10 años de ‘Silent Alarm’, el mejor exponente de la generación NME 2000

bloc-party

Que Bloc Party están en su peor momento no es ningún secreto. Y parece que su nuevo single, The love within, lo reafirma. Por ello es probable que muchos, incluido yo, ni se planteen escuchar el que será su quinto disco de estudio (lo que también me sucedió con Four). Y es que hay bandas donde el quemadísimo pero a veces tan cierto “cualquier tiempo pasado fue mejor” describe a las mil maravillas su carrera, y en este caso resulta tan evidente que en los últimos años incluso se han bajado del carro dos de sus miembros fundadores. Por ello, y a colación del nuevo lanzamiento, me ha apetecido revisitar el álbum con el que crítica y público se rindieron a sus encantos, que este 2015 ha cumplido además una década.

En unos años, los 2000, donde NME dio alas a trillones de bandas de post-punk e indie rock (y que unas han sobrevivido mejor que otras), posiblemente las que más despuntaron fueron Franz Ferdinand, Arctic Monkeys y Bloc Party, que surgieron en el momento álgido de esta ola, entre 2004 y 2006. La realidad es que a los dos primeros les ha ido bastante mejor, pero si comparamos debuts hay que admitir que Silent Alarm se encontraba a otro nivel, quizás no mejor, pero sí más trascendente.

Con el EP y singles de 2004 Kele y su pandilla ya llamaron poderosamente la atención de más de uno, pero nadie esperaba una puesta de largo tan descaradamente moderna y espejo de una generación de jóvenes (y no tan jóvenes) pre-redes sociales que se enfrentaban al nuevo milenio con confusión e inquietud. Captaba como pocos el zeitgeist de la época y lo mejor es que a día de hoy mantiene en buena medida aquella virtud, al menos en lo que se refiere a esa juventud con preocupaciones que van más allá de salir guapos poniendo morritos en Instagram.

A día de hoy canciones como This modern love son un reflejo todavía más fiel de su día a día, en este caso retratando las relaciones modernas donde la actitud de Tindr ha saltado de la pantalla del móvil a la misma realidad. Hace gracia el halo emo tan en boga durante aquellos días en la preciosa Blue light, donde un amor ya esfumado nunca deja de acompañarte. También encontramos en el disco temáticas que, da igual la época, siempre formarán parte de la hoja de ruta de la vida de cualquier persona, como el miedo a hacerse mayor en Banquet, los objetivos vitales y sus riesgos en The pioneers o el aburrimiento vital en Positive tension. Aunque también hay temas más superficiales planteados desde el prisma tan exageradamente trascendental del púber (So here we are básicamente trata sobre un botellón).

Sin embargo no todo gira alrededor de la figura del postadolescente. Ahí está Helicopter, que mantiene la esencia social de aquellos años, reflejando la indignación con una feroz crítica hacia la administración Bush; o la paranoía post-11-s de She’s hearing voices. Y guiños universales como la dependencia de lo material del mundo occidental en Price of gasoline. Y también hay alguna temática ligeramente fuera de lugar, como en Like eating glass, en la cual la acción se sitúa en un ¿hogar? donde un matrimonio se viene abajo (ese comienzo tan The Cure, lírica y vocalmente, lo dice todo: “hace tanto frío en esta casa”). Pero es tan temazo que incluso abriendo el disco no sobra.

Evidentemente, aunque las letras importan, a la mayoría del público se la refanfinflan, y fueron otros elementos los que encumbraron a la banda en festivales de todo el mundo. Riff eléctricos, algunos inolvidables, como el de Helicopter; trallazos dance-punk tan enormes como Banquet; baladas delicadas, emotivas y atomosféricas como Blue light y So here we are; números de punk agresivo y estridente en She’s hearing voices o Price of gasoline; himnos con estribillos ganadores como The pioneers, o simplemente sin estribillo, porque ni lo necesitaban, como This modern love. Un tracklist heterogéneo pero perfectamente cohesionado que podía gustar a un público amplio y a su vez engatusarle de que equis canción era un imprescindible, incluso aunque determinado estilo no fuera tan de su gusto.

No hay que olvidar la acertada producción Paul Epworth cuando todavía no había trabajado con más que con un par de bandas. Ni que decir que Kele Okereke era uno de los intérpretes del momento, con una versatilidad vocal digna de elogio, aunque cuando realmente nos ganaba era transmitiendo la visceralidad y urgencia que la mayoría de las canciones precisaban. Un trabajo redondo, donde incluso los bonus tracks que se añadieron en la reedición brillaban a gran altura (especialmente Two more years). Pero parece que todo esto no fue suficiente para la banda (o el sello), y encargaron un disco de remezclas, Silent Alarm Remixed, a grandes nombres como M83, Mogwai, Ladytron, Erol Alkan, Four Tet o Death From Above 1979. Y además resultó ser toda una gozada, casi a la altura del original.

¿Qué queda de todo ello? Nada, ni si quiera en directo. Una lástima, pero también es cierto que no todos pueden presumir de un legado como Silent Alarm. Y es probable que dentro de 10 años nos lo volvamos a poner y sigamos disfrutando como postadolescentes.

Share

No Responses

Deja un comentario