Mulafest Noche 2015, Madrid

Viernes

Era importante no faltar a la primera edición de Mulafest Noche, aunque solo fuese por mantener algo de esperanza ante un panorama desolador en la capital (Manuela, confiamos en ti; en ti no tanto, Cristina). Eso sí, en mi caso primera decepción al llegar: Blue Hawaii, a diferencia de lo que aparecía en la programación, no era directo, sino dj set. En un cartel donde muchos artistas ya se presentaban en este formato, no era de recibo incluir a uno más. No sé si se trató de un cambio de última hora o un error de comunicación (consentido o no), pero no fue el mejor comienzo.

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Por suerte el primer concierto, de Rhye, borró casi de un plumazo la decepción. Intimistas, pero no tanto como en el disco, muchos se preguntaban dónde estaba la voz femenina de la banda. El viernes descubrieron la verdad. El parecido al timbre de Sade enerva a Mike Milosh, pero resulta inevitable. Satinada y delicada, así se muestra su interpretación, que se vio bien acompañada de un quinteto, con trombón, chelo y violín incluidos, siendo una de las propuestas menos enlatadas del festival (que ya se sabe que tiraba en su mayoría hacia la electrónica) y que sonaba de lujo. Sorprendió la buena respuesta del público, que no era demasiado pero que lo daba más que muchas multitudes.

Tras el gran directo de Jon Hopkins en Primavera Sound esperábamos un show similar en Mulafest. Así fue, igual de exquisito, aunque sin los bailarines con hula hoops de neón, lo que restaba algo de espectacularidad al conjunto visual. Sin embargo son las visuales lo que más peso tienen, destacando el vídeo del skate en la elevada pero bailable Open eye signal. Porque bailar se bailaba un rato, pero la primera parte del setlist no escatimaba en momentos más abstractos. Sin embargo al final la zapatilla mandaba, siempre desde un prisma sofisticado, claro está, y con uan propuesta que tiene la singularidad de poder gustar a más swagger y al más indie. Por eso se produjo llenazo total, claro. A modo de anécdota superficial: qué delgado está, ¿verdad? Esos bracitos chocan con unos rasgos tan marcados (pero sigue siendo un hombre ciertamente atractivo, sí).

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Por las pantallas anunciaron la cancelación de Klangkarussell, que fueron sustituidos por Atica, que propiciaron un dj set bastante chusco, donde cabía desde la versión de Shot me down de Guetta o el Jenny from the block de J.Lo. Tras la gran maestría de Hopkins supuso un bajón considerable, obviamente.

La mayor valía de John Talabot es su directo, que más allá de la gran calidad de su material propio, aporta elementos orgánicos para un tipo de propuesta normalmente marcada por el encorsetamiento del género. Pero en lo que se refiere al dj set no es tan fácil conectar con él. Una propuesta demasiado monótona y lineal, aunque para nuestra algarabía, con algún momento brillante.

2manydjs reactivaron la fiesta con temas muy tópicos pero también con algunas sorpresas. Aunque no gocen de la frescura de hace unos años, siguen resultando una apuesta seguro, tanto en este formato como en live.

Sábado

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Había muchas ganas de asistir al directo de PXXR GVNG, que generan alabanzas, pero sobre todo un odio exacerbado. Este tipo de comentarios fueron plasmados en las pantallas mientras se sucedían imágenes aleatorias en algún caso, como alegóricas en otros, contemporáneas (la evolución de la cara de Belén Esteban) como atemporales (la época oscura de Goya). Tienen un descaro y flow sobre el escenario que no sabes si curtiles a guantazos o ponerles un piso, pero es que ellos juegan con los extremos, siempre bordeando la fina línea del ridículo y el mal gusto. ¿Ironía? ¿Postironía? ¿Post-postironía? Hay mensaje en su música, pero también estupidez, y el directo saben como reflejar ambos aspectos y además hacer que nos retorzamos con unas bases trap curradísimas, pero también de corte latino (La mafia del amor fue un despiporre). Ah, y no faltó sample de Lory Money. Únicos.

Otro momento de “ah, pero que es un chico” también se dio con SOPHIE, en un caso todavía más ambiguo. Obviando esta anécdota, que ya ves tú, se podría esperar una puesta en escena más colorida, o una puesta en escena en sí misma, ya que salvo flashes en blanco y negro, poco más. Increíblemente no hizo falta, y su chicle pop se adueñó de nuestros pies. Bueno, chicle por momentos, ya que hasta hubo retazos witch house, y en general sonidos no tan fluorescentes, aunque Lemonade, uno de sus himnos en esta faceta, fue posiblemente la reina del baile. Incluso un amigo mío que no aboga demasiado por este tipo de artistas (PC Music y compañía), no pudo sino hacerle una ola mientras sudaba como una perra (yo también me incluyo). Como para no.

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Yo he vivido un par de directos de Is Tropical, uno muy regulero y otro directamente catastrófico, además de leer crónicas y escuchar opiniones generalmente malas sobre otros conciertos (ya se sabe que se pasan media vida en España). En Mulafest me reconcilié con ellos, ya que, sin ser el concierto de mi vida, sonaron bastante bien e incluso reivindicaron su bigger than life South Pacific. La presencia de su nuevo miembro, Kirstie Fleck, se limita al hit Dancing anymore, y sirve más de maniquí que otra cosa, lo que resulta algo frustrante (hace coros, pero no se notan en exceso, lo que tampoco ayudaba el escaso volumen de la voz). Quizás alargaron su propuesta un poco más de lo debido, pero en general resultaron competentes y no se olvidaron de ningún hit de su todavía notable debut.

Me fastidió que Mount Kimbie se presentasen en formato dj set, pero tras su sesión la verdad es que tampoco eché de menos su live. Perdón, hablo en plural; y es que la inexplicable ausencia de Dom Maker me obliga a seguir en singular. El caso, que su propuesta, salvo algún ramalazo evidente y muy bien recibido en la primera mitad, como My girls de Animal Collective, en la segunda dio la vuelta al mundo reuniendo sonidos de diferentes culturas y empotrándolos con la electrónica bailable más exquisita.

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Lo de Hudson Mohawke fue un despiporre de los buenos. Presentando su último disco  y recuperando antiguos, tejieron un setlist donde no había momento para la calma. Cuellos dislocados con una puesta en escena vistosa, especialmente en las mesas de Hudson, su batería y el teclista. Quizás se echaron en falta hits como Very first breath, pero era lógico al no contar con vocalista (aunque podía haber contratado a alguna) y por negarse a reproducir una voz en playback, lo que le honra en un mundo plagado de Guettas. Y la verdad es que tampoco importó ante tanta contundencia y adicción sonora (esos sintes tan histriónicos resultan todavía más irresistibles en directo). ¿Lo mejor de la noche? Y del festival, posiblemente.

El dj set de Evian Christ comenzó interesante a través de hip hop y electro, pero conforme se sucedían las canciones, el tema derivó hacia algo un tanto insoportable. Tanto que hasta el volumen se elevó en exceso sin comerlo ni beberlo en mitad de la sesión. Por ello, la mejor opción en esos momentos, era retirarse.

texto: Tanis Bollaín / foto: Mery Morrison

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