El arte retratando al arte: fracaso anunciado

vinyl

HBO ha vuelto a romper el corazón de un buen surtido de fans de una de sus series estrella de 2016: Vinyl no tendrá segunda temporada, a pesar de que en principio se afirmó lo contrario. Evidentemente no se encumbrará como la mejor serie del año, pero nadie pone en duda la calidad de la misma, gozando de escenas para el recuerdo con el mundillo musical de los setenta como trasfondo. A pesar de ello parece que no ha entusiasmado al público lo suficiente para ganarse una renovación, por lo que adiós muy buenas. La verdad, no me sorprende. Y es que la música es posiblemente el arte del que más participa el ser humano, aunque sea recibiéndola de una manera pasiva o quedándose solo con las canciones del verano (otro tema sería si estas son arte); y sin embargo no queremos saber nada de ella cuando otras artes tratan sobre la misma.

También es verdad que cuando un arte trata de otro arte los beneficios económicos generados no siempre cumplen las expectativas a las que grandes multis suelen aspirar. Pero el caso de la música resulta más alarmante porque, lo comentado, es casi omnipresente, y aunque sea de manera residual, quizás debería generar una corriente de público mucho más interesada por la misma más allá de la propia escucha. El caso de Vinyl sorprende todavía más porque puede gustar a cualquiera que se interese minimamente en ella, porque no hace falta ser un redactor de Rockdelux para disfrutarla. Que sí, se pillarán más chascarrillos si lo eres, pero por suerte la serie no sobrevivía a base de explotar este tipo de recursos, y por supuesto no había casi atisbo de referencias técnicas que dificultasen su comprensión.

Además la serie hacía gala de una ambientación setentera deliberadamente cool, con una dirección artística deliciosa y todos los excesos y tópicos (reales) del ámbito: drogas, sexo, egocentrismo exacerbado, familias rotas, algún asunto escabroso y sobre rock, mucho rock (y no solo, también tenían cabida otros géneros). Se trataba de simple y puro entretenimiento, con líneas argumentales culebronescas incluidas, por su alguien dudaba de que este factor se echase en falta.

¿Por qué una serie que trate, por ejemplo, de médicos o periodistas tiene mejor recibimiento que si trata de músicos? Incluso a pesar de que gracias a una determinada moda está en auge, como la cultura dj y EDM, que mueve millones, se estrena una película, We are your friends, con Zac Efron, y va y rompe el record como peor estreno en Estados Unidos de una cinta proveniente de algún gran estudio (aunque de modesto presupuesto). Y qué decir de Eden, coetánea de la anterior, sobre la electrónica en Francia durante los últimos veinte años: pues que se comió todavía más los mocos, como era de esperar. ¿Y libros? No solemos ver best-sellers que confíen mínimamente en centrar sus tramas en la música.

Por supuesto hay excepciones, como por ejemplo la serie Treme (también de HBO, aunque hay que aclarar que la música no era el eje de la misma), el clásico cinematográfico Amadeus (que de primeras fue un fiasco pero su triunfó en los Óscar le vino de perlas) o la reciente Straight Outta Compton, en este caso todo un éxito en los Estados Unidos, donde el hip-hop es básicamente una institución. Incluso cuando una gran estrella musical se pasa a la gran pantalla, los resultados suelen ser decepcionantes en todos los sentidos, con alguna salvedad como 8 millas (de nuevo el hip-hop), que hasta en España hizo una taquilla excelente. Pero luego tenemos a productos para el lucimiento de Madonna, Mariah o Britney que suelen terminar en desgracia (Cher se mea en todas ellas, eso sí). Y al revés tampoco funcionan demasiado bien: los actores que se montan una banda tienen más público por el morbo de verles sobre el escenario por quienes son que por el recibimiento de su obra musical.

¿Por qué está desidia hacia este tipo de productos entonces? Quizás se deba a que la música no recibe la atención que merece ya que se concibe como un mero entretenimiento vacuo que, y esta es la clave, siempre está ahí, en cualquier bar, en cualquier tienda, en cualquier casa. Si algún día se limitase (en plan película utópica estilo Fahrenheit 451), puede que volviésemos a apreciar su verdadero valor. O puede que no, porque, como también ya se ha dicho, al resto de artes tampoco les va mejor cuando se entremezclan. Vamos, que no tenemos salvación alguna. Por cierto, mucha suerte a Rodies, nueva serie de Showtime con Cameron Crowe detrás sobre el equipo técnico de la gira de una gran banda de rock (y no, Casi Famosos, clásico del director, no es una buena excepción: no llegó a cubrir un presupuesto por otro lado no tan abultado).

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