Odio París – Cenizas y Flores

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Parece que Los Planetas inventaron la pólvora, porque Odio París es el enésimo grupo que ha sufrido la comparación con el quinteto. Pues si entramos en el juego, hay que reconocer, aunque les duela a los fans de los granadinos, que los barceloneses están en mejor forma a día de hoy. Y es que su Cenizas y Flores auguraba algo muy grande tras el enorme primer single Camposanto, una de nuestras canciones favoritas de 2015. Un himno con una letra entre la efervescencia juvenil (“entenderás que esta noche haré que valga la pena”) y ciertas dosis de ¿acoso? (“sabré dónde encontrarte”). Geometría coaxial reafirmó nuestras expectativas (con el mejor riff de guitarra de lo que llevamos de año), convirtiéndose así en uno de nuestros discos más esperados para este 2016. Sin embargo ya se sabe que hay álbumes que acaban devorados por las expectativas.

Este no es el caso, y han confirmado lo que los singles anunciaban: han dado un paso adelante en lo que se refiere a melodías pop y letras más nítidas (no siempre, eso sí), con mayor presencia de teclados, pero sin traicionar a su espíritu shoegaze. Y a pesar de ello, y al contrario de lo que se suele pensar, la trascendencia sigue intacta. Es un sólido conjunto de 10 canciones, cifra perfecta que disfruta de un equilibrio que es puro gozo, manteniendo las pulsaciones con brío y garbo durante los 40 minutos de duración. Incluso cuando la sombra del azúcar hace acto de presencia a través de Arder y adiós, poniendo en riesgo el ritmo del largo, como sucede en incontables ocasiones, termina protagonizando nuestros mejores sueños adolescentes, bailando bien pegados a nuestro objeto de deseo en un baile de fin de curso de los que jamás se celebran en nuestro país.

Nada de grasa, todo magro. El último deshielo vuelve a apoyarse en un deslumbrante riff, pero el conjunto es para quitarse el sombrero, siendo uno de los casos más evidentes a la hora de reflejar el excelente trabajo en la producción. El clímax final de Destellos de ingravidez es de los que dejan obnubilado por unos instantes gracias a un río de emoción a punto de desbordarse, pero sin que se les vaya de las manos. En junio es un poco Losing my religion: casi toda la canción es un estribillo, y muy bueno, por cierto, que además deprende una encantadora candidez que conquista. Cuando despierte tu cabeza, Rendición y Pura culpabilidad es un trío que no exalta de manera tan evidente nuestros receptores emocionales, pero considerarlos relleno sería toda una injusticia, porque este disco no entiende de ello.

La banda se despide con las atmósferas cuasi futuristas de Voy a salir, tras la cual muchos se preguntarán cuándo volveremos a escuchar un nuevo disco. ¿Habrá que esperar otros 5 años? En realidad, si todas las esperas terminan con resultados tan brillantes, como si son 10, porque publicar uno de los mejores discos nacionales en lo que va de década no es cosa de dos días. Lo que si está claro es que estamos ante el mejor disco nacional del año (sorry, Hinds). Vale, no hemos ni terminado enero y habrá que ver qué nos depara este intrigante 2016, pero la realidad es que otros lanzamientos van a tener que sudar sangre, sudor y lágrimas para si quiera acercarse a este enorme Cenizas y Flores.

Odio París estarán actuando el 12 de mayo en Sound Isidro 2016.

Puntuación: 8,5

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