Especial reseñas: discos que se iban a quedar en el tintero (II)

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Tras un primer especial, seguimos con una segundo parte donde de nuevo se reúnen aquellos discos que, sobre todo por falta de tiempo, no nos ha dado tiempo a reseñar durante el año, pero que sin duda merecen buena parte de nuestra y vuestra atención.

Julia Holter – Have You In My Wilderness

El mayor baluarte de la Srta. Holter radica en su capacidad para aportar generosas dosis de frescura a una fórmula que en teoría no tendría por qué hacerlo, ni suele. Es algo que ya demostró en su confirmación como gran estrella alternativa, Loud City Song, y que se reafirma en esta obra, donde agudiza su personalidad musical, escurridiza, casi inclasificable, y sobre todo magnética. Cada tema es una pieza del puzle de su personalidad, trazando una línea que a veces avanza más o menos recta, como en pizpireto single Feel you o la elevada How long, o comienza a zigzaguear, como en Lucette stranded on the island o Silhouette, donde las sorpresas estilísticas y de tono aportan nuevos matices a lo que de primeras creíamos que iban a revelarnos. Y aparte de todo lo comentado, su música se puede tildar, de manera total y absolutamente objetiva, como una auténtica preciosidad, sin azúcares añadidos.

Puntuación: 8,5

Oneohtrix Point Never – Garden Of Delete

No es que el proyecto de Daniel Lopatin se pirre por el manoseado concepto de canción pop, pero su anterior R Plus Seven, aún siendo una obra excepcional, posiblemente se trataba de su experimento más extremo. Este álbum puede llegar a gustar a un mayor rango de público, pero sin excesos, ya que su peculiar universo sónico no es apto para todos los públicos, ni si quiera amantes de la electrónica. Al final son las texturas sonoras y estructuras caóticas las que ganan la partida, como en Ezra, Mutant standard, I bite through it o los diversos cortes de poco más de un minuto, con alguna excepción como Sticky drama, su tema más ¿pop? Y es que nunca ha sido un artista que lo haya puesto fácil, especialmente por momentos donde querrás lanzar tu reproductor por la ventana y al siguiente ponerle un piso. Se la juega con los extremos, hasta las últimas consecuencias, y acierta de pleno. Porque su electrónica mutante es uno de los milagros del siglo XXI.

Puntuación: 9

Cheatahs – Mythologies

Tras un notable EP del que recuperan el tema titular para este largo, parece que los ingleses han dulcificado ligeramente su sonido, acercándose cada vez más al shoegaze (Freak waves, In flux o Channel view). Además han abrazado una mayor heterogeneidad de matices, como por ejemplo la influencia de Cocteau Twins en Signs to Lorelei (una de las canciones del año para el que suscribe), el aire dream pop de Mysteci o el post-rock acelerado de Supra. Resulta poco común pero se agradece que un disco de este género resulte tan variado, y las diferentes tonalidades sonoras y las licencias creativas que se permiten lo convierten en una excusa perfecta para iniciarse en el maravillo mundo de guitarras distorsionadas. Y la verdad es que apetece que vuelvan a Primavera Sound aunque ya estuviesen este año (o a cualquier festival), porque este material merece que disfrutemos de un directo a su altura.

Puntuación: 7,8

HOLYCHILD – The Shape Of Brat Pop To Come

Cuando se publicó el primer EP del dúo apostamos con los ojos cerrados por su éxito más allá del mundillo alternativo. Al final sí y no, porque han colado su hitazo Runnig behind en un anuncio de Apple, pero el impacto debería haber sido mucho mayor. No es que vayan a revolucionar un mundo tan encorsetado como el de pop (por mucho que digan que son los inventores del brat pop), pero su estridente sonido es un ginseng que si no te levanta de la silla es que estás muerto. No hacía falta que recuperasen su mayor éxito, Happy with me (pero lo agradecemos), porque el disco contiene un buen surtido de pelotazos, con algo de morralla, eso sí, como cuando se ponen ñoños (Best friend, por ejemplo). Puede que en un futuro no muy lejano nadie se acuerde de ellos, porque no han publicado un debut tan rotundo como el de Sleigh Bells (clara influencia, entre otras), pero al menos pueden decir bien alto que a muchos, no los suficientes, nos animaron la existencia.

Puntuación: 7,2

Strange Names – Use Your Time Wisely

La banda amiga de Azealia Banks han tomado un camino lleno de “buuuhs” y tomatadas simbólicas. Y es que su estilo radio-friendly de corte generalmente ochentero y, sí, intrascendente, pueden provocar el insulto en más de uno (eso, y su amistad con la rapera), pero la realidad es que el debut del trío es disfrutable (casi) de principio a fin. Su pop-rock, a veces más guitarrero, otras más synth, es capaz de regalarnos himnos como la nostálgica NeighbordhoodI can’t control myself. Cuando se toman algo en serio, como en Overused phrase, es cuando más pinchan, pero son la excepción. Lo que hay es lo que ves (o escuchas), ni más, ni menos, plasmando en su música el amor hacia las melodías infecciosas, las letras repletas de clichés (pero tampoco para rasgarse las vestiduras), las guitarras más poperas y los sintes coloridos. Vamos, la banda sonora perfecta de un imaginario baile de fin de curso.

Puntuación: 7,2

C. Duncan – Architect

Cuando hablamos por primera vez de él dijimos “si no triunfa deberíamos replantearnos qué es lo que guía a crítica y público para alzar a un artista”. ¿Se mantiene la afirmación? Por supuesto, y su posterior nominación a los Mercury Prize es un indicativo de ello, aunque no suficiente. Sí, crítica y público siguen medianamente adormecidos, porque poca repercusión se está ganando. Quizás porque su chamber folk se acerca más a Norteamérica y él es escoces y medios como Pitchfork miran hacia para otro lado en casos como éste. Una pena, porque estamos ante una obra casi mágica, junto a la de Holter, el disco preciosista de este especial, hecho para escuchar en tu casa, sin prisa pero sin pausa, paladeando la sensibilidad y honestidad que impregna cada nota, cada sílaba. Si vives en una bulliciosa ciudad sentirás como tu mente se traslada a un bosque solitario y bucólico. ¿Echabas de menos a Fleet Foxes? Puede que a partir de ahora ya no lo hagas tanto.

Puntuación: 8,2

Joe Crepúsculo – Nuevos Misterios

A Joe siempre le ha ido la jarana y lo kitsch, pero en cada nuevo disco lo luce todavía más, con orgullo y satisfacción. Si no no se explicarían pelotazos que revientan el petardómetro como en el flamenco-disco de A fuego (¡vivan las Azúcar Moreno!), junto a Tomasito, o La verdad con La Prohibida, que a pesar de su rudo aspecto le acercan cada día más al público gay (este año actuó en el Orgullo). Tampoco se corta a reivindicar la balada synth estilo Drive en El reino de la nuez, reivindicando el tan traído y tan llevado trap nacional en Reina del locutorio o volviendo al balakeo de su anterior disco en la versión de Maricas de Los Punsetes. Vamos, que toma un poquito de cada casa (menos en las que la sobriedad sea la regla) y se marca un guateque, con sus momentos baladiles, horteras también, por supuesto, donde lo que cuenta es pasárselo de miedo. Él, una vez más, es todo un experto en la materia.

Puntuación: 7,8

Kate Boy – One

Desde que conocimos a estos suecos han pasado tres años, y eso es lo que les ha costado publicar su primer disco. Incluso corrieron el riesgo de que les olvidásemos, pero aquí les tenemos, tan brillantes como el primer día, aunque quizás hayan perdido el interés de algunos por el camino. Muy mal, porque su poderío pop sigue intacto, con temas contundentes que difícilmente pasan desapercibidos. Northen lights sigue enganchando tanto como el primer día, y los nuevos temas como Higher, Midnight sun, Burn o Human engine no se quedan atrás. Quizás se eche en falta que aporten algo de variedad a su impronta personal, que es bueno que la tengan, pero que por momentos genera cierta sensación de monotonía, culpa sobre todo de una producción algo encorsetada. No supone mayor drama, porque al final se trata de una de las bandas que mejor representa la modernidad pop del país y futuro tienen.

Puntuación: 7,5

Lower Dens – Escape from Evil

Nootropics, el disco que puso a la banda de Jana Hunter en el punto de mira, fue una obra tan intrincada como apasionante, pero ahora llegaba el momento de la luz y el color. O al menos un poquito. Las portadas de ambas obras son un reflejo del giro que ha tomado la banda, no radical, pero sí evidente. El primer single, To die in L.A. con ese regusto ochentero, no dejaba duda alguna, pero por suerte ese aura algo enrarecida todavía se nos presenta a ratos. ¿Y qué tal les ha ido el cambio? Pues quizás el sonido ahora resulte algo menos personal (¿Ondine no suena a Beach House?) y sugestivo (no hay nada a la altura de, por ejemplo, Brains), pero por contra Hunter se crece como intérprete, siendo una de las voces de nuestra generación, tanto literal como simbólicamente (por, entre otras cosas, sus discursos sobre la identidad de género).

Puntuación: 7,5

Emile Haynie – We Fall

Parece que a día de hoy los únicos productores que publican disco son los de electrónica; por ello se agradece que alguien más clásico como Haynie también pueda reunir a gente de lo más variopinto y perpetrar una majestuosa colección de canciones. Es verdad que casi ninguna de ellas estaría en lo mejor de cada uno, pero claro, con gente como Brian Wilson, Devonte Hynes, Randy Newman o Lana del Rey, la cosa está jodida. Sin embargo nuestros oídos agradecen el regreso de ésta última al sonido Born to Die, o que Lykke Li y Romy de The xx nos pongan la piel de gallina; ha conseguido que den ganas de que Father John Misty y Julia Holter lancen un disco conjunto; también se puede poner una medalla por hacer que Nate Ruess no de grima; o engalana a Rufus Wainwright como bien se merece el divo. Incluso su aportación vocal, especialmente en The other side, resulta más que aceptable. Quizás la Navidad sea el momento indicado para recuperar este injustamente ninguneado álbum.

Puntuación: 7,5

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