambio en esta secuela no ha sido brutal, pero el concepto melódico se agudiza y la emotividad se multiplica, e incluso su propia interpretación se ve fortificada entre una producción exquisita, detallada, con cuerpo pero a su vez minimalista, sin restar peso a su aterciopelada voz (un adjetivo no muy frecuente para definir una voz masculina). A pesar de su languidez general, no estamos ante un trabajo aburrido; no es de una profundidad encomiable, pero su honestidad y calidez emocional lo compensa. Y es que es difícil olvidar joyas como Two hearts, Relics, A circle o The lovers, pop’n’b sofisticado pero a su vez cercano, sintético en buena parte, pero que por momentos parece orgánico. Es lo que tiene poner la tecnología al servicio del arte más humanizado.

Puntuación: 8

Dan Deacon – Gliss Riffer

La primavera está al caer, y en estas fechas siempre apetece ponerse un disco que potencie un estado de ánimo aletargado tras el frío invierno, y Gliss Riffer es ideal para este cometido. Pero un disco en el sentido de Merriweather Post Pavillion, no en el de un recopilatorio de Marta Sánchez. Salvando las distancias con la obra maestra de Animal Collective, ya se conoce el ímpetu de Dan Deacon a la hora de parir discos experimentales, pero en este caso se acerca más a la mentada banda gracias a la consecución de un estilo claramente más pop, donde la electrónica busca todo tipo de sensaciones psicodélicas y multicolor. Por ello las (magníficas) idas de olla sonoras de naturaleza estridente de sus antecesores se han relajado, pero lo justo. Un trabajo más accesible, pero no por ello de menor calaje.

Ocho canciones como ocho soles (de primavera), que en general resultan ideales para desmelenarse y bailar en modo psiquiátrico. Mind on fire empieza como una canción de Jonsi y de repente hay berreos alocados, coros étnicos y ritmos imposibles. Learning to relax es para todo menos para relajarse, y yo que se lo agradezco. Feel the lightning es un alegato synth pop, y posiblemente la canción más convencional, y a pesar de todo, una joya. Las instrumentales Take it to the max Steely blues todavía rememoran aquellas aventuras donde los tejidos sonoros eran los protagonistas absolutos. Así tiende la mano al antiguo Deacon y pasado y presente se reconcilian. Porque todo está cortado por un patrón similar, pero el hombrecillo ha sabido tomar diferentes sendas que en realidad se dirigen a un mismo destino: la música como caleidoscopio sonoro.

Dan Deacon forma parte del cartel del Primavera Sound 2015.

Puntuación: 8,5

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