Los 40 coquetean con el “indie”: ¿nos lo creemos?

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Es un hecho que durante la primera mitad de la pasada década la radiofórmula española comenzó una época de decadencia cuando se decidió limitar el tipo de artistas que sonarían a través de sus ondas, con Los 40 Principales como abanderado de esta dudosa tendencia. Solo hay que echar un ojo a los números uno de la segunda mitad de los 2000 para atestiguarlo: algunas canciones podían mantenerse hasta 10 semanas en número uno, cuando antaño resultaba impensable; y es que como mucho había alguna al año que repetía durante una segunda semana la tan ¿ansiada? posición. Además había canciones que podían durar hasta un año en lista y empezaron a pinchar temas antiguos cuando antes la radiofórmula estándar se basaba casi en su totalidad en novedades. Todo ello indicaba que, o bien los sellos no querían apostar por ciertos artistas, o bien a Los 40 no le interesaba arroparlos (o quizás no pagaban lo suficiente).

Sin embargo de un tiempo a esta parte han abierto el abanico de artistas, como se atestigua por el hecho de que ya no haya números uno eternos y las canciones no se acomoden en la lista durante una eternidad. Por si fuera poco hay artistas de corte más alternativo (o algo) que hace eones sonaron en la emisora, pero que habían sido desterrados, y que ahora han vuelto, como Fangoria o Sidonie. Además han incluido otras bandas del estilo, como Miss Caffeina, Love of Lesbian o Crystal Fighters. No es que aúpen sus canciones al uno, pero su mera presencia ya sorprende. También ha nacido un programa llamado LOS40 Trending, que apuestan por este tipo de sonidos algo menos comerciales. Como ejemplo, el podcast de la semana pasada, sin ser el epítome del indie, cuenta con nombres interesantes. Además, en Los 40 Music Awards (qué internacional todo, oigan), exactamente en la categoría de artista o grupo de la crítica se encuentran Love of Lesbian, Michael Kiwanuka, Frank Ocean y El Guincho nominados. Vamos, que han pasado de cero a cien, y a saber si Lori Meyers termina coronando la lista. ¡A lo loco!

La pregunta es si aceptamos barco. Que bandas de corte alternativo o indie arrasen en las listas de éxitos no es cosa de ayer, y debido a la fractura entre este ámbito y el comercial, buena parte del público, harto de tanta vulgaridad pop, pasó de la radiofórmula y se imbuyó en sonidos menos evidentes. Sin excesos, en la onda de Vetusta Morla, pero ya es algo. Lo curioso es que si Vetusta Morla hubiese triunfado en los noventa, Los 40 se hubiesen hecho eco de ello. Pero en algún momento alguien decidió que solo el pop más zafio, con el latineo chungo como bandera, interesaba a la juventud española. Y este movimiento ayudó a que, sí, el latineo chungo fuese lo que más interesase a nuestra juventud. Daos un garbeo por la lista de singles más vendidos de España y lo comprobaréis. Sí, todavía la lista semana de Los 40 refleja e influencia en buena medida esa lista (y también se deja influenciar por ella), pero ya no supone el fiel reflejo que era antes, porque además no cuenta ni con la mitad de latineo que antaño.

Quizás con este volantazo de última hora diversificará los gustos de estos chicos en un futuro, quién sabe. Sin embargo la realidad es que llegan tarde, muy tarde, como a casi todo desde hace tiempo. Puede que, junto con el cambio de estética (rediseñaron su logo hace poco tras décadas sin tocarlo), esperen generar una imagen más moderna entre un público cada vez mayor que acude en masa a festivales. Eso sí, cuando salimos de nuestra burbuja de modernidad, la peña no tiene ni zorra de quién es Love of Lesbian y a la mayoría les dará igual (recordemos el estudio del estudio de los jóvenes y la música). Y bien que hacen. Quizás Los 40, como radio musical más escuchada, debería limitarse a aquel gran público que se regodea en el reguetón, ya que desde hace mucho perdió cierta condición de educadora musical, aunque fuese desde la perspectiva de la cultura popular. No es un servicio público, se trata de una empresa privada, y, como ha sucedido con El País, casi mejor dejarse llevar por la mediocridad.

Vale, por una parte se agradece el esfuerzo, pero por otra se antoja forzado, y puede que inservible, ya que intenta epatar con un público que lo que hicieron fue justo escapar de una fórmula tan limitada y quemada, buscando nuevos y excitantes (para ellos) horizontes musicales. Evidentemente no se trata de un movimiento a corto plazo, y cabe la posibilidad de que lleguen a conectar con los chavales menos de 20 y en unos años se vea como algo normal que Frank Ocean suene en su radio. O puede que también no lleguen tan lejos y esta “evolución” se quede a medio gas, porque la cobardía y el poco riesgo en los grandes conglomerados empresariales es lo que les definen. Y, además, como casi todo lo que llega de PRISA desde el mandato de Juan Luis Cebrían, huele a podrido.

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