Christina Rosenvinge en Joy Eslava, Madrid

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Sintiéndose bien por “estar en casa”. Así se presentó la propia Christina Rosenvinge antes de ponerse con Lo nuestro, su último disco de estudio (2015), que interpretó casi en su totalidad (quedó fuera el último corte). Y así se la vio, muy cómoda en compañía de sus cuatro músicos y del auditorio de la sala Joy Eslava, en una cita que coincidía con otras de Kings of Convenience, La Bien Querida con Hidrogenesse y Sidonie, también en la capital. O todo o nada.

Volviendo a lo que nos ocupa, es de agradecer el esfuerzo de la cantautora por transformar las canciones de su repertorio hacia lo contrario de lo que más podríamos esperar: así, en Alguien tendrá la culpa sustituye el coro de niños por un leve fondo de sintetizadores en lugar de acentuar la vena roquera, mientras que Debut, un tema delicado y que ya interpretara en acústico para MTV Urban Beats, se ve potenciado por riffs constantes.

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El listado de canciones incluyó, además de Lo nuestro, varios cortes de La joven Dolores (2011), entre los que hay que resaltar esa preciosa versión de Mi vida bajo el agua que ya había presentado en otros directos y que tanto difiere de la grabación de estudio. Llegó incluso a rescatar un par de temas de Tu labio superior (2008), La distancia adecuada y Anoche (el puñal y la memoria). A grandes rasgos, la estructura del concierto parecía articularse al principio en torno a canciones de mayor potencia (la primera mitad aproximadamente) para después pasar a aquellas con presencia del sintetizador, algo a lo que no nos tenía acostumbrados la artista. Uno de los momentos álgidos de la noche llegó hacia la mitad, con el intimismo de Pobre Nicolás, para lo que se aplicaron con gran acierto los recursos lumínicos de la sala, utilizando la bola de cristales para crear en una especie de lluvia de átomos brillantes que inundaban al respetable y remitían a Nikola Tesla.

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Cómo no, los bises no se hicieron esperar demasiado e incluyeron una versión de Tu sombra revestida de lo que la propia artista describió como estilo “cumbia de la M-30”, y puso el cierre –esta vez, a nuestro pesar, el definitivo– entre una potente percusión y un ritmo con los que, tal y como ocurría con la mayoría de las canciones que interpretó, ganaba en el directo.

La de Alex y Christina y Christina y Los Subterráneos sigue en forma después de 30 años en los escenarios y pasar los 50 años de edad -quién lo diría-, donde parece que ha hecho un pacto con el diablo a nivel físico y musical. Su discreta presencia en el panorama español no nos hace olvidarla y seguir siendo seguidor suyo y, es que Christina siempre nos enseña lo que siempre es un músico de autor y nos hace creer en las grandes melodías del pop y en esas letras que como ella dice ‘intentan explicar lo que se le escapa’. Gracias a Intromúsica por ‘devolvérnosla’ al escenario.

FJB

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