¿Por qué ese “odio” hacia Hinds?

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No reparé demasiado en la existencia de Hinds, Deers por aquellos días, cuando se llevaron el primer premio de Make Noise Malasaña. Pero un conocido mío, músico de vocación, me comentó que eran unas niñas pijas que habían ganado gracias a su imagen y una buena red de contactos. Tampoco le di demasiada importancia, las escuché, me parecieron muy amateur, que era precisamente lo que vendían, y no fue hasta unos meses después cuando comencé a tenerlas algo más en cuenta. De primeras cuando fueron anunciadas en el MBC (que por cierto, confirmaron nueva edición este año, ¿qué ha sucedido?), y me propuse escucharlas más atentamente. Sin que el garaje se perfile como mi género favorito, destilaban cierta gracia y sobre todo frescura. Eso sí, sus voces me resultaban un tanto repelentes, como de, sí, niñas pijas, consentidas, como si mantuviesen una actitud entre la dejadez y la pataleta constante.

Entonces leí una entrevista en Jensaispop donde les ponían a caer de un burro por haber incluido a Carlotta en un Hot Hot Hot chicas: “Nos parece lo más asqueroso haber salido en el Hot Hot Hot de chicas del año”. Otra cosa no, pero Jenesaispop no destaca precisamente por su machismo. Sin embargo no concebía ni concibo que se quejaran de algo de lo que, aunque sea de manera involuntaria, se han aprovechado. Los grupos de solo chicas no están tan explotados, y menos los que todas son monas, jóvenes y delgadas. Es triste, pero es así. Si hubiesen sido cuatro chicos de Cuenca no les hubiesen hecho ni un cuarto de caso (ahí están sus amigos The Parrots, de un rollo similar). Han entrado por la puerta grande del patriarcado del mundo de la música, donde los hombres mueven los hilos, saben de lo que sacar tajada y en buena medida son los que las van a seguir como fans por motivos extramusicales en muchos casos.

Está claro que su imagen, donde la feminidad vista desde el prisma del moderneo prima, forma parte de la gracia de las chicas, porque no solo las popstars que venden millones abusan de este elemento. Ese aire amateur, asociado irremediablemente a la juventud, la estética Instagram, esa actitud desenfadada, su estética malasañera. Y sí, no escatiman en canciones con pegada, pero sin noquear. Pienso por ejemplo en el All the things she said de t.A.T.u, donde no se cortaban a la hora de jugar con la sexualidad femenina, pero se trataba de un hit de los que no se olvidan. El éxito de estas cuatro chicas se sustenta en buena medida en un imaginario muy acertado, estilo Lana del Rey. Por lo que hay demasiado motivos extramusicales, incluido su género, físico y juventud, para justificar en buena parte de su éxito. Así funciona el mundo; para mal, evidentemente. Por lo que sería genial que asumiesen la realidad y que si quieren ayudar a cambiarla, criticasen la mano que les da de comer, que es la industria musical y aquellos que solo se han fijado en ellas por aspectos superficiales cuando hay bastante más donde rascar en su propuesta. Hay que saber a quién apuntar y no disparar a todo lo que se mueva. Que luchen contra ello desde dentro, pero no acusando a falsos culpables.

Negar la evidencia resulta poco creíble, pero en todas sus declaraciones vuelcan todo su mérito en la música. Nadie concibe que una Britney asuma esto, pero en el ámbito alternativo, indie o llámale equis, siempre se espera un mayor grado de sinceridad. No es es cuestión de desprestigiar tu trabajo, pero tampoco contar cuentos de hadas y eludir lo evidente. A esta escasez de honestidad se unen otras perlas, también en la entrevista en Jenesaispop, donde la prepotencia y el postureo campan a sus anchas con esos “Me han llegado a decir que cómo hemos llegado a decir que “sí” a salir en ese artículo” y “Nos pensamos mucho en qué revista salimos, si esto es muy de moda o no”. La falta de humildad no mola nada, salvo que seas Madonna y tengas un personaje ya creado desde hace eones.

El caso es que las tenía algo atravesadas, pero su música me convencía y decidí obviar sus opiniones y centrarme en su música, por lo que asistí a su directo en el festival. Obviando que evidentemente no son grandes instrumentistas y cantantes, el show, a media tarde, como exige su música, me divirtió soberanamente y me ganaron bastante. Eso sí, las intervenciones entre canciones me resultaban demasiado estridentes, sobreactuadas. Es algo subjetivo, pero que también comenté a cierta gente y compartían mi opinión. Porque aunque sepamos que nunca crucemos una palabra con equis artista, nos gusta saber que si surgiese, podríamos hacerlo y sería una experiencia genial.

Pasaron los meses y seguí escuchando con interés los adelantos de su debut. Me ojeé alguna entrevista, como la de Mondo Sonoro, con alguna declaración que me chirriaba, pero nada al nivel de la entrevista en Jenesaispop. Entonces esta semana el medio publica una nueva entrevista y vuelve a hervirme la sangre por el titular: “La prensa española nos está creando un trauma muy serio”. Leo la entrevista a ver si está sacado fuera de contexto, y no. Lo que ves, es lo que hay. Ahora toca hacerse las víctimas. Pues oye, esos mismos medios aportaron su granito, digo yo, a la hora de propiciar el primer empujón, así que tan malos no serán. Otra cosa son los comentaristas, entre los que hay ciertos elementos de indudable estupidez.

La cosa es que hay demasiados “peros” en su actitud que no ayudan a mitigar ciertas críticas. Y yo veo esto, pero otros habrán visto otras lindezas que no les habrás gustado un pelo. Con este tocho quiero decir que, al menos por mi parte, y no creo que sea el único, esto no tiene nada que ver con el machismo, como van predicando ellas o ciertos medios. En mi caso, siendo gay, me encantan las mujeres empoderadas que triunfan (es un cliché, pero es así). Por lo que escudarse en este argumento no parece la mejor opción, aunque no dudo que haya ciertos individuos que basen sus críticas en este precepto, e incluso en la envidia, quién sabe. La realidad es que el verdadero machismo lo encontrarán sobre todo, y vuelvo a recalcar, en la industria de la que forman parte, y en un sector de ese público que las adora.

Sin embargo hay casos como el de Mourn, una banda compuesta por tres chicas y un chico, dos de ellas hijas de (The New Raemon), y ya sabemos lo mal que suele llevar la gente el enchufismo (aunque luego todos tiremos de él si podemos), que ha tenido bastante repercusión y no han propiciado ese aluvión de críticas. Y es que la imagen proyectada por Hinds no genera demasiadas simpatías. Pero ellas, que digan lo que quieran. El problema es que estamos muy acostumbrados a mezclar personalidad y talento y que lo segundo se vea perjudicado. Es un proceso de separación que exige cierto pensamiento crítico, pero siempre resulta más fácil meterlo todo en el mismo saco y a correr. Lo que se perderán muchos por no hacer un mínimo esfuerzo. Por ello yo sugiero a los que no ven más que un ejercicio de estilo vacuo que intenten este proceso y pongan el foco exclusivamente sobre su música, y puede que hasta disfruten y todo. O puede que no.


Hinds – Leave Me Alone

Otra cosa no será, pero con el cuarteto no hay cabida para el aburrimiento. Su propuesta, sin ser novedosa en un contexto globalizado, sí que, al menos a día de hoy, lo es a nivel nacional. Bueno, y aunque así no fuese, su descarada jovialidad hace fácilmente prisioneros. Y la producción, aunque algo más pulida, sigue siendo uno de sus baluartes, manteniendo el aire amateur de la maqueta que en otras bandas se pierde cuando graban el álbum. Los antiguos hits remodelados, como Bamboo o Castigadas en el granero, siguen encandilando, y los nuevo no le andan a la zaga, como San Diego o Garden. Hasta el tema instrumental, Solar gap, se descubre como todo un acierto. Es cierto que por momentos cuesta distinguir algunas canciones de otras, pero es lo que toca en géneros como este. Así que, aunque algunos las quisieran ver enfangadas, el hype no las ha devorado, y el resultado es digno de enmarcar. Que no pierdan nunca ese encanto y frescura (que lo perderán, pero eso es ley de vida).

Puntuación: 7,2

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