Fleetwood Mac en Antwerps Sportpaleis, Amberes (Bélgica)

Fleetwood Mac

Se podría decir objetivamente que Amberes queda lejos de España. De hecho, más de 1.300 km separan Barcelona, ciudad en la que vivo, de la ciudad más poblada de Bélgica. Pero esos 1.300 quilómetros no fueron suficientes para disuadirme de realizar un verdadero periplo (aviones, autobuses, trenes y taxis de por medio) para poder ver el pasado sábado en directo, por primera vez en mi vida, a una de las bandas que más han influido en el pop (y en la música popular en general) a lo largo de la historia. Sí, señores, estoy hablando de los enormes Fleetwood Mac, reunidos por enésima vez a principios del año pasado en su formación más exitosa, y actualmente en medio de una multitudinaria gira de 130 conciertos repartidos en 10 países.

A pesar de que entre sus cinco integrantes sumen 339 años (hagan sus cuentas, señores), lo cierto es que Lindsay, Mick, Stevie, Christine y John (a pesar de su condición actual) están hechos unos chavales, y nos dan mil vueltas a nosotros, jovenzuelos que podríamos ser sus nietos. Además, con toda la química acumulada tras más de 40 años de experiencia, era inevitable que los anglo-estadounidenses se dejaran la piel en el escenario, intercambiaran miradas y gestos cómplices y, básicamente, sacaran lo mejor de sí por ellos mismos y por diversión, más que por impresionar a ningún público.

Puntuales, Fleetwood, McVie, Perfect, Buckingham y Nicks empezaron con The Chain, la única canción del aclamadísimo (y turbulento) onceavo álbum de estudio de la banda, Rumours, que escribieron los cinco juntos. Sirvió, además, para dejarnos claro que, a pesar de todos los dramas por lo que han pasado (es lo que tiene mezclar la p*lla con la olla), al final se ha impuesto la madurez, y no únicamente se tienen respeto profesional, sino verdadero cariño. Y esto será crucial durante el resto del concierto.

Christine McVie brilló por primera –pero, que conste, no única- vez gracias a You Make Loving Fun, mítico tema cuya historia os invito a descubrir. Su compañera de aventuras y gran amiga Stevie Nicks fue la encargada de confirmarnos a todos que no era una ilusión. Christine Perfect se encontraba junto a ellos en el escenario, de vuelta en Fleetwood Mac.

La sucesión de éxitos que vino después, cuando sonaron Dreams, Second Hand News y Rhiannon sirvió para presentar a la que fuera pareja sentimental (y artística, en Buckingham Nicks, la banda que tuvieron antes de unirse a Fleetwood Mac): Stevie Nicks, cuyo estilo vocal no ha cambiado apenas en 40 años, y Lindsey Buckingham, todo un animal sobre el escenario, con un dominio de la guitarra que muchas rockstars querrían para sí.

Luego llego una favorita de este humilde servidor: Everywhere, una verdadera joya del pop escrita por Christine McVie, que ya ha pasado a la posteridad y ha superado incluso la gran fama del quinteto. Hay gente que no conoce Fleetwood Mac, pero que ha escuchado (y le gusta) Everywhere. Por cierto, en directo suena impecable; los cinco, sus dos músicos de acompañamiento y sus tres coristas se sincronizan a la perfección. Y mientras escribo estas líneas y recuerdo, se me pone la piel de gallina (dato gratuito, pero que no podía dejar de mencionar).

Tras I Know I’m Not Wrong, Tusk, Sisters Of The Moon (que contaba con unos visuales tan horteras como entrañables) y Say You Love Me, llegó el turno de Lindsey Buckingham, para explayarse él solo con la guitarra como solo él sabe. Y se desnudó (figurativamente) antes los belgas y foráneos ahí congregados, con una versión cargada de emotividad de Big Love, una canción que, según nos cuenta, compuso en un punto de inflexión de su vida. Imposible contener las lágrimas, creedme. Tampoco ayudó a mantener la compostura que, justo después, Nicks nos regalara Landslide, la canción favorita de su padre, que fue compuesta en una etapa de incertidumbre en la vida de la norteamericana.

Después de la genial Never Going Back Again, de la mano de Lindsey y Stevie, los cinco se reunieron una vez más sobre el escenario para brindarnos una excelente interpretación (¡cómo me gusta esta frase!) de Over My Head. Y Gypsy, momento que Stevie Nicks aprovechó para recordarnos que está donde está gracias a seguir sus sueños, y que nosotros no deberíamos dejar atrás los nuestros, para justo después empezar a girar en círculos con una gracia que a sus 67 años no ha perdido ni perderá ya. Os puedo asegurar que fue un momento mágico, como ver a una Nicks volviendo a ser la gitana que fue.

A partir de Little Lies, el público del Antwerp Sportpaleis empezó a despertar de su letargo y se puso en pie, casi en su totalidad, para disfrutar de canciones como Gold Dust Woman, I’m So Afraid (que aún me pone los pelos de punta) y el himno en el que Go Your Own Way se ha convertido. Todos los presentes, artistas y público, estallamos en euforia colectiva. Y no era para menos: estábamos contemplando en directo a una de las bandas más importantes de la historia de la música pop occidental, algo que no sucede cada día.

Tras dejar el escenario, Fleetwood Mac y sus músicos de acompañamiento volvieron para un único bis, en el que Lindsey Buckingham presentó a un eufórico Mick Fleetwood, quien, a su vez, presentó al resto de sus compañeros. Cada una de las presentaciones fue especial, porque Fleetwood Mac ha sido y es lo que es gracias a todos los que han pasado por su seno, pero, sobre todo, gracias a la formación de 1975, a quienes, tras varias idas y venidas, pudimos ver en plena forma sobre un escenario. Y gracias a John McVie, quien no se encuentra aún lo fino que debería debido al cáncer que padece desde octubre de 2014, pero que, según palabras de Mick Fleetwood, ha sido y es “la columna vertebral de Fleetwood Mac”.

Todo lo bueno llega a su fin, y tras World Turning, con un solo de batería de un enajenado Mick Fleetwood incluido, llegó el turno de Don’t Stop, un regalo de McVie, Fleetwood, Buckingham, Perfect y Nicks para todos que venía con mensaje: no dejemos de pensar en lo bueno que nos depara la vida. Mensaje que Mick se encargó de hacernos llegar personalmente, justo antes de desaparecer del escenario. Y la verdad es que, un mensaje así, viniendo de quien viene, es imposible de ignorar.

Fotos: Elke Briers para FrontView Magazine. Más fotos aquí.

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