La histeria fan con Fifth Harmony en Madrid

fifth-harmony

Sí que había estado en otros conciertos de chochi-pop, pero siempre de estrellas más o menos adultas con un público más o menos acorde con su edad (menos de Madonna, obviamente). Sin embargo hasta ayer nunca había asistido a uno con un perfil tan adolescente, por lo que una parte de mí iba a modo de experimento sociológico. Porque Reflection, el debut de Fifth Harmony, es bien majo y además contiene con una de las canciones pop más redondas de los últimos años, pero tampoco me considero fan fatal. Evidentemente se trataba un evento dirigido al público impúber, ya que comenzó antes de lo normal en una sala como La Riviera, en el previo al concierto sonaban temas de artistas como One Direction o muchos padres estaban a la salida esperando a sus vástagos para llevarles a casa. Lo que no quiere decir que fuera del cogollo enfrente del escenario hubiese bastante postadolescente y más de un talludito (donde me incluyo). Todos homosexuales, claro (donde de nuevo me incluyo).

Pero si hubo algo que demostró al naturaleza del conciertos fueron los alaridos del público durante todo el recital, que se fueron relajando ligeramente conforme pasaban los minutos. Gracias a Dios, porque el chillido colectivo inicial cuando salieron al escenario las cinco chicas no era humanamente soportable más allá de unos pocos segundos. Tanto griterío provocó que en las primeras canciones casi no se escuchasen sus voces salvo cuando cantaban todas al unísono o Dinah era la protagonista, sin duda la que más poderío vocal tiene (es un poco la Beyoncé del grupo por esta cualidad, su raza y actitud, aunque físicamente se acerque más a RuPaul). Y ni en las estrofas se calmaban, porque por supuesto se sabían todas las letras mejor que el temario de su último examen de historia de España. Se entiende la entrega y pasión juvenil, pero molestaba, y mucho.

Tanta entrega y pasión que alguien hasta lanzó el móvil al escenario; es de suponer que no con el fin de derribar a alguna de las chicas (sufriría un ataque de emoción o algo). En mi caso también encontré un móvil en el baño, no tirado en una esquina o en algún lugar medio oculto, no, sino encima del lavabo, que se lo dejaría un pobre chico que no pudo ni lavarse las manos después de mear porque comenzó el concierto y salió echando leches. Lo mismo que algunos asistentes, que ni esperaron al bis para salir escopetados y así coger el mejor sitio para esperarlas afuera (o quizás desconocen la estructura de un concierto y el concepto bis se les escapó). Una histeria colectiva que por cierto también generó un supuesto altercado en el aeropuerto. Yo también fui joven, pero hay cosas que son de sentido común o simple educación. También es verdad que yo era un poco raro.

¿Y obviando el ambiente? Pues un concierto tan divertido como algo intrascendente, pero es en la liga a la que juegan, así que se asume y se disfruta. Sin embargo, al jugar en esa liga, uno espera una puesta en escena algo más currada. Vale que el tamaño de La Riviera no dé para demasiada floritura, pero creía que iba a encontrar algo más que un telón de fondo con brilli-brilli y más adelante unas sillas para bailar en plan “sepsi” y después sentarse para la consabida sección baladil. Por otra parte la instrumentación era pregrabada y tampoco es que estemos ante Nicolas Jaar, ya que su sonido es bastante orgánico, a diferencia de otras estrellas del pop. Lo curioso es que no sonaban las versiones del disco, sino que realmente parecía que era directo, con ese tipo de arreglos que suelen introducir en los conciertos que r’n’b que deslucen la composición original (redobles de tambores sin sentido, guitarras eléctricas horteras, etc.). Para eso, casi mejor haber mantenido las versiones originales.

Mucha latigazo, pero realmente fue una experiencia. Cuando cesó mi capacidad de análisis, mis prejuicios se esfumaron y se les comenzó a escuchar mejor, me lo pasé teta. A veces reinaba un poco el caos sobre el escenario, pero en general las chicas saben como llevarse al público de calle con actitud, presencia, bailes y voz (unas mejor que otras, eso sí). Lauren y Camila, las más latinas, hablaron en español (y son de las que saben hablar el idioma de verdad, no en plan Jennifer López), y acostumbrados a pop stars internacionales que solo hablan en inglés, se ganaron todavía más a sus fans (Camila, la más encantadora).

En cuanto al repertorio, pues con un disco todavía faltan hits, pero no hay tanto relleno como en el de otras coetáneas, por lo que el equilibrio se mantienen, tocando 13 de los 14 temas de la edición deluxe, más 3 canciones de su EP de 2013, Better Together.  Si me tuviera que quedar con lo mejor: Sledgehammer (obvio), porque es todo un pepinazo; el poderío entre rave y de himno de This is how we roll; el homenaje a Mariah en, claro, Like Mariah; el cierre discotequero con Body Rock; y, por ridiculamente entrañable, el mash up de Want to want me de Jason Derulo, Corazón Partio de Alejandro Sanz (!), Labios compartidos de Maná, Am I wrong de Nico & Vinz, Don’t de Ed Sheerean y Dreamlover de, cómo no, Mariah. Al menos se preocupan de saber dónde están y se adaptan un poquito (algunos van tan colocados en sus giras que directamente no tienen ni guarra de si están tocando en Milán o Mota del Cuervo).

¿El concierto de mi vida? Evidentemente, no. ¿Una experiencia diferente y, a pesar de los muchos “peros”, gratificante? Por supuesto.

Fifth Harmony – Reflection

reflection

Aprovechando la ocasión, qué mejor que reseñar uno de los discos pop del año (bueno, r’n’b, o pop’n’b). En mi caso me captaron con Sledgehammer, que como ya he mencionado, es una de las mejores canciones pop de los últimos años, con tres estribillos en uno, mucho carácter y una producción sofisticada y para nada chusca (suena extraño decirlo, pero veo ecos de M83 en ciertos arreglos). El resto del disco no me llega de la misma manera, pero hay que reconocer que hits hay. Hasta Worth it, con una de esas trompetillas tan de moda y que tanto me irritan (también empleadas a Electric city, otro de los highlights), tiene mucho flow.

El álbum destila toneladas de “girl power”y referencias a grandes figuras como Michelle Obama en BO$$ y Madonna, Rihanna o Shakira en Brave honest beautiful, pero especialmente es en Like Mariah, con sample de Always be my baby de la propia Carey, la que se lleva el gato al agua. Luego hay alguna que otra cosilla que desentona, como la producción electro-chunga estilo Will.i.am de This is how we roll, pero el estribillo, tan de puño en alto, termina por arreglar el desaguisado. Y relleno hay, como en todos los álbumes de carácter comercial, pero el resultado final es ciertamente satisfactorio.

Puntuación: 7

Share

No Responses

Deja un comentario