Crónica Bilbao BBK Live 2016

Jueves

Con el calor, la humedad y las cuestas, llegué a Bilbao BBK Live 2016 sudando como un pollo, pero no debía ralentizar mi paso porque Gallant me esperaba. Presentando su notable debut, el amigo de Sufjan demostraba sobre el escenario el flow necesario para enamorarnos con sus baladas y medios tiempos. Sin embargo los bajos entorpecían su bravío vocal y, como sucede en muchos directos r’n’b, el sonido se vulgariza y muchos arreglos se esfuman (lo de los riffs de eléctrica como sustituto siempre me ha parecido un horror).

Years & Years empezaron muy fuerte con Take shelter, Shine y Worship, pero perdieron fuelle hacia la mitad (¿el bonus track I want love?, ¿en serio?), donde al menos incluyeron un majo mash-up de Dark horse y Hotline bing. Sin embargo la traca final de Real, Desire y King levantó todos los ánimos (para solo tener un disco, no está mal el setlist). Olly Alexander, con un look circa Elástico 2008, es un carismático frontman, aunque a veces peque de mamarrachismo extremo y su voz se perdiese por culpa del sonido, pero también debido a sus limitadas capacidades vocales. A veces juega a ser un triunfito, con gorgoritos y todo, pero se queda a medio camino. Por cierto, bonita puesta en escena algo deslucida debido a la hora del concierto.

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La banda de Olly fue un buen chute de electro-pop, pero nada que hacer con el de CHVRCHES, que hilaron hit tras hit (y eso que se echaron de menos algunos) en un show para terminar de sudar lo que poco que me quedaba de liquido en el cuerpo. Lauren ha perdido cualquier tipo de timidez que la cohibía en el pasado y se entrega al 100%  con unas canciones que se merecen una interpretación y presencia así de rotunda. No faltó su mención al Brexit (ellos son escoceses, además), con un “estas mierdas pasan”. Pero no era tiempo de política y The mother we share, Make them gold, Under the tide, Bury it y sobre todo una ravera Clearest blue, hicieron el resto.

Yo, siendo fan a muerte de M83, esperaba con ansia este directo, a pesar de que su Junk no me convenza del todo. Comenzó 15 minutos tarde y pensaba que por ende terminaría 15 minutos más tarde de la hora, pero no. Por ello a canciones “bigger than life” como Outro les aplicaba un radio edit. Todo parecía apresurado y por cumplir, a pesar de que también hubo grandes momentos, especialmente la épica Intro. Pero luego tocaban la tontada de Road blaster y el bajón era considerable. Vamos, que su último disco rompe la armonía con el resto de su discografía. Y luego además va y cancelan en Madrid (y ya sabemos la causa extraoficial: la final). ¿Qué te pasa, Anthony?

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A perro viejo, no hay quien le enseñe trucos nuevos, pero es que New Order tampoco los necesitan. Un buen sonido (el Heineken se comía al Bilbao en este aspecto) y una puesta en escena competente arropaba a un setlist con lo mejor de Music Complete (donde brilló Tutti Frutti, obviamente) y clásicos de los cuales donde Temptation y Ceremony se llevaron la palma, aunque la mayoría lo diese todo con Blue monday y Bizarre love triangle. No me dejaron “to’ loco”, pero cumplieron su cometido de autoreivindicarse como una banda clásica a la que todavía hay que tener en cuenta. Eso sí, lo de acabar con Love will tear us part me sigue pareciendo innecesario.

Por supuesto Arcade Fire estaba a reventar, pero comparado con cómo se estaba (de lejos y/o aplastado) en los grandes conciertos de Primavera Sound hace un mes, poca cosa. Como por ahora no hay disco en el horizonte, su más de hora y media de setlist fue todo un grandes éxitos. Salvo excepciones como Here comes the night time casi para terminar, comenzaron con su tercer disco, siguieron con el cuarto, luego segundo y finalmente primero, más o menos en igualdad de condiciones. Aunque Reflektor es un gran exponente de su talento, en directo resulta demasiado arty cuando lo que se espera de la banda es que te noqueen con emoción pura y dura, lo que sus dos primero trabajos transmiten incluso en sus momentos más íntimos, como My body is a cage. Incluso sorprendieron con la olvidada Intervention, primer single de su Neon Bible, muy olvidado hasta por ellos mismos. Y Keep the car running, Rebellion (lies), Neighborhood #1 (Tunnels), Neighborhood #3 (Power Out) o No cars go hicieron que cualquier comienzo algo titubeante se diluyese ante un show de los que dejan huella.

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El cansancio hacía mella, y hubo un momento que me planteé irme antes de Hot Chip. Menos mal que reculé, porque viví unos de los directos más sabrosos del festival. Con su extensa banda que escupe sobre los que relacionan electrónica y enlatado, tomaron lo mejor de Why Make Sense? y de su extensa carrera en un increscendo que reventó con una revisión a modo de lambada de Ready for the floor empotrada con una I feel better mucho más satisfactoria que en estudio. Y terminaron con su ya conocida versión de Dancing in the dark, que esta vez finiquitaron con estrofas de Purple rain. Y ya totalmente extasiado me pude volver a casa tranquilo.

Viernes

Volver a subir a Kobetamendi me parecía una odisea al levantarme, pero unos pinchos obraron el milagro y regresé a tope con la cope para Hana. La amiga de Grimes es de las de “yo me lo guiso, yo me lo enlato”, y era ella sola y una mesita “aprietabotones” sobre un escenario demasiado vacío. Sin embargo la chica tiene presencia y sobre todo aptitudes vocales para defender sus primeras canciones, en donde destacó el cierre Chimera (mi favorita, y también la suya). No faltó una versión de Here comes the rain de Eurythmics, que iba que ni pintada con su repertorio.

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José González es un amor, y su directo resultaba perfecto para las primeras horas de la tarde después de un jueves la mar de intenso. Él y su troupe se concentraban en el centro del escenario para ofrecer poesía folk pop que embelesó a muchos a pesar de la intensa lluvia durante la segunda mitad. Por supuesto no se olvidó de su versión de Teardrop, pero tampoco de Hand on your heart de Kylie, que combinó con lo más lacrimógeno y emocional de Vestiges & Claws (pelos de punta en la desnuda Every age). Y para terminar su clásico Heartbeats, para poner la guinda a una hora que, como poco, me dio cierta paz de espíritu.

Después, hablando pronto y mal, me cagué en los muertos de Junior Boys. O bueno, más bien de Jeremy, porque el pobre Matt no sabía dónde meterse mientras le esperaba, mirando el móvil y escribiendo cada dos minutos. Tras media hora de espera por fin apareció y el recital comenzó con Double shadow, por lo que, al menos en mi caso, le perdoné el retraso. De su último Big Black Coat sobresalió la canción que le da nombre, todo un hit que estalla en su recta final en un concierto que por lo general todo sonó de lujo.

Todo el mundo habla del corte de 20 minutos en el concierto de Grimes durante Go (¿quizás porque formaba parte de aquel disco que desechó y está maldita?). Sin embargo, a pesar de este aparatoso coitus interruptus, Claire y sus bailarinas, además de Hana, que aportaba sus dotes vocales, se recuperaron con holgura. La canadiense incluso resurgió con capa de la bandera gay cual superheroína. Y lo curioso que pocos entre el público se fueron, por lo que se puede apreciar el nivel de fanatismo que la chica provoca. Y es que con los temazos de su Art Angels y Genesis, Oblivion y Be a body de Visions, normal. ¿Qué ha cambiado desde su desastrosa actuación en Primavera Sound 2012 cuando la fórmula es casi exacta? Quizás que ahora sí que tiene realmente madera de estrella. Una estrella muy suya, eso sí (qué adorable cuando hablaba a tal velocidad que entenderla era todo un reto).

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Al igual que M83, Pixies actuaron de manera acelerada, casi empalmando un tema tras otro. Sin embargo, lo que al francés no le sentó bien, a ellos les vino de lujo para acrecentar la sensación de urgencia y despiporre ante un concierto multitudinario donde el público estaba desbocado ante una retahíla de más de treinta clásicos, que se dice pronto. E incluso aunque se mostraran algo estáticos sobre el escenario, entraban ganas de montar un enorme pogo. No todos los artistas en directo pueden transmitir esa sensación solo con su música.

A pesar del gran recuerdo que tenía de SOPHIE en Mulafest 2015, esta vez se me quedó algo corto. El escenario quizás no era el más adecuado (la carpa hubiese sido una mejor elección), no había demasiada gente y la puesta en escena resultó todavía más desangelada que aquella vez. Trallazos tiene, donde sonaron algunos de los más actuales como Trophy junto a Charlie XCX, pero la sensación de fiesta estaba demasiado diluida para querer darlo todo sobre la pista.

Sábado

Lo de Courtney Barnett sigue siendo un misterio, porque su música no resulta tan accesible, pero hasta la nominan a los Grammy en candidaturas no alternativas. O al menos lo era, porque es su directo el que confirma su estatus, ya que la chica es todo garra. Va a morder a la yugular, sin concesiones, de manera directa y con un sonido que se deshace de florituras a la hora de deshojar sus dos únicos discos. Si los que recriminaban al festival su cambio de rumbo, aquí tenían un exponente rock impecable para que cierren la boca.

Te puede gustar Father John Misty más o menos, pero sabes que si asistes a uno de sus directos al menos te lo vas a pasar de lujo gracias a su desbordante personalidad. Pero también tiene canciones, muchas y todas ellas aprovechables. Eso sí, se echaban de menos ciertos arreglos presentes en estudio, y por ejemplo todo el componente electrónico de True affection se iba al garete en directo. Pero claro, te dice I love you, honeybear, y te importa un pimiento el resto.

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Tame Impala sobre el escenario son correctos, pero, al menos en mi caso, no me trasmiten demasiado, incluso cuando su Currents me encantó en su momento. No sufrieron el corte del Primavera (eso ya se lo llevó Grimes), pero la sensación de “bien, pero sin más” fue similar. Suenan competentes, no cabe duda alguna que Let it happen, Ellephant o Feels like going backwards son canciones de altura, pero Kevin Parker no parece querer llevarlas más allá de lo que se espera. Falta nervio, y eso en una banda como esta no debería suceder.

Hay que decir que Jawgar Ma fueron una fiesta donde desgranaron una vez más su gran debut. Sin embargo, a pesar de su actitud y el brío de sus hits, el sonido no brilló en absoluto, conformando un muro casi impenetable donde unos bajos ensordecedores eclipsaban voz e instrumentos. Pero no parecía importar al personal, que se entregaba como si estuviesen en el concierto de su vida. La verdad, dejando a un lado mi faceta de crítico, yo también me uní a la jarana.

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Yannis Philippakis sigue siendo un chulazo a pesar de medir metro y medio, pero no solo por su belleza, que también, sino por una actitud que sabe plasmar como pocos bajo los focos. Con una puesta en escena sencilla pero efectiva (la lona del bosque fue todo un acierto), Foals suenan contundentes y convencen incluso hasta cuando les sale la vena Two Door Cinema Club (Red socks pugie y Ballons de su debut). Pero es en hitazos como What went down del disco homónimo o Inhaler o My number de Holy Fire cuando el respetable se vuelve absolutamente loco. A título personal, es cuando se ponen más etéreos, como en A knife in the ocean y sobre todo en el “bigger than life” Spanish Sahara, cuando me compran por completo. A pesar de formar parte de la Generación NME 2000, has sabido trascender. Enormes.

Salve Discordia de Triángulo de Amor Bizarro les ha vuelto a reafirmar como la boda de rock alternativo más importante de España, y tras el arrollador concierto en Tomavistas, esperaba algo similar. Por desgracia el nivel de ruidismo se antojó excesivo, incluso asumiendo que de ellos se espera una amalgama de guitarras afiladas. Por suerte la energía sigue ahí, y a pesar de que a veces costaba distinguir canciones, resulta imposible abandonar el escenario y no entregarte del todo.

fotos: Facebook BBK Live

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