10 razones por la que amamos a Sufjan Stevens por encima de todas las cosas

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Hoy martes y mañana miércoles Sufjan Stevens actuará en directo en Barcelona y Madrid respectivamente (para la primera cita aún quedan entradas), donde presentará su último y excelente disco, Carrie & Lowell. A pesar de que no es la primera vez que nos visita, la última fue hace cuatro años, por lo que desaprovechar una oportunidad como esta sería de locos. Sí, de locos, locos de remate, porque hay muchos motivos por los que adorarle y querer ponerle un piso. Si no lo crees, puede que estos diez argumentos te convenzan. O puede que no.

Romper una promesa y aun así no perder la credibilidad

¿Un disco por cada estado norteamericano? Todavía seguimos esperando. Sabíamos que no alcanzaría la cifra de cincuenta discos, pero quizás un par más no hubiesen sobrado. La cosa es que estamos ante un músico tan valioso, heterogéneo, con trabajos tan brillantes, maravillosos directos y, sobre todo, tan auténtico y honesto en todo lo que hace (menos a la hora de cumplir promesas), que no nos rasgamos las vestiduras a pesar de que jugase con las ilusiones de algunos (especialmente sus fans estadounidenses, digo yo).

Católico, pero no un muermo

Sus discos de Navidad tienen parte de carácter tradicional, pero también idas de pinza muy serias. Ello demuestra que no estamos ante el típico beatillo estilo Flanders siempre dispuesto a soltarte una chapa de tintes bíblicos. Además en sus letras ha demostrado que las dudas y momentos de flaqueza son parte de su vida como católico. Es decir, el sentido crítico no se ha esfumado. A mí, como agnóstico declarado, no me incomoda escuchar en sus canciones hablar sobre el tema, porque en su caso, más que el qué cuenta, es el cómo lo hace lo que le diferencia de otros meapilas con guitarra en mano.

Directos que van más allá del “yo y mi guitarra”

En sus conciertos incluye a nivel musical todo tipo de instrumentos que, como en el estudio, aportan matices más allá de la fórmula preconcebida del folk. Y si está presentando un disco electrónico como The Age of Adz, entonces el directo se convierte en todo un show, con una puesta en escena ciertamente brillante. En este nueva gira todo parece más comedido (es lo que toca), pero no parece que vaya a descuidar la estética. Y todo ello es un complemento, porque él se basta y se sobra para hacernos estremecer. Pero oye, que si hasta tiene que bailar, baila.

Una discografía a prueba de bombas

Si Sufjan es alzado hacia el reino de los cielos por crítica y público no es por simple postureo. Y es que en sus quince años de carrera ningún lanzamiento ha dejado un sabor agridulce (bueno, quizás Enjoy the Rabbit, por excesivamente raruno), y de eso no pueden presumir muchos (aunque él no presume, que es muy modesto). Muchos tienen Illinois en un pedestal y poco más han indagado en su carrera, pero Michigan, Seven Swans o The Age of Adz, no son baladí. Incluso trabajos menores como All Delighted People.

No todo es un “yo, yo y yo”

Uno de los ¿males? del artista es que generalmente pecan de egocentrismo, como si todo el mundo girase alrededor de su ser. Sufjan demostró con su fallido proyecto estatal que puede contar historias, tanto populares como de carácter doméstico, que poco tienen que ver con su persona (aunque se pueda ver reflejado por momentos). O, si le viene en gana, componer con el zodiaco chino como inspiración. Lo que no quiere decir que no pueda publicar un trabajo sobre vivencias propias, como el último.

Que le filtren el disco y que además sea generoso

Un mes antes de su lanzamiento, Carrie & Lowell fue, para variar, filtrado por algún desalmado con poca paciencia. Desde su sello Ashmatic Kitty, fundado por él y su padrastro, Lowell Brams, pusieron a disposición de quien quisiera las letras con el artwork. Y ya sabemos que se trata de un elemento indispensable en su obra, y más en disco tan íntimo y confesional como este, donde además la instrumentación y la melodía no adquieren tanto protagonismo como la lírica. Como dijeron: “Si no podéis permitiros pagar por el disco, no os preocupéis. ¡Disfrutad de la música!”. ¡Olé!

Artista folk, sí, pero mucho más

La mayoría le identifican con el folk, y es verdad que buena parte de sus obras miran hacia el género. Pero siempre ha habido otra faceta que demostró ya desde su segundo disco, Enjoy the rabbit, donde la electrónica con diferentes matices tomaba un papel preponderante. Luego está The Age of Adz, una odisea multicolor donde lo orgánico quedaba en un segundísimo plano. Y qué decir de su proyecto Sisyphus, todo un pelotazo de hip hop y glitch pop. Vamos, que no se le puede echar en cara su inmovilismo.

¡Esa voz!

Para muchos, un simple susurro, ¡pero menudo susurro! En estudio o en directo, es uno de sus grandes baluartes. Porque muchas canciones no contarían con el mismo calaje emocional si fuesen interpretadas por otros, además de resultar total y absolutamente única. Es escucharla y reconocerla al segundo, incluso aunque cantase una electro-polka (que quién sabe, conociendo su amplitud de miras).

Su ambigüedad sexual

Mientras que en el trabajo de otros artistas poco importa si prefieren la carne y el pescado, en el caso si Sufjan sí que hay letras que reflejan temas homosexuales, tanto si habla supuestamente sobre otros (The predatory wasp of the palisades Is Out to Get Us!), como de sí mismo (la frase “I was sleeping in the room with you, you little boy, you little boy”, además de otras metáforas más sutiles, en The owl and the tanager). Pero a su vez es muy celoso de su intimidad, por lo que así nos da alas a los y las que estamos enamorados de él para montarnos una película en la cabeza con pedida de mano incluida.

Es jodidamente guapo y adorable

Quizás para los fans de MyHyV y la cultura del músculo no esté a la altura del canon de belleza cada vez más peligrosamente extendido. Sin embargo todavía algunos buscamos una belleza más emocional, la que va más allá de lo sexual (aunque luego le podamos dar pal pelo igual). Aparte, como se puede atestiguar en estas entrevistas, este físico va acompañado de una personalidad total y absolutamente entrañable, que tampoco ñoña y azucarada (bueno, un poquito a veces). El marido perfecto.

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