Papel mojado… por la marea

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A pesar de saber de buena tinta que Jay Z (ahora sin guión, porque él lo vale) parte el bacalao en la industria estadounidense, nunca hubiéramos pensado que a la hora de anunciar una nueva plataforma musical de streaming la situación llegase a cotas impensables de ridículo, al estilo Kanye West (al final todo se pega, claro), y más cuando el tema no da para tanto. Lo que primero que nos cuentan de Tidal es que se trata de una “nueva” manera de escuchar la música en streaming y patatín, patatán. Aquí empiezan las dudas, ¿nueva manera?, ¿en qué sentido?, ¿revolucionarán el mercado? No tenía pinta cuando una carca y amasabilletes como Taylor Swift había anunciado que se unía al invento. Ayer aparecía un vídeo con otras estrellas internacionales del calibre de Beyoncé (obvio), Madonna, Daft Punk o Chris Martin de Coldplay (el resto de artistas, en las etiquetas), los que mueven el cotarro, vamos, todos con cara de serios, como si se hubiese muerto Michael Jackson otra vez. Venga, vale, si hay tal solemnidad en el ambiente será porque algo grande se debe de estar cociendo.

Pues no. Estamos ante un servicio de streaming en alta definición, porque para ellos la música hay que escucharla así, en todo su esplendor, lo que tiene sentido si no fuese porque la opción de 9,99 € cuenta con calidad estándar. Vamos, que la mayor diferencia del servicio solo está disponible en la versión deluxe del mismo, a 19,99 €. Eso sin tener en cuenta que, o tienes unos cascos y/o equipo de sonido que sean la monda, o todo se queda en papel mojado. Y eso sin tener en cuenta que resulta necesario disponer de un servicio de internet decente, no como en nuestro país, para así poder descargar música en alta calidad (también hay sistema off-line), además de contar con un dispositivo móvil o MP3 con memoria para dar y tomar. O sea, que para percibir realmente la diferencia, hay que tener una cuenta corriente abultada. Y la presentan como la nueva forma de escuchar música si realmente la amas, y ellos la aman, y por ello apoyan este nuevo proyecto. O algo así fue lo que Alicia Keys se encargó de relatar en la presentación oficial. Puedes verla debajo, merece la pena, pero por desgracia no por las razones que deberían.

Todo empieza con un discurso de una señora que todos nos preguntamos que hace ahí tras un teaser con más famosos que en la boda de una infanta. Pues vale, ahora le toca el turno a la Keys, suelta su speech, uno de esos que no dicen nada, pero donde se tiene la sensación de que un nuevo orden mundial está en camino. Y así parece, sobre todo después de que los 16 artistas se presenten sobre el escenario y se mantengan ahí de pie con cara de circunstancia. ¿Algo grande sucederá ahora? No, solo irán firmando uno por uno un contrato que les haces partícipes de la compañía, un 3% cada uno, 48% en total, y Jay Z con un 52 (no es tonto el hombre). Un momento tan aburrido en el cual no se entienden los gritos de emoción de los asistentes. Hasta lo de frotarse con la mesa de Madonna, toda una ridiculez a la altura de una attention whore como ella, aporta un poco de frivolidad y desparpajo al asunto. Así está el nivel. Y mientras Rihanna con unas ganas locas de que todo termine para irse a la barra libre (lógico, yo estaría igual). Porque sí, todo ha terminado tras esta firma. ¿Tanta estrella junta solo para esto? Sí. ¿Una presentación sobre el amor hacia la música sin nada de música? Así es (bueno, si obviamos National Anthem de Radiohead de fondo, por aquello de evitar silencios incómodos). Una presentación a la altura del proyecto: mucho ruido y pocas nueces, y donde queda claro que lo que importa es el parné. Como un acto de la SGAE pero con menos caspa.

Lo que ellos llaman revolución, como si los cimientos de la música se fueran a tambalear, es un envoltorio repleto de caras conocidas que busca impresionar a prensa y publico cuando lo único que quieren es llevarse la pasta en vez de otros. Resulta completamente lícito que el artista se quede con la mayoría, pero que no lo vendan como la panacea para el usuario cuando desde el minuto uno era fácil olerse la decepción que finalmente ha sido. ¿Y creen que ahora abandonaremos Spotify u otros servicios de streaming? Tendrán a Taylor, pero el catálogo del resto de artistas sigue intacto en estas plataformas, y me da en la nariz que no lo van a retirar, que tienen más que perder que de ganar. Entonces tanto no apoyarán la supuesta revolución de Jay Z. Quizás si se convirtiese en un éxito arrollador se plantearían la exclusividad, pero por mucha firma con sangre y paripé frente a las cámaras a día de hoy, por ahora en lo que tanto dicen que creen, la música, no está por encima de su mejor amigo. Sí, el que viste de verde.

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