Róisín Murphy – Hairless Toys

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Róisín Murphy se ha tomado nada menos que ocho años para lanzar Hairless Toys, su tercer álbum de estudio y el sucesor de Overpowered, trabajo que le valió el reconocimiento de miles de nuevos fans sedientos de pop inteligente, elegante y cínico en una época en la que Madonna parecía que había vuelto tras lanzar su Confessions On a Dance Floor, Kylie tampoco defraudaba con su X y el Fame de Lady Gaga era tan solo un proyecto. Overpowered era mucho más accesible que el Ruby Blue producido por Matthew Herbert, e incluso contaba con una joya del pop petardo como es Movie Star, pero la ex Moloko no se sentía del todo cómoda siendo únicamente una popstar excéntrica. No, la irlandesa siempre ha hecho lo que le ha venido en gana, y el poner a bailar a hordas enteras de homosexuales y sus mariliendres no entraba en su plan de vida.

Debimos haber tomado el EP en italiano que lanzó el pasado año, Mi Senti, como un aviso a navegantes, pero al tratarse de una “marcianada” no le dimos demasiada importancia. No, esperábamos (y me incluyo) que Murphy llegara para salvarnos de la mediocridad artística de Gagas, Perrys, Mileys y (últimamente) Madonnas. Y, en cierta forma, lo ha hecho. No, no comparo la propuesta de la irlandesa con el pop facilón actual de las citadas divas, sino que considero que se trata de una interesante alternativa a los cánones que nos intenta imponer una industria a la que cada día le cuesta más definir modas.

Róisín nos presenta en Hairless Toys su enésima reinterpretación de los ritmos bailables más avant-garde de décadas pasadas (funk, disco, ball culture…), aunque de una forma menos directa y quizás más sutil e incluso retorcida que en sus trabajos con Moloko, por ejemplo. Cosas de la edad y la experiencia. Sí, Gone Fishing está inspirada en la escena ball de Nueva York, pero, tal como comentan en Pitchfork, más como una “honesta expresión de empatía”. Es decir, Róisín en lugar de sumarse a una moda, se acepta a sí misma como una de ellos, a pesar de brecha de espacio/tiempo (sin olvidar las diferencias de background) entre Murphy y los pioneros del ball neoyorquino de los años 60. Es decir, Murphy ha hecho los deberes y se ha empapado de esta (contra)cultura que tan importante ha sido en la historia de la visibilidad LGBT sin quedarse en la superficie, como otros artistas. Este hecho queda patente en otros temas del álbum, como Evil Eyes (donde Murphy no tiene reparos en flirtear una vez más con el funk, que tantas alegrías le ha dado anteriormente) o Unputdownable, que cuenta además con elementos folk que hacen inevitable el no pensar en The Mamas & the Papas.

Aunque, como recordábamos anteriormente, Murphy reconocía como principales influencias el house y el italo-disco (género que abrazó abiertamente en Mi Senti y que en Hairless Toys se intuye sin llegar a ser evidente), no podemos hablar en absoluto de un disco bailable. De hecho, el tema que más pegadizo resulta, además del ya citado Evil Eyes, es el primer sencillo Exploitation, que sin embargo jamás podría funcionar en una pista de baile, al menos en su versión de álbum, al tratarse de una canción de casi nueve minutos y medio. Casi nada. Eso sí, no podríamos dejar de reconocer que Exploitation es un ejercicio exquisito de sensualidad pop (cualidad también presente en Uninvited Guest, que podría ser un remanente de la era Moloko, o House of Glass), sin caer en la vulgaridad. Y que, sí, nos encantaría escucharla en una pista de baile. Y, ¿por qué no?, también bailarla.

De muy pocos podemos decir que tengan la fórmula del pop perfecto: Stock, Aitken y Waterman, quizás, Giorgio Moroder, quién está a punto de demostrarnos si sigue en forma a sus 75 años, y alguno más habrá, sobre todo en los últimos tiempos, al que me cueste reconocer. No puedo, está claro, decir que Róisín se encuentre tampoco en tal selecta lista, pero, al menos en mi humilde opinión y gracias a una genuina búsqueda de un sonido honesto, propio y fresco, va por el camino correcto.

Puntuación: 8


Róisín Murphy forma parte del cartel del Sónar 2015, que se celebrará en Barcelona del 18 al 20 de junio.

 

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