Top 10: la otra crónica de Primavera Sound 2015

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La habitual crónica alternativa de Primavera Sound, que de música ya se ha hablado mucho.

¿Qué modelitos se llevaban?

No se puede decir que este año haya habido una moda predominante. En chicas se podían observar odas a principios y mediados de los noventa, de corte rave y eurobit, con tejidos modernos, en blanco y negro, camisetas cortas, pantalones altos y los consabidos pitillos. También se podía observar pasión por las flores en la cabeza (sí, sigue de moda) y camisetas de manga larga muy holgadas, o camisetas de patrones modernos (flores, caballos, bigotes, paraguas). En chicos se podía ver cierto toque pijo pero moderno, con camisas azules y chinos, y también el  estilo moderno ya estandarizado: camisetas llamativas, pitillos y que no falten las barbas enormes. En chicas y chicos lo punk y rock de estilo americano destaca, con mucha chupa de cuero, sobre todo en ellas, y botines y zapatos estilo de los setenta en ellos. ¿No te ha quedado claro? Bueno, tampoco soy un experto en moda, quizás en este especial de Zalando te enteres mejor de lo que se lleva esta temporada veaniega festivalera y en Vogue lo que se llevó durante Primavera Sound y otros festivales como Coachella.

Guapos oficiales (y no tan oficiales)

En ellas no puede faltar, evidentemente, Christina Rosenvinge, tan guapa como siempre a los 51. Y estando delgada y sin estar demacrada. Carrie Brownstein de Sleater-Kinney no es la mujer más despampanante del mundo, pero cuenta con cierto atractivo, además de su encanto riot, que provoca que no puedas dejar de mirarla anonadado. Y ese estupendo corte de pelo, claro. Luego tenemos a Nuria Graham y su encanto cercano y sencillo, muy de vecina de al lado. En chicos con cara de niños buenos están James Blake, que se ha dejado un toque de barba (lo que le permite ser casi lampiño), que le hace todavía más guapete, y Tobias Jesso Jr., que es adorable a más no poder. El bajista de Ocellot cumplía el sueño de muchas y muchos: pelo alborotado, barba de una semana y estilo sobrio (el de la izquierda). Y no hay que olvidar el postureo melenil de John Famiglietti de HEALTH. Para quedarse embobado.

Arrancar indiscriminadamente palmas no mola

Que sí, que nos podía hacer gracia en los primeros tiempos, pero aparte de que ahora nos da exactamente igual ver palmas flotando entre las cabezas de los asistentes, a este paso nos vamos a quedar sin ellas. Y es que aparte de aportar un ambiente inigualable, ¿dónde vamos a mear en momentos de emergencia? Lo de montárselo en la oscuridad es también otra opción, aunque entre tanta orina debe de resultar un tanto asqueroso. Pero seguro a algunos les importa bien poco ante la posibilidad de desfogarse.

Ni lluvia, ni frío

Hace dos años hizo un frío de pelotas; el año pasado cayeron un par de tormentas que fastidiaron a muchos (menos a los de los puestos de la entrada, que se hartaron a vender camisetas y sudaderas). Este año, por suerte, ni lo uno, ni lo otro. Por la noche refresca, evidentemente, pero no hay nada que una sudadera y un poco de alcohol no calmasen. El viernes se anunciaron muchos posibilidades de lluvias durante la media noche, pero todo quedó en un susto. Así que más felices que unos regalices.

El silencio en Antony fue la excepción

Como ya se comentó en la crónica, el silencia casi sepulcral durante el recital de Antony se convirtió en una de las anécdotas de esta edición. Y más en un directo al aire libre y en un festival, donde el personal va a los conciertos a pasar el rato mientras charlan de lo borrachos que van y qué menudo pibón se tiraron la noche anterior. Pero en este caso fue tan mágico que poco importaba. En el resto de conciertos en general seguía la tónica habitual, aunque quizás este año no haya habido dramas tan evidentes. O al menos yo no los viví. Se aceptan críticas destructivas si alguien sufrió alguno de esos desafortunados momentos.

Los líos entre los horarios impresos y los de la app

Casi me da un soponcio cuando veo que en el folleto aparece que Diiv actúan el viernes y medio se solapan con The New Pornographers. Al rato me comentan que en la app del festival se mantiene la hora y fecha original, el sábado por la tarde. Respiro tranquilo, pero seguía algo molesto, porque me perdí a Fakuta debido a otro error en el impreso. Y descubrí unos cuantos más. Es comprensible que se produzcan cambios de última hora, pero el  ejemplo del caso de Diiv evidentemente no se debió a este motivo. Ya hay dramas suficientes a la hora de elegir qué ver para que además te la líen un poco más.

La alternativa Martini

Soy de esos raros que no beben cerveza. Bueno, sí, en momentos de emergencia, como cuando se acabó en Martini en tres barras y en modo alcohólico me metí una caña doble. Pero la irrupción de la marca italiana este año me alegró la existencia, porque no tengo muy claro si estaba presente otros años o si no me di cuenta (¿alguien me lo puede aclarar?). Pero ya sabéis, el año que viene que no falten provisiones. Y quién sabe si algunos cerveceros se pasan a él, por eso de que la Heineken es mala a rabiar (opinión ajena, soy inexperto).

Julian Casablancas queriendo ser Cyndi Lauper en modo cyberpunk tras un holocausto nuclear

Pues eso.

Más publicidad que en Hullabalooza

La esponsorización es el pan de cada día en cualquier evento, y resulta comprensible que sea imprescindible para sustentarlos, pero lo de Primavera Sound ya pasa de castaño oscuro. Tampoco es que importe demasiado a la hora de disfrutar del festival, pero estar bombardeado non-stop por publicidad resta cierta credibilidad al valor cultural al conjunto, incluso a su valor festivo. Y esta edición ha habido más que nunca. Y el año que viene habrá más. Y así sucesivamente. Capitalismo cultural que muchos critican ferozmente y que, sí, tienen toda la razón del mundo, por mucho que algunos les tachen de amargados antisistema. Pero así funciona el mundo y es difícil evitarlo.

Querer amputarse los pies

Y quizás los riñones. Pero vamos, como todos los años (aunque la edad no perdona).

foto: Dani Canto

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