CHVRCHES – Every Open Eye

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Como Power, Corruption & Lies de New Order, Every Open Eye es también el segundo disco de CHVRCHES, pero el parecido va más allá de este dato y la inspiración de las portadas. En aquel álbum la banda de Manchester comenzó a construir el puente entre su post-punk y una nueva era protagonizada por el synth pop, que culminaron el mismo año con el lanzamiento de Blue Monday. Así ayudó al gran público a asimilar todavía más este subgénero. A día de hoy se trata de un estilo minoritario (lo que jamás he entendido debido a su fácil digestión), pero un disco como el del trío escocés debería ayudar a que volviese a la cima de las listas. El gran debut ya colocó algún single en las islas y este, que resulta todavía más melódico y accesible, debería seguir sus pasos con mayor contundencia.

No sucederá, porque la masa suele preferir sintetizadores zafios e insufribles. No importa, el disco es tan bueno que no necesita de la aceptación popular para convertirse en uno de los imprescindibles del año (como si alguna hubiese importado, y más en los tiempos que corren). Una retahíla de éxitos que abre la veda con Never ending circles y un estribillo en parte instrumental que, sí, en este caso mola, y que viene al pelo con el título de la canción, ya que a través de él resulta fácil imaginar verse envueltos por una espiral que nunca deja de girar (como en el lyric video, pero más frenética y turbulenta).

Luego llega el ya conocido cabreo de Lauren en Leave a trace, despendolándose en una interpretación furiosa y certera con un estribillo para enmarcar. A continuación tenemos Keep you on my side, que se trata de la primera muestra en el álbum de su nueva vertiente más bailable (el debut parecía más movido de lo que realmente era), y aunque tiene su aquel, no es el mejor exponente. Ese mérito recae en Clearest blue, que aunque fusila el riff de ya sabemos que hit de los ochenta, es un in crescendo vertiginoso y desasosegante.

Entre medias de ambos temas no hay que olvidarse de Make them gold, que cuenta con un teclado que podría haber formado parte de algún éxito de Belinda Carlisle y que hace que sientas que no hay nada que no puedas conseguir, al igual que la poderosa Empry threat.  High enough to carry you over, la única aportación vocal de Martin, es correcta, pero no llega al nivel de sus dos canciones del debut. Además, mientras que Lauren ha evolucionado vocalmente, este parece haber retrocedido hacía una interpretación que no transmite ni de lejos como antaño, ya que, aunque nunca ha gozado de una gran voz, ponía los pelos de punta. Down side of me tiene cierto deje raggae y Lauren se muestra relajada (porque hasta ahora ha estado a tope, la tía), que no impacta como los temas previos, pero sobresale con las escuchas (aunque le sobra un minuto).

Playing dead es relleno, pero de lujo, de los que ya le gustaría a muchos, y que te prepara para un pelotazo de la talla de Bury it, donde se vuelven a poner las pilas en lo que se refiere a contundencia y pegada. Y de nuevo con un riff irresistible, pero sin olvidarse del estribillo cantado, en este caso algo sencillo, pero funcional. Vamos, que noquea sin remisión. Y para terminar el relax total en Afterglow, como en el debut, una balada, en este caso totalmente atmosférica que se desmarca del concepto hit y se agradece, porque se trata de una muestra del carácter sensible y emocional de la banda, y sobre todo de Lauren, que de nuevo despunta como intérprete.

El mayor peligro que veo se basa en lo que de primeras es una de sus grandes virtudes: su accesibilidad. A la larga este tipo de obras puede llegar a aburrir, y su debut, sin resultar para nada espeso, no enseñaba todas sus cartas tan pronto. Algo parecido como cuando a veces perdemos en interés en alguien si la primera cita acaba en la cama. Y claro, llevamos pocos días escuchando Every Open Eye, a saber en unas semanas o meses. Yo sigo escuchando su debut a día de hoy, veremos si este aguanta el tirón. Esperemos.

Puntuación: 8  / Escúchalo: NPR

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