Lust for Youth y First Hate en El Sol, Madrid

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Gracias a Giradiscos últimamente podemos y podremos disfrutar de propuestas musicales que no suelen pasar con su gira por nuestro país (aquí las que están por venir). Los últimos han sido Lust for Youth, que se acompañaban de unos colegas también daneses.

First Hate es un dúo que perfectamente podría ser un proyecto paralelo de alguno de los miembros de su banda amiga, aunque ellos tienen menos en cuenta la new wave, gozan de un sonido todavía más sintético y onírico y además su estilo no está tan focalizado hacia la pista de baile (aunque también tuvieron sus momentos, como Trojan horse de despedida). Pero comparten su afición por los ochenta (a pesar de que el look de ambos, especialmente del cantante, era 90’s total) con baladas y medios tiempos que no temen caer en la horterada digna de Black o Nik Kershaw, pero con un envoltorio más arriesgado. Habrá que estar atentos, porque el directo gozó de contundencia y Joakim Nørgaard tiene madera de divo underground.

Aunque para divo, Hannes Norrvide, líder de Lust for Youth, con una actitud entre arrogante y pasota, callado, yendo y viniendo mientras daba tragos a su copa o botella de agua. Y esa mirada de “os vais a enterar, mamones”. Pero ahí radicó parte del encanto del directo, a pesar de que a veces su magnética voz se viese eclipsada por la música. Apareciendo diez minutos antes de la hora (lo que tampoco importaba porque los conciertos de El Sol son bastante tarde), tejieron un setlist bien equilibrado entre su nuevo disco y antiguos, con especial protagonismo de International, y de este deshaciéndose de Illume, su tema más escuchado, a la primera de cambio, quizás porque rompe con su sonido generalmente oscuro (aunque terminaron con Running, que también es muy The Tough Alliance).

Se echó de menos su faceta más instrumental, que aunque en los últimos discos ha perdido peso, aún hay cortes muy apetecibles; aunque claro, si Norrvide se va a dar un paseo por el escenario, quizás no se presentase como la mejor opción. Fueron sus siempre pegadizos y brillantes riffs de teclado, como en Limerence o Sudden ambitions, los que más se ganaban al público en un directo por otro lado bastante bailable y hedonista dentro del drama que sus canciones suelen acarrear. Quizás echamos algo en falta la garra y personalidad del estudio trasladada al escenario, pero en mi caso sigo pensando que estoy ante una de las mejores bandas actuales. Y su directo no decepciona.

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