Brandon Flowers – The Desired Effect

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Tanto los discos de The Killers como el debut en solitario de Brandon Flowers siempre han contado con unos cuantos buenos temas, en algunos casos excelentes, que además resultaban la mar de adictivos. Otra cosa es la afirmación del propio Flowers en la que erige su banda como la más importante de los últimos quince años. Pues hombre, en popularidad puede (y Coldplay y Muse estarían por delante, aun así), pero la calidad es otro cantar, ya que a pesar del buen hacer en los singles, al final lo que importan son los discos (¿o no?), y en este caso, y también en el de su debut, no es que despunten precisamente (excepto Hot Fuss, quizás). Mucha chatarra que, para variar, esperábamos encontrar en The Desired Effect, que en realidad no tiene tanta.

Ahora sin presiones de otros miembros puede despendolarse del todo a la hora de reivindicar su amor por los sintetizadores y los ochenta más horteras, a pesar de que la (horrible) portada parezca decir lo contrario. Aunque lo sintético no ahoga lo orgánico, incluso a veces ni aparece, lo que no quita que el exceso no llame a nuestra puerta, como en la fanfarria de Dreams come true, todo un subidón para comenzar este periplo musical. Así, estando con los ánimos por las nubes, enlaza muy bien con el enérgico drama de Can’t deny my love, el primer single, con tanto giro inesperado que nunca sabes por dónde va a tirar. Algo que por cierto también sucede en Between me and you, que comienza con unos sutiles teclados, va añadiendo rasgueos de guitarra a lo Mike Oldfield, riffs de eléctricas más contundentes y mayor peso de la percusión, para volver a la apacible ambientación sintética del comienzo. Una balada que nunca llega a estallar, pero que tampoco lo necesita para poner los pelos de punta.

La hecatombe ochentera, al menos a un nivel gay, llega de la mano de I can change, con sample tan evidente como agradecido (Smalltown boy de Bronski Beat), coros de Neil Tennant de Pet Shop Boys y mucho drama y frustración. A pesar de ese principio tan Africa de Toto, Still want you no sigue el tono de aquel clásico y queda bastante simpática gracias a sus jocosos coros (a pesar de que, de nuevo, ciertos giros despisten). Por supuesto no iba a faltar a la cita el tan reivindicado AOR, en este caso plasmado de manera más evidente en Diggin’ up the heart, reivindicando al Springsteen más juerguista y desenfadado. Quizás se eche en falta alguna canción himno a la altura de las de su banda madre, aunque Untangled love y sobre todo Lonely town no se quedan lejos.

Hay menudencias como Never get you right, tan inofensiva como The way it is de Bruce Hornsby, pero con menos gracia, o el cierre The way it’s always been, demasiado blanda a la hora de simbolizar ese final entre sosegado y emocionante (sí a lo primero, no a lo segundo). Así, en conjunto, es su mejor disco en solitario, lo que no es complicado, pero posiblemente también lo es respecto a los de The Killers, si exceptuamos su debut (y muchos querrán ahorcarme en la plaza del pueblo por afirmarlo). Faltarán megahits como los de estos, pero su conjunto les puede mirar por encima del hombro. Pero claro, ahí ya entra lo que consideres qué es un buen disco: dos o tres trallazos y morralla, o un buen equilibrio.

Puntuación: 7,2

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