Son Lux en la Sala Cats, Madrid

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Gracias a Cloudy Dog Productions pudimos ver en España a Purity Ring con Empress of (crónica, aquí) o Jenny Hval, pero en esta ocasión los invitados fueron los americanos Son Lux, auténticos alquimistas sonoros y la guinda a este mes lleno de conciertos. La Sala Cats no fue precisamente una de las mejores estampas para la sugerente y barroca música de Son Lux, y además estaba un poco apartada del centro, lo que hizo que desmereciera un tanto respecto a un grupo tan especial. Además la falta de gente hacía presagiar que iba a ser más aburrido y menos intenso que, por ejemplo, cuando tuve la ocasión de verlos en el AB de Bruselas hace un mes más o menos. No sé si la pereza española o el desconocimiento del grupo hayan sido los culpables, pero en fin, ahí estábamos nosotros dándolo todo. Nada más lejos de la realidad, Son Lux, y más exactamente, Ryan Lott no se dejó amedrentar por las posibles carencias de su gran día, ofreciendo un concierto, vivo, intenso y realmente disfrutando del petit comité que se había formado. El público, por supuesto, lo agradecimos y más allá de ver una sala medio vacía, la vimos medio llena.

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Total, era el último concierto de la banda y no estábamos, ni ellos ni nosotros, dispuestos a desaprovechar el momento. Bones, su último disco, es un bombazo de temas que sigue la evolución de la banda en estos casi 10 años, convirtiendo la barroquismo sonoro y la música contemporánea en un producto pop y accesible. Change is everything irrumpió como primera canción del setlist, escaparate de fuerza y delicadeza al mismo tiempo en la voz de Ryan. Esa actitud se mantuvo durante todo el concierto y es que Ryan además de tener cabeza para componer todas las piezas de cada tema, impregna de corazón y alma al grupo. Poco a poco se iba desgranando toda su última entrega con la corta pero intensa Your day will come, que descubre al desnudo la voz que le hizo tan especial con su primera entrega At War With Walls and Mazes, ligeramente retocada y tan profunda que te pone la piel de gallina.

La gente se iba mostrando más metida en el ajo y Ryan hacía de animador, cogiendo el micro y dirigiéndose al público con agradecimientos y para que cantásemos con él, sin música, haciendo que su último concierto de gira fuese realmente especial. Además, y como síntoma de su cercanía, no dudó en invitarnos al final de concierto, no solo a comprar discos, sino a charlar con él y con los dos integrantes más; soberbios por cierto los tres, a la guitarra y a la batería, sobre todo éste último, encargado de llevar a escena los breaks electrónicos de estudio. Por su buen hacer Now I want sonó sobrecogedora, Easy y Lost is to trying de su anterior Lanters son hits atemporales. Y no hay que olvidarse de una This time genialmente versionada para un single de remezclas que en Bruselas sí se vendía en formato electrónico, pero que en Madrid no fue así.

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A pesar de que una discoteca noventera no era el mejor marco para un concierto como éste, -Joy Eslava iba más acorde, por ejemplo-, pronto Son Lux nos hizo suyos y descargó la misma intensidad y virtuosismo que en un AB de Bruselas repleto. Ryan Lott y sus músicos lo viven al máximo y saben contagiarnos su amor por la música.

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