Especial reseñas: pop con sabor chileno

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Que el pop chileno está en boga desde hace un tiempo es un dato innegable. Bueno, en boga en un sector más bien moderno, al menos en nuestro país. Tras el boom de Javiera Mena, muchos artistas y bandas han ido dándose a conocer cada vez más, como Dënver, que después de ella sería el otro nombre que fijo que nos vendría a la cabeza. Gepe y Astro también han ido ganando adeptos y quién sabe si Planeta No acaba siendo otra de las referencias chilenas por estos lares. Los cuatro han lanzado disco este año, lo que esperamos que les esté ayudando a asentarse. Desde aquí les echamos una (pequeña) mano.

Astro – Chicos de la Luz

El debut de Astro fue odiado y amado a partes iguales, aunque por mi parte se trataba de un caramelo relleno de peta-zetas. Una broma tan tonta como adictiva, con letras sobre animalitos y ritmos y melodías estridentes, por lo que resultaba perfectamente comprensible que muchos se quisieran hacer el harakiri al escucharles. Quizás ahora se lo pensarían dos veces, porque Chicos de la Luz es el tan temido disco de madurez. Tampoco es que el cambio sea radical, pero ahora se muestran más relajados en sonido y tono y las letras, sin ser su fuerte, van más allá de la simple bobería (que, ojo, tenían mucho encanto).

Evidentemente la fiesta caleidoscópica ha perdido fuelle, lo que no quiere decir que estemos ante un muermo (aunque haya alguno, como Warrior). Sin embargo, de canciones de 3 minutos se ha pasado a algunas de hasta 6, lo que tampoco era necesario. Druida, por ejemplo, es un pepinazo, pero 4 minutos hubiesen bastado. Por suerte solo hay 10 cortes, y joyitas como ésta, Caribbean, Kafka o Uno lo compensan. Pero sí, he de reiterarlo: me quedo con su debut. Quizás porque propuestas tan pizpiretas como aquellas tenemos muy pocas, y como este segundo disco hay para aburrir.

Puntuación: 7

Planeta No – Odio

Conocimos a Planeta No porque nos escribieron vía mail para hablarnos del lanzamiento de su primer EP. Desde aquel momento les seguimos la pista ya que, por desgracia, no suelen llegar a nuestros oídos demasiadas propuestas latinoamericanas. Además se presentaban con una irresistible ráfaga de indie pop que, sin reinventar nada, podría iluminar una tarde gris de otoño. En verano dieron el gran paso y publicaron su primer largo, Odio, que a pesar del título y que se puede encontrar cierta acidez en algunas sus letras, estamos ante un álbum que sigue el tono resplandeciente del EP (del que por cierto solo han recuperado 64).

Diez canciones que hablan del día a día de cualquier urbanita del siglo XXI, de manera sencilla pero fresca (muy graciosa es Maricón Zara), sin ese aire a pretenciosidad hipster del que a veces es complicado escapar. Y además cada una está bien producida (sin demasiadas florituras, pero bien acabadas) y el elemento melódico brilla. Un disco muy disfrutable que en realidad resulta mucho más trascendente de lo que de primeras pueda transmitir, quizás debido a un estilo más o menos ligero y la corta duración de sus canciones. Engaña, pero para bien. La mayoría no pueden presumir de ello.

Puntuación: 7,7

Gepe – Estilo Libre

Lo de lanzar un primer single con una diva kitsch como Wendy Sulca es una estrategia chapó para llamar la atención de buena parte del personal. Sin embargo hay que ir más allá del carisma que desprende Hambre y cocinar un álbum donde ésta no sea la única excusa para escucharlo. Por suerte Gepe ha preparado un apetecible menú donde saca toda su artillería de pop latino. Lo que de primeras puede echar para atrás a muchos, la receta del chileno trata de evitar la vergüenza que suelen provocar gente como Juanes. Lo curioso es que a veces puede recordar al primer Juanes, que no estaba nada mal (no me miréis así).

Es verdad que a veces se acerca al género en su vertiente más “radio-friendly”, como en TKM (el título ya dice mucho), pero la jarana que se lía con el tema junto a Sulca, Marinero CapitánMelipilla y Fiesta maestra mitiga cualquier decepción (la última podía ser del segundo disco de Ricky Martin post-María, pero ningún problema, eh). Incluso la bachata de Invierno convencerá a más de uno que no se veía escuchando algo parecido. Hay relleno ramplón, sí, pero dan ganas de repetir. Y por cierto, no podía faltar en alguno de los discos comentados la presencia de Javiera Mena, en este caso en Vivir, un ejercicio muy stadium pop, algo electrónico, que choca con el resto, pero que por separado queda bien aparente.

Puntuación: 7,2

Dënver – Sangre Cita

Como sucede en las mejores parejas, a veces una buena trifulca a tiempo puede hacer que los lazos se refuercen. Así ha sucedido con Dënver, que, tras un estimable Fuera de Campo, pero del que quizás se esperaba más, ahora lo han dado todo en forma de disco hedonista. O casi. Porque en Sangre Cita también hay hueco para la introspección, aunque a veces engañe, como en Bola disco (que no nos hace retorcernos en la pista precisamente). Un tema majo, pero que no llega a los talones de la preciosa apertura entre synth y chill que es Noche profunda. Y qué decir de ese grandioso homenaje (¿parodia?) a las grandes baladas de Miguel Bosé en La lava.

No es la única presencia del pop en español de los ochenta, pero en este caso tomando como referencia el techno pop bailable de la época en Los vampiros o Mai lov, donde la bola de espejos nunca deja de girar. Encontramos hasta ramalazos de noise pop (El infierno) o ambient (Pequeños momentos de satisfacción), pero a pesar de cierta heterogéneidad, todas las canciones conforman un sólido conjunto en el que se habla de placer y frustraciones sobre una colorida  producción con momentos realmente brillantes. Una maravilla totalmente adictiva.

Puntuación: 8

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