Especial reseñas: 5 discos que no debes obviar (febrero 2016)

porches

Porches – Pool

En su momento el debut de la banda capitaneada por Aaron Maine pasó algo desapercibido, pero su consolidación en el synth pop alternativo por fin se ha materializado con este lanzamiento que le pone en el punto de mira de muchos aficionados al género. Una pena que esté siga, de alguna manera, algo menospreciado por ciertos medios y público. Muchos que se echarían atrás por la frialdad del sintetizador saldrán satisfechos de su manera de entrelazar esta faceta y la orgánica, con su cálida voz a modo de vínculo entre ambas (incluso cuando hay exceso de auto-tune, como en Pool). Se trata de una obra que se podría comparar, salvando las distancias, y con un tratamiento sonoro más delicado, al carácter intimista de This Is Goodbye de Junior Boys. También encontramos concesiones new-wave (Car), a la balada ochentera (Shaver), ráfagas house (Braid), chispas dubstep (Shape) o r’n’b entre contemporáneo y retro (Secutiry). Así que, dentro de un contexto de elegancia pop, Maine nos invita a un jardín sonoro variado y repleto de matices en el que quizás a veces se eche de menos cierto riesgo, especialmente en lo que se refiere a producción. Un trabajo que no pretende pasar a la historia, pero que puede servir de excelente marco para grandes momentos.

Puntuación: 7,2

High Highs – Cascades

La primera injusticia de este especial viene de la mano del público hacia el dúo, al que no les fue nada mal con su debut de 2014 y que, si uno se fija en en top 10 de su canciones más escuchadas en Spotify, comprobará que solo hay una de este largo, que ya lleva un mes en el mercado, y además en novena posición. Y no será porque esta continuación les haya salido rana. Obviando (des)éxitos, sus buenas maneras no han variado un ápice, aunque quizás en esta ocasión se hayan acercado más a una fórmula pop algo más recargada, pero sin excesos. Retoman la nostalgia ochentera (en el anterior versionaron A real hero) en el tema titular o How could you know, potenciándola respecto al debut gracias a la exquisita producción. Incluso afloran aires pastorales estilo Flee Foxes en las preciosas Movement y especialmente en Catch the wind, o codas new wave ambientales de los últimos The Mary Onettes en VisionOcean to the city (el estribillo y el riff de esta última podían haberlo firmado los suecos). Un disco para el que no da miedo emplear el término “bonito” en el mejor de los sentidos, confeccionando un detallado tapiz que, una vez más, pone de manifiesto que el público no siempre lleva la razón.

Puntuación: 8

Junior Boys – Big Black Coat

Quizás los canadienses hayan dejado pasar demasiado tiempo su último disco y este, ya que, no se sabe muy bien por qué, muchos medios le están haciendo cierto vacío, a diferencia de álbumes previos. Toda una injusticia ya que con este nuevo lanzamiento, obviando gustos personales, pueden seguir llevando la cabeza bien alta (cinco discazos de cinco). Si ya la canción titular se posicionó como una de nuestras favoritas de 2015, el resto del minutado le andan a la zaga en calidad (C’mon baby es la más probable candidata de terminar en la lista de 2016). En sus 49 minutos nos topamos con referencias a la escena electrónica alemana de los setenta, al puente entre la electrónica de los setenta con la primera new wave o el post-disco, acid y r’n’b de los ochenta. Nada nuevo en teoría, pero rabiosamente moderno en la práctica, y más centrado en la inspiración que en el copia y pega, por lo que no resulta tan sencillo encontrar influencias claras. Por ello se pueden enorgullecer de salvaguardar su sello personal y seguir mirando hacia el futuro sin desligarse del pasado. Por cierto, ¿es que no se van a pasar por España? ¿O es que el vacío que están sufriendo también es culpa de nuestros promotores?

Puntuación: 8,2

Postiljonen – Reverie

Tras un notable debut, los suecos vuelven a la carga con un disco que tampoco aporta grandes novedades a su fórmula, pero que les consolida sin traicionar su esencia más chill. Porque a pesar de un primer single bueno, pero algo complaciente (Wait), sorprendieron con el up-tempo Go, y The open road, la flotante balada entre navideña y M83 (esos teclados), convirtiéndose en uno de los mayores aciertos de su escasa carrera. También toman una senda más movidita en el interludio y especialmente en Are you thinking of me, siendo uno de sus ejercicios más resplandecientes gracias a la pizpireta flaultilla sintetizada y el colorido teclado. Hay alguna excentricidad, como la ochentera You’re ace, que de primeras choca, pero que finalmente se hace un hueco en entre el sosiego que domina buena parte del minutado. Ahí tenemos excelentes piezas de synth pop onírico como Blood flowHow our love be blind o Postlude (esta última con subidón), en las que por cierto mantienen intacto su amor hacia el saxo. Mención especial en This deep a Joel, que se estrena vocalmente, y al que deberían explotar más en este aspecto. ¿Cambiar todo para que nada cambie? Bueno, solo unas cositas, pero lo suficiente para no dejar sensación de déjà vu.

Puntuación: 8

DIIV – Is the Is Are

Zachary Cole Smith se ha basado en sus (desastrosas) experiencias con las drogas a la hora de componer la secuela de Oshin. O al menos eso es lo que cuenta a través de su lírica, casi indescifrable, como era de esperar, y es que por momentos su shoegaze se presenta como más luminoso y sobre todo pop (Under the sun, Dopamine, Healthy Moon o Is the Is Are). Tampoco es que se haya convertido en la alegría de la huerta, las esquinas lúgubres no faltan (Bent, MireBlue boredom o Valentine), pero son los claroscuros los que realmente mantienen una de las cualidades más recordadas de su debut: la representación de las diferentes tonalidades de la vida a través de la sugerencia sonora. Quizás sea más largo que un día sin pan, con cortes de los que se puede prescindir, pero en su conjunto mantiene el carácter de viaje vital alejado del concepto “bigger than life”. Smith lo hace de manera sutil, casi de tapadillo, pero que sin duda resultará irresistible para los que esperan algo más de la vida que apoltronarse en un sillón. Incluso aunque su intención sea la de abandonar las drogas, su vida dista de ser como la de la mayoría, y eso lo plasma a la perfección en estos 63 minutos. ¿Y Sky Ferreira? Magnífica, como siempre.

Puntuación: 7,7

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