Especial reseñas: pop electrónico nacional de altos vuelos

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Este primer tercio del año ha resultado bastante fructífero para el pop con bien de sintetizadores y origen castizo. A los cuatro discos que hoy se reseñan se le unen otros como lo último de Fangoria o El Guincho (bueno, en este caso entre pop y hip-hop), por lo que quién sabe si este subgénero se está consolidando frente a un indie rock de guitarras con ciertos síntomas de agotamiento (¿soy yo o Vetusta Morla, Lori Meyers y demás ya no gozan del mismo tirón de antaño?).

Grises – Erlo

La verdad es que el giro hacia un sonido Two Door Cinema Club de Animal no nos entusiasmó en exceso, a diferencia del pop sintético y näif de No se Alarme Señora, Soy Soviético, que aunque pecase de tontorrón, se podían extraer unos cuantos temas para el recuerdo. Parece que en su cuarto disco Grises retoman de manera más contundente los sonidos más sintéticos, incluso empleando estructuras melódicas de géneros claramente electrónicos, como en Avestruz y Señor Nadie, entre el house y el balearic. Sin embargo el pop sigue ganando la partida, con temas synth tan acertados como Formas, Plutón (con una guitarras muy The xx), Granada o Huesos (estos dos últimos, por cierto, recuperan el tono “tú lo puedes conseguir, descubre el tigre que hay en ti” de antaño). Este último, junto a Calamita, remiten a ambientes chill wave, pero sin renunciar al tropicalismo del que casi siempre han hecho gala, que reaparece en varios momentos de Erlo.

Lo mejor de todo es que, aunque este se podría considerar su disco de madurez y que quizás carece del encanto pizpireto tan “forever young” de sus dos primeros discos (especialmente del segundo), no estamos ante un muermazo indigesto. Todo lo contrario, divierte como el que más, y a su vez goza de una trascendencia que a muchos sorprenderá (para bien), pero sin horrorizar a los que es oír el término “madurez” y se esconden debajo de la manta. Ellos se hacen mayores, nosotros también, pero no implica terminar haciendo calceta un sábado por la noche. Ah, y la evolución en la interpretación de Eñaut, más sosegada, pero sin renunciar a la emoción, todo un acierto.

La banda está de gira y actuará en diversos festivales, así que si te interesa, échale un ojo a su Facebook,

Puntuación: 8

Niño Burbuja – El Futuro No Existe

La portada de El Futuro No Existe no miente: estamos ante un disco colorido, donde se dan la mano todo tipo de texturas sonoras sintéticas, tanto de corte analógico como digital. Han abordado la electrónica sin tapujos, abandonando por completo el dance-punk de su anterior disco, porque ahora los chicos de Niño Burbuja no tienen ningún reparo a la hora de tomar referencias de los setenta y ochenta (disco, electro, synth, italo) y en general catapultarlos hacia un lugar atemporal. Hay ejemplos como Magnífico, que podría ser un Into the groove más electro, pero casi tan chochi como este clásico, que no se corta a la hora de homenajear a aquella década; pero en otros como Fieles, toman el rock sintético y le aplican una pátina entre retrofuturista y rabiosamente moderna que lo convierten en uno de los puntos álgidos del disco (y con uno de los más brillantes estribillos).

Es verdad que en algún ejemplo la resplandeciente producción eclipsa canciones algo esqueléticas en su melodía (como en Promesas), pero en general poco se les puede echar en cara. Bueno, sí, que por momentos la voz no parece estar en sintonía con la sofisticada producción, como si formasen parte de dos canciones distintas. Un “pero” no demasiado relevante y que no empaña una declaración de principios, de principios parranderos y petardos. Eso sí, ya me imagino a algún antiguo seguidor, que posiblemente también es fan de 2DCC (segunda vez que aparecen en este especial), indignado ante este giro de guión (ya se sabe lo que se indignan con estos temas). Yo sin embargo les veo este verano en algún festival interpretando hits como El cristal ante cientos de personas dándolo todo. Vamos, igual que podía haber sucedido con su anterior estilo, pero a través de otros cauces.

Puntuación: 7,2



CARLA – Night Thoughts

Dios sabe por qué, pero si mencionas el término electrónica a más de uno, jamás lo asociaría con intimismo. Por suerte esto está cambiando cada vez más con estrellas que, aunque no revientan listas, traspasan los límites del indie, como James Blake o FKA twigs. Estos dos nombres serían buenos ejemplos para describir, por encima, a CARLA, proyecto que aunque lleva el nombre de ella, también está compuesto por su hermano Toni (ambos también hermanos de Joana Serrat). Además para Night Thoughts, su debut en largo, ha contado con John Davis en la masterización, que ya trabajó con la inglesa. Hay similitudes con ella, como el uso de la electrónica para generar sugerentes atmósferas, como en The sea takes me o No sun, pero la instrumentación orgánica también juega un papel preponderante, como en Into the forestOur time; o el gusto por el r’n’b en ciertos fragmentos, aunque no se priva de tocar otros estilos a través de sus casi 40 minutos: electro-pop en Lies y Lucky one (esta, muy Drive), house en Turned into o indietronica en la pista oculta (SPOILER). Pero, al fin y al cabo, se trata de una obra pop; pop vanguardista, claro.

No estamos ante un disco difícil de digerir, pero no es de los que noquean a la primera escucha. Quizás porque no tira de artificios rimbombantes y, como un susurro, destaca por su sutileza. Y es que de primeras puede resultar algo heterogéneo, y más acostumbrados a escuchar discos de fondo sin casi prestarles atención. Night Thoughts no funciona así, y si ponemos un poco de nuestra parte, la recompensa merecerá la pena. Ahora solo queda saber si en directo los matices, que es lo que hacen grande a este trabajo, se mantienen. Lo descubriremos el 31 de mayo en Primavera Als Club, dentro de Primavera Sound 2016 (una pena que no actúen en Forum, mucho se los van a perder).

Puntuación: 7,5

El Último Vecino – Voces

Gerard posteó en Facebook hace unos meses un texto donde explicaba, sin especificar la causa o causas concretas, que no estaba pasando por su mejor época y que no confiaba en el nuevo material que iba a formar parte de este nuevo disco. Parece que tras la tormenta, más que la calma, llega el subidón, ya que tras escuchar Voces se puede asegurar que su proyecto, El Último Vecino, está en plena forma. No hay atisbo de aquellos días en un disco esplendoroso donde mantiene y por momentos potencia su fórmula basada en la new wave ochentera con gente como The Smiths, New Order o Soda Pop como referentes. Porque no hay nada en este nuevo disco que suene nuevo, pero, y aquí radica la paradoja, resulta tan fresco como si jamás hubiésemos escuchado a sus referentes e incluso como si estuviésemos ante su debut (a pesar de que disfrutamos de este tropecientas veces). Da igual que incluso Antes de conocerme, tema que abre, recuerde melódicamente a Un sueño terrible, sigue sabiendo a gloria, como todo el álbum.

¿Por qué? Porque nos encontramos con un Gerard que ha crecido como intérprete; porque hay infinidad de teclados centealleantes que solo provocan ganas de desfasar sobre la pista (el tramo final de Mi amiga salvaje es demencial); porque las melodías son todavía más pop, pero no siempre tienen por qué seguir la típica estructura pop; porque hay letras son dignas de protagonizar algún que otro póster (ya veo a los chicos/as de Arte Pop con un de “te veo en todos los altares, eres santa de mi devoción” de Nubes grises); porque la producción ha ganado en matices y resulta más limpia. Quién sabe, quizás en próximos discos, si decide no cambiar un ápice la fórmula, se torne repetitiva, pero por ahora no se puede negar su pegada, que va más allá de unos cuantos estribillos adictivos (que, por supuesto, no faltan).

Puntuación: 8,2

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