Peaches en Joy Eslava, Madrid

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Después de una interminable gira de más de un año presentando su último álbum Rub (2015), Peaches puso punto y final a su tour de conciertos en una llena hasta los topes Joy Eslava de Madrid, el pasado viernes 2 de diciembre. Y allí estaba Musikorner para contarlo.

No podía presentarse de otra manera que vestida de coño peludo gigante empezando el show cantando el sinuoso tema homónimo a dicho álbum y gira, tan solo acompañada de las luces de la Joy. Para qué más, no necesita más. En la sala (mayoritaria y lógicamente ocupada por gente pasada la treintena) ya comenzábamos a sentir el calor inicial necesario para que un concierto sea una fiesta de principio a fin.

Cuando se desprendió de su clítoris gigante quedándose en un outfit de cinco tetas de silicona colgando de su pecho y otra más cubriendo su paquete, y enlazó Operate con Vaginoplasty –con mortal mamarracho hacia detrás incluido- ya nos tenía a todos en sus sucias manos. Hasta el sonido podía decirse que era impecable y directo al beat del corazón.

Talk to me, I mean something, Sick in the head y Pickles nos dio un espacio para seguir carburando después de un inicio explosivo y repostar un poco en barra sin sentirte ausente. Para ese tiempo ya la acompañaban en el escenario su habitual pareja de performance bizarra.

Pero claro, si bien Peaches casi veinte años atrás era una mujer del futuro, llevando la total libertad sexual femenina hasta lo que se consideraba en aquella época el límite, ahora que ya está sincronizada con el mundo no necesita apoyarse tanto en transgredir sino en hacer sin forzar lo que siempre ha hecho: cualquier cosa que le saliera del coño pero con estilo. En esas estaba empezando a sonar una potente -y melancólica para algunos de nosotros- I feel cream, cuando por arte de magia nos encontramos con Peaches en el centro de la pista haciendo equilibrios mientras andaba encima de las manos del publico a la vez que cantaba su himno. En fin… clase.

Free drink ticket y en especial How you like my cut no dejaron en ningún momento que la atmósfera que había creado se desvaneciera.

Burst! y Boys wanna be her fueron el preludio a la otra sorpresa de la noche: Dick in the hair, donde una Peaches (ya con sus verdaderas tetas al viento) nos la ofreció gateando dentro de un condón gigante que cubría la sala de norte a sur mientras gritábamos “Dick! Dick! “como si no hubiera mañana.

Parecía que ya no había para más cuando comenzó a sonar acto seguido su tan bailado durante años y años Fuck the pain away para alegría del minoritario sector que sólo conocía ese tema y para agradecérselo en silencio y sudando el resto.

Se fue pero no tardó en volver con Dumb Fuck y Light in places como bises para dejar a todos con un gusto agradable por perseguir contentos al viernes noche hasta donde nos llevara.

Si tuviste la oportunidad de asistir y no lo hiciste has vuelto a cometer un error.

Peaches, la más bella de todas las frutas maduras y podridas.

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