Hidrogenesse y La Bien Querida en Ochoymedio Club, Madrid

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De todos los conciertos que Ochoymedio Club ha programado para celebrar su 15º aniversario, el más interesante, al menos para el que suscribe, era el que reunía a dos de los símbolos indies patrios más relevantes a la par que diferentes. Tan distintos que incluso parte del público cambió entre ambos directos. Gente que, obviando gustos personales, quizás no sea tan abierta musicalmente como ellos creen.

El caso es que La Bien Querida apareció en escena, incluyendo a Ana, David y un fornido batería del que desconozco su nombre (y que no me importaría conocer). El sonido en general gozó de buena calidad, salvo en algún momento donde la parafernalia sintetizada eclipsaba la voz de Ana. Y fue esta faceta synth la que mayor protagonismo gozó en el concierto, ya que centraron la mayoría de su artillería en Premeditación, Nocturnidad y Alevosía, de lo que hay que alegrarse porque se trata sin duda del álbum nacional del año. Grandes momentos como Música contemporánea, Ojala estuvieras muerto o Poderes extraños, pero sobre todo en Muero de amor, con todo el público rendido a sus pies y muchos brazos rodeando hombros y espaldas ajenas.

También hubo concesiones a sus antiguos trabajos, pero las justas, como 9.6, Hoy o De momento abril, pero con el excelente cancionero de su último disco, tampoco se echaron de menos. Y en lo que se refiere a clásicos, A veces ni eso, que protagonizó el bis, se convirtió en una amarga despedida debido a problemas con el sonido. Un lapsus que no enturbia un gran recital y también un gran año para La Bien Querida. Mención especial al juego de luces y humo, sencillo pero altamente efectivo (aunque ya dejó claro Ana que no podían excederse con el humo por si saltaban las alarmas de incendio).

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Antes de que Hidrogenesse invadieran el escenario me preguntaba si centrarían su repertorio en su último disco o si el afortunado sería el recopilatorio lanzado posteriormente. La primera opción fue la ganadora, con un buen surtido de Roma: Dos tontos muy tontos, El hombre de barro, Elisabeth Taylor, That international rumor, Siglo XIX, etc. Sinceramente, a pesar de tratarse de un buen disco, hay canciones demasiado reiterativas y sin la misma chispa de antaño, por lo que, aprovechando la publicación de sus grandes y no tan grandes éxitos, hubiese sido una ocasión de lujo, teniendo en cuenta también el contexto del aniversario del club, ya que casi nacieron al unísono y siempre han contado con una estrecha relación. Pero oye, que bien.

No faltaron No hay nada más triste que lo tuyo, Hidroboy, Captcha cha-cha y por supuesto Disfraz de tigre, con unos chicos en primera fila disfrazados de piedra, planta y animalito (maquina, como bien indicó Carlos, no hizo acto de presencia). Lo mejor fue la versión bakala de Así se baila el siglo XX, su primer single publicado en 2000, todo un desmadre que hubiese sido el cierre perfecto. ¿Y ellos? Genis con su ya legendario mono-top, tacones y sujetando a la altura de su cara casi todo el show un marco de plástico con bien de brilli-brilli; Carlos vestido de swagger freak, o algo así; y los dos tan ingeniosos como siempre. O a veces no tanto, pero tienen tanta gracia los jodíos hablando que a veces importa más el cómo que el qué. Vamos, que al final te lo pasas teta sí o sí, conozcas o no su repertorio.

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