Silver Apples en la sala El Sol, Madrid: cómo viajar en el tiempo y salir intacto


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Un par de años atrás realizamos en Musikorner un especial de Silver Apples, esta noche de sábado madrileña teníamos quizás la última oportunidad de saborear en directo a un pionero de la música electrónica en la mítica sala El Sol encuadrado en el 981 Heritage Son Estrella de Galicia. Y allí acudimos.

Con un sonido de entrada nítido y contundente, Simeon Coxe II abrió la puerta de su particular máquina del tiempo con Lovefingers, preludio que encajaba a la perfección ante el cariño que este anciano maravilloso acaricia con las yemas de los dedos sus aparatos presuntamente anacrónicos.

Las elegidas personas que medio llenaban la sala comenzaban poco a poco a manipular sus cabezas como si fueran péndulos. Simeon enlazó su comienzo con varios temas de su último álbum de estudio Clinging to a dream destacando sobre todos The edge of wonder y Nothing matters. La insustituible pérdida de su compañero Danny Taylor, el denominado primer baterista techno de la historia, la suple con unas bases más mecanizadas que, aunque le quitan parte de romanticismo a la esencia de Silver Apples, encajan correctamente con una sala oscura en un sábado noche del siglo XXI.

No puedes evitar llevarte una sensación entrañable en la retina que te ayuda a rebajar agonías de la vida al ver a este hombre que camina hacia los ochenta años manejar osciladores, maquinas olvidadas de controles de ritmo, sus legendarias teclas de telégrafo y cantar a través de una garganta psicodélica ya con sordina I don´t care what the people say (que es resumen el mantra de su vida) con una compulsión y sobriedad profesional a la vez que le temblaba el pulso cuando bebía de su botellín de agua y nos daba las gracias con una sonrisa profunda y carismática.

La bomba final era previsible, pero nos la lanzó de forma reformada y tan bailable que nadie pudo reprimirse entregada a Oscillations, pieza clave de la música electrónica moderna realizada en los años sesenta.

Tras dejar la sala imantada y casi sin gravedad, Simeon nos hizo un gesto para decirnos que se iba a dormir, aún así salió de nuevo al minuto para regalar un bis y dejarnos con un buen gusto en los tímpanos, el cerebro y hasta en el alma (quien la tenga) que pintaba de color brillante la senda hacia lo que ya no podía dejar de ser un sábado noche extraordinario.

Como dijo Yeats:

“Golden Apples of the sun

Silver Apples of the moon”.

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