Especial reseñas: 5 discos que no debes obviar (julio 2016)

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The avalanches – Wildflower

Años y años de idas y venidas y se marcan una ¿actuación? de dudosa calidad en primavera Sound 2016 y un primer single que enerva a cualquiera. Por suerte finalmente hay mucho más en este cacareado regreso que aquel par de fiascos y el miedo a que, tras el cambio en la ley de propiedad intelectual que afectaba al uso de los samples, su esencia se disipara (no tienen el poderío económico de Kanye West… o su morro para robar). Por suerte todo sigue (casi) en su sitio. Incluso dentro del conjunto Frankie Sinatra tiene su aquel (aunque tampoco para incluir una versión extendida al final del disco), pero no es ni de lejos lo mejor del álbum.

Desde el hip hop luminoso de Because I’m me (con un vocalista, sí, muy, Kanye) o The noisy eater, al irresistible disco de Subways; pasando por joyitas de apenas dos minutos, como Going home, algunas que podrían durar lo mismo para conservar todo su esplendor (pero que aun así molan), como If I was a folk star; o el The age of Aquarius moderno que es Colours; hay grandes momentos para dar y tomar. Tras el tema homónimo, el tono se relaja pero su gran hacer casi no pierde fuelle en cortes tan deliciosos como Kaleidoscopic lovers, The Wozard of Iz o Sunshine. Evidentemente no sorprende, pero el exuberante colorido sonoro de su celebrado debut se mantiene. Ahora solo cabe no tener que esperar otros 16 años.

Puntuación: 8

Beyond the Wizards Sleeve – The Soft Bounce

Tras el delicado (y maravilloso) synth pop de Diagram girl, la mayoría pensamos que aquella sería la senda a seguir en el debut del proyecto alternativo de Erol Alkan. Sin embargo el segundo, Creation, era un tema muy cóctel de ambientación sesentera que no tenía nada que ver con su predecesor. ¿Cuál sería la línea del disco? Pues ni una ni la otra. Y es que cada canción es de su padre y de su madre. Incluso sería complicado quedarse con un mínimo leitmotiv. Y por supuesto no tiene nada que ver con la obra electrónica de Alkan.

La portada lo pone de relieve: la instrumentación orgánica es la que manda. De primeras tenemos el rock atmosférico con trazas post, space y electro de Delicious light, para pasar a un rock más contundente en Iron Age, lo que al menos tiene cierta coherencia. Después llega Creation y hasta luego. Después podíamos estar ante un número más modernete de Paul McCartney (hasta en la voz) en Door to tomorrow. A continuación le toca el turno al primer single y otro giro. Y lo mismo con Black crow, que podría ser una (buena) cara b de Amy Winehouse y el ambient estilo Eno de Tomorrow, forever. Quizás al final se muestre algo más estable, pero tampoco en exceso. Por suerte las buenas canción dominan y, por qué no, lo inesperado a veces conquista.

Puntuación: 7,5

GL – Touch

Su portada ya advierte del marcado carácter ochentero del debut de este dúo de Melbourne. La década no tiene fin y esta vez le ha tocado el turno a divas de su segunda mitad, algunas de ellas caídas en desgracia tras la llegada de los noventa, como Paula Abdul o Debbie Gibson, o más atemporales como Janet Jackson o Neneh Cherry, aunque tampoco dicen que no a Madonna (la de Like a Prayer, claro). Es decir, el pop de tintes r’n’b, que otras chicas como ABRA, Kelela o Nao están trayendo de vuelta, rige los 45 minutos de un álbum que no aburre, a pesar de que de primeras genere cierta sensación de homogeneidad.

Aunque resulta obvio que no traspasarán la barrera del indie, ni habiendo teloneado a Mark Ronson, su primer álbum está trufado de hits para la pista de baile. Y aun así se trata de un pop pulcro, estiloso, sofisticado y, perdónenme por el inglés, muy “glossy”. Así que ponte las hombreras, cárdate el pelo y salta la pista, que trallazos como Hallucinate, Scully, Number one o Grip te están esperando (en realidad 11 de 14 canciones se pueden bailar: el disco no da respiro).

Puntuación: 7,8

Jherek Bischoff – Cistern

Lo nuevo del compositor confirma su devoción por el rock y lo experimental sin abandonar su estilo clásico. Sin embargo ha preferido prescindir de su faceta vocal de su anterior largo, con gente como David Byrne, y centrarse en la instrumentación y ya de paso grabarlo en parte en un enorme tanque de agua (de ahí el título), donde la reverberación se multiplica. El tema del agua también juega un papel importante en el concepto del álbum, ya que se inspira en los años de su infancia que vivió en un barco de vela cruzando el Pacífico junto a sus padres.

Por supuesto, debido a la ausencia de letra, esta temática se antoja muy relativa, aunque no resulta extraño asociar los impresionantes parajes sonoros con los no menos impresionantes imágenes de aquel océano y sus islas acarrean, además de los inconvenientes y dificultades tanto por la sensación de aislamiento como por el poderío a veces destructivo de la naturaleza. Él te enseña algunos patrones, pero al final eres tú que el decide seguirlos o inaugurar un nuevo viaje en tu cabeza, porque su gracia radica en que al final sugiere más de lo que cuenta. O quién sabe si se convierte en la banda sonora de tu próxima aventura, similar a ala que él vivió.

Puntuación: 8

Bat for Lashes – The Bride

A Natasha Khan le va el drama cada vez más, que ya se intensificó en su anterior largo y que ahora cobra tintes culebronescos en este último. En él se cuenta la tragedia de una novia que pierde su marido en un accidente de tráfico cuando este se dirigía a su boda. Ni en Los Días de Nuestra Vida, vamos. Eso sí, nada que ver con su vida o similar. Y no lo ha hecho desde un prisma sutil, no, ya que solo con echar un ojo al tracklist se pueden apreciar títulos como I do o Honeymooning alone. Pero quizás esta es la gracia de este cuarto disco: poder seguir con detalle esta historia plagada de lágrimas, intimistas, eso sí, y con resurgimiento final, incluso cuando los nombres de las canciones cuentan lo más esencial.

Se trata de un disco conceptual hasta la médula y es complicado obtener de él un Laura, Daniel o Horse and I, o disfrutar de una canción por separado tanto como en conjunto. A pesar de su estructura, la monotonía no es uno de sus pocos defectos, incluso aunque el tono general resulte similar, gracias a una detallada producción (en parte gracias a ella), donde las lustrosas orquestaciones se acompañan por momentos con satisfactorios arreglos electrónicos. Y por supuesto Khan sigue brillando como una de las mejores intérpretes de la actualidad.

Puntuación: 7,5

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