Sufjan Stevens – Carrie & Lowell

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Nos gustan ciertas dosis de transgresión en el pop, pero dependiendo del caso nos tira más lo conservador que a Miguel Ángel Rodríguez una barra libre. La carrera de Sufjan Stevens es uno de esos casos. Quizás por aquella promesa jamás cumplida de lanzar un disco por estado norteamericano (asumíamos la imposibilidad de tal hazaña, pero esperar alguna entrega más no era tan utópico), donde el pop y el folk se daban la mano como Dios y Adán en la obra de Miguel Ángel (no, esta vez Rodríguez no), ansiábamos una vuelta a sus orígenes tras el “trippiesco” The Age of Adz. Bueno, concreto, a los orígenes de Michigan, porque Enjoy Your Rabbit era más raro que un perro verde. Con Carrie & Lowell nuestras plegarias han sido atendidas, y aunque esta vez no hable sobre leyendas estatales, Sufjan sigue manteniendo su papel de contador de historias, o historia más bien, la de su relación su madre y padrastro y todo lo que conllevó y conlleva.

Es sobre todo la figura materna la que obtiene el mayor protagonismo del álbum, con la que mantuvo una relación complicada, la que no siempre deja en la ambigüedad. A veces todo lo contrario, como en la canción que sirve de apertura, Death with dignity, con un título que puede llevar a engaños, ya que, aunque la acompaña en su lecho de muerte, no se contiene al soltar un “te perdono”. Nunca de forma altiva, más bien por compasión ante un ser humano a punto de desaparecer que, a pesar de sus errores, merece descansar en paz. Eso no quita que Sufjan siga sufriendo de alguna manera por el pasado, mezclado con el trauma de la muerte de un ser querido, que provoca una contradicción de emociones que él solo ha podido mitigar con la música. Y es que en Should have known better, posiblemente el mejor tema del disco, se arrepiente de no haberle escrito una carta donde plasmar lo que sentía, pero asumiendo que el pasado es inamovible.

Mejores recuerdos tiene para su padrastro, con el que mantiene una excelente relación (ambos fundaron su sello Ashmattic Kitty), y que por ello le dedica Eugene, con tiernos chascarrillos como “el hombre que me enseñó a nadar, no sabía pronunciar mi nombre”. A pesar de todo en Fourth of July Sufjan abandona cualquier rencor hacia su madre para apaciguarla en esos últimos momentos, y ella a él por abandonarle. Y es en The only thing donde las consecuencias de su desaparición se convierten en dura realidad, con el suicidio rondando su cabeza, donde se generan inseguridades (“¿de verdad me querías?”, “¿realmente importo si sobrevivo a esto?”) que chocan con lo inevitable de su presencia en forma de fantasma (“todo vuelve a ti”) y la necesidad de estar junto a ella (“quiero sentirte”). Y para mitigar de alguna manera el dolor, acaba en los brazos de su amante con un nada sutil “fóllame, me estoy derrumbando” en No shade in the shadow of the cross. Sin embargo no le llena, ya que a pesar de volcarse en su relación y en el resto lo que le queda (amigos, su fe), se siento solo y perdido, y el vacío de la ausencia de su madre durante su vida es un hueco que jamás se va a poder tapar. Por ello el título del último tema, Blue bucket gold, que hace referencia a la leyenda de un tesoro perdido en Oregon (una de las tantas referencias a su tierra). Algo de lo que todo el mundo habla, pero que nadie ha visto.

Un final poco feliz para un disco más desgarrador de lo que parece por su forma, debido especialmente a la siempre delicada voz de Sufjan, además de por una instrumentación minimalista y frágil, similar a la de Seven Swans. Esta producción arropa sin restar protagonismo a su odisea emocional, donde evidentemte la guitarra acústica es su mayor apoyo, pero sin olvidar chispas de teclados o coros entre otros elementos. Destacan los finales instrumentales de buena parte de los temas, que aparte de su preciosidad sonora, sirven a modo de silencio reflexivo y alivio, tanto para nosotros como para él, tras la amalgama de complejos sentimientos que se agolpan en su lírica. Porque a pesar de su aparente ligereza, atender a sus letras (que aquí podéis consultar) es lo que aporta verdadero valor al álbum, ya que el aspecto melódico no es tan relevante como en Illinois, lo que quizás eche para atrás a sus fans más pop. ¿Quizás debía serlo? Puede, como en Seven Swans, pero a veces no todo son estribillos pegadizos, y Carrie & Lowell está por encima de eso.

Puntuación: 8 / Escúchalo: Spotify

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