Crónica Paredes de Coura 2015

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Situado en la playa fluvial de Taboao, en los márgenes del río Coura (a unos 50kms de Vigo y a 100 de Oporto), se celebra el Vodafone Paredes de Coura, uno de los festivales veraniegos portugueses con más solera. En su vigésimo segunda edición el festival ha tirado casi literalmente la casa por la ventana con un cartel que bien haría sonrojar a cualquier festival del mundo, manteniendo un pulso con los otros dos festivales de verano con mayor afluencia de público, el NOS Alive de Lisboa y el Super Bock Super Rock de Praia do Meco en Sesimbra.

A pesar de que las fechas oficiales eran del 19 al 22 de agosto, el festival dio su particular pistoletazo de salida unos días antes con el Jazz na Relva un spin-off enteramente dedicado a artistas del género, como Peixe y El Rupe, y entre los que destacó la jovencísima Núria Graham, quien es además de origen catalán. Allí se reunieron los primeros valientes ya acampados en las inmediaciones de la localidad que se acercaron hasta el centro de la villa de Paredes.

Miércoles

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Ganas, y muchas, las que había de dar inicio a este Paredes de Coura, marcado este año por la amenaza de lluvia que afortunadamente sólo se perpetró durante el último de los cuatro días. Y más ganas si cabe de recibir a los primeros cabeza de cartel del año, los neoyorquinos TV on the Radio.

En una primera jornada, abierta por la sesión lisérgica y atmosférica de los portugueses Gala Drop, quiénes empezaron a calentar de verdad la tarde fueron los americanos Ceremony. Un descamisado Ross Farrar trajo de vuelta el espíritu de Ian Curtis pero con una doble dosis de oscuridad y espíritu hardcore. Es una lástima que con los años hayan perdido un poco de este último y hayan tirado hacia sonidos menos rabiosos y más próximos al post-punk.

Con Blood Red Shoes llegaron los primeros pogos del festival y las primeras declaraciones de amor, porque está claro que Laura-Mary Carter levanta verdaderas pasiones. Inmediato e incisivo, su directo fue directo (valga la redundancia) al grano.

Slowdive hizo las delicias de los más mitómanos del lugar. La experiencia es un rango, dicen, y su show fue técnicamente perfecto. A criticar el papel de Rachel Goswell, que hizo más las veces de mujer florero que de frontwoman de un grupo con semejante solera. A pesar de los muchos fans de Slowdive reunidos, la mayoría no llegaron a conectar con su directo y se vivió una sensación de bajón generalizada.

Como cualquier festival que se precie, llegada la madrugada eran más las ganas de fiesta y pegar saltos que el hambre de música en vivo. Afortunadamente, ambos quedaron cubiertos con la aparición de TV on the Radio pasadas las 12. Su set de un ahora exacta provocó críticas contradictorias entre los asistentes y es que aunque  el grupo se deshizo de su habitual actitud rancia y el público estaba entregadisimo desde el minuto 1 -bengala añadida-, el peso de toda la actuación lo llevó su frontman Tunde Adebimpe quién llevó su capacidad vocal hasta el infinito. Un bis no habría sobrado en absoluto.

A pesar de que muchos eran los reunidos en el posterior Palco After Hours, la propuesta de djs ha sido un poco floja en comparación a otros años; a pesar de ello Dj Fra aguantó el tipo en un set abiertamente preparado para la parroquia del festival.

Jueves

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La segunda jornada destacó por la llegada masiva de público creando colas y aglomeraciones por todas las esquinas del festival desde primeras horas de la mañana. Y no me cabe ninguna duda que los culpables de dicha marabunta fueron los cabezas de cartel del día, Tame Impala. La tarde empezó en el escenario secundario con las madrileñas Hinds (FKA Deers), unos de los grandes hypes de la temporada. Después de darles el beneficio de la duda y verlas en directo puedo decir que no entiendo tal hype. Es más, me dieron bastante vergüenza como mujer y como música que soy. Sólo espero que en el futuro dejen esa actitud naïve, vuelen fuera del nido de The Parrots y demuestren de verdad lo que pueden hacer musicalmente, que actitud no les falta.

Seguidas de los australianos Pond, llegó uno de los mejores directos de todo el festival. Cuarenta minutos de disfrute musical que llegó a su culmen cuando sonó Giant Tortoise. Como en todo festival, dilema el que se creó para escoger entre los White Fence del escenario secundario y Steve Gunn en el Principal. Optamos por la segunda opción y nos topamos con un panorama bastante desolador y muy poca gente entre público. Su puesta en escena es más adecuada para locales pequeños e íntimos y el escenario principal le quedó más que grande.

Hacia el final de su set, empezaron a llegar un importante grupo de fans femeninas, llamadas por el canto de sirena de lo que se venía: Father John Misty.  El antiguo batería de Fleet Foxes lo dió absolutamente todo sobre el escenario. Como él mismo decía, lleva “en su ADN esos movimientos característicos” y dio rienda suelta total al showman que lleva dentro. El alter ego de Josh Tillman dejó hasta a los más escépticos completamente boquiabiertos, porque el suyo fue de los mejores directos de los cuatro días.

A continuación les tocó el turno al grupo luso The Legenedary Tigerman (junto a X-Wife, omnipresentes en todos los saraos portugueses), quienes cubrían el hueco de Fuzz. Aunque su propuesta no casaba demasiado entre Josh Tillman y Tame Impala, estan bastante curtidos en escenarios y no tuvieron problema en controlar a la masa. Aún así, se hicieron bastante pesados al corear hasta la extenuación “Rock and Roll” en el final de su actuación. En cualquier caso, altísimo el listón que dejaron los compañeros Pond y Father John Misty, para luego recibir al gran plato fuerte.

Negar que lo de Kevin Parker y compañía tiene ya tintes mesiánicos es ridículo. A estas alturas Tame Impala están en ese momento de su carrera en el que si cagan algo en un plato, me lo como y al terminar les pregunto qué hay de postre. Y después de verles en directo no puedo sino darle la razón. Los visuales  acompañaron de manera precisa el bucle mental que produce la música de estos oriundos de Perth y no importaba cuánto desafinaste Kevin Parker, que aquello fue lo más parecido a un viaje sideral que he vivido en mi vida. Pena que siendo tan precisos, posiblemente hizo falta ese factor de directo y por momentos parecía que está un cd puesto. Para muchos faltó Solitude is bliss y para servidora Endors Toi, las cuáles hasta la fecha eran parte habitual de su setlist.

Un poco antes de Tame Impala acaban su show los daneses Iceage.  La cavernosa voz de su líder Elias Bender Rønnenfelt sonó más ronca que de costumbre para deleite de los más fundamentalistas del grupo, aunque en general toda la banda necesita una buena dosis de humildad que esperemos aprendan con la edad.

Nuno Lopes, actor venido a DJ, es uno de los niños mimados de la escena electrónica portuguesa, y el encargado de liderar la sesión After Hours, en un set con temas de Moderat, Metronomy o Caribou, entre otros. Su selección fue de las más acertadas de todo el festival y bien merecería haberse encargado del cierre de éste.

Viernes

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El viernes, tercer día de festival, las fuerzas de la parroquia allí reunida empezó a menguar tras el paso de Tame Impala y muchos incluso dejaron el camping a pesar del sold out de los cuatro días. A primeras horas de la tarde, se creó una pequeña colonia española en el escenario pequeño gracias al directo de Grupo de Expertos Sol y Nieve. Fue curioso como los allí presentes nos mirábamos y sin mediar palabra sabíamos que allí eramos todos “españolitos”.

Sin prácticamente descanso, empezó en el escenario grande X-Wife, seguidos de Allah-Las, sin duda unos de los proyectos más apetecibles de la actualidad. Ellos son un ejemplo más de cómo el garage americano ha ido filtrándose en los festivales más mainstream y tiene pinta de haber venido para quedarse.

Llegó la noche y con ella las luces rojas estáticas del showcase de Mark Lanegan. Después de verle en otras ocasiones puedo decir que Lanegan no es hombre de festivales, si me apuran ni siquiera de directos y que por muy tenebroso que fuese el juego de luces y por mucho que insistieran los técnicos en crear la atmósfera adecuada, su música es para escuchar en otras circunstancias. A pesar de ello, escuchar la versión de Atmosphere de Joy Division fue un verdadero placer.

Afortunadamente, Charles Bradley y sus Extraordinaires consiguieron salvar la noche. Como cada año, el Paredes de Coura tiene un pequeño slot para artistas soul y esta edición no fue una excepción. Bradley fue en mi opinión uno de los mejores headliners de esta edición junto a Fuzz y Pond. Su actuación tuvo tintes mesiánicos y un poderío sin igual. No voy a negar que se me saltaron los lagrimones mientras entonaba Strictly reserved for you empapado en sudor y con la voz completamente desgarrada. Sus bailes y su fuerza le hicieron convertirse en el concierto por antonomasia de este Vodafone Paredes de Coura 2015.

De nuevo, bajón con el tercer titán de la noche, The War on Drugs. Su puesta en escena es bastante nula aunque es la propia música la que crea esas atmósferas envolventes tan característica de la banda. Al principio la gente parecía mecer la cabeza como un campo de tulipanes, pero más por decaimiento que otra cosa después del huracán Charles Bradley,  porque a muchos parecía que les costaba hasta aplaudir con la música derrengada de los de Philadelphia.

Para traer un poco de alegría a todo el asunto cerraron las noche el dúo Tanlines, una de las propuestas más bailongas de esta edición a modo de aperitivo para los mixes de Richard Fearless, fundador de Death in Vegas.

Sábado

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El sábado 22, la jornada de cierre, fue un cierre con mucho encanto femenino; y es que los showcases de Natalie Prass y Watahatchee capitaneada por Katie Crutchfield dieron el toque femenino que muchas veces falta en los festivales. Si bien quién consiguió coronarse como Reina del escenario secundario fue Amelia Meath, del dúo Sylvan Esso que con su  pop electrónico hiper energizado fueron la propuesta más interesante del día y toda una regresión a los buenos tiempos del indie electrónico. Ni siquiera Lykke Li consiguió estar a la altura de las expectativas no sólo por la lluvia sino también por un set que no llegó a muchos más allá de los singles más sonados que sí fueron coreados por la mayoría.

Colocar a los británicos Temples como teloneros suyos no fue  precisamente la mejor de las decisiones. Su capacidad en directo ha mejorado muchísimo con los años, dejando atrás el directo bastante patoso que arrastraban años atrás, pero no consiguen deshacerse de su constante languidez y el hecho de que su frontman, James Bagshaw, no saliese demasiado de detrás de su flequillo rizado tampoco ayudó.

Si antes hablábamos de reinas, si hubo unos reyes en este cierren fueron los californianos Fuzz. Enorme su directo, su energía y los centenares de chavales que volaron en el escenario. Consiguieron llevarse el pato al agua y concentrar ya a media tarde a más público en el escenario secundario que en el Palco principal. Ty Segall se merece todo el honor y toda la gloria; su reputación está absolutamente justificada. No creo que pueda haber mejor premio de consolación para los que anhelaban el directo en solitario de Segall que el show que se arrearon Fuzz. Junto a ellos,  uno de los mejores sets del día fue el de Woods, que bien podrían haber colocado más arriba en el cartel junto a los headliners. Size meets the sound fue tarareado hasta por la última de las filas del recinto.

El último de los directos del Palco Principal fue el de los franceses Ratatat. Tirando de visuales psicotrópicos y mucha base pregrabada, su espectáculo fue más próximo a una sesión de música electrónica que a un directo de música rock. De base pregrabada, aunque en menor medida, tiraron también The Soft Moon. Fue el momento de sacar las gafas de sol, cerrar los ojos y dejarse llevar por el sonido oscuro y vicioso de los sintetizadores y el bajo en bucle. Un broche perfecto para acabar con la sesión ecléctica de Sascha Funke.

Con el fin de esta edición llega la hora de valorar cuatro días sin duda marcados por el eclecticismo musical y, porqué no decirlo también, de público, pero que a pesar de ello, deja a todos los asistentes con un mismo sentimiento unitario de buen rollo y paz, y sobre todo de comunión total con la naturaleza. Negarlo sería de tontos: es imposible no adorar este festival con semejante enclave y un espíritu tan libre y desenfadado. Sin duda, este año el Festival Vodafone Paredes de Coura ha tenido unos de los mejores carteles de los últimos años. ¡El año que viene repetimos!

Texto: Marina Sánchez / fotos: Hugo Lima

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