Discos de 2016 devorados por las expectativas

drake

Las expectativas las carga el diablo y a veces consiguen que un disco más que decente no goce de la aceptación merecida. Otras veces está claro que las expectativas son un claro reflejo de la realidad y lo regulero domine. 2016 tampoco se ha librado de ellos, y grandes nombres han visto como su inmaculada carrera ya no lo es tanto; otros de los que creíamos que iban a vivir una nueva edad de oro, o mantenerla, al final agua de borrajas. Aquí tenéis unos cuantos que, por falta de tiempo, no hemos reseñado, pero que dada la ligera decepción, no lo haremos salvo excepciones en pro de otros que merecen entrar en liza para las listas de lo mejor año. Algunos como el de M83, Tove Lo, Wild Nothing, Fangoria o Lady Gaga, que no entregaron sus mejores trabajos, no se mencionan porque ya se reseñaron en su momento. Eso sí, ninguno de ellos es un auténtico desastre y se pueden rescatar buenos temas de todos y cada uno de ellos.

Empezamos con la estrella comercial indiscutible de este año, Drake, que ha demostrado que se puede sacar de la manga hits incontestables; sin embargo Views adolece de una duración excesiva repleta de morralla que lastra el conjunto. Si se hubiese quedado en 12 cortes, otro gallo cantaría, aunque contar con predecesores tan notables tampoco le ha ayudado. Y aun así ha arrasado en ventas. Siguiendo con el famoseo masculino, lo nuevo de Bruno Mars, 24K Magic, que es todo lo contrario al de Drake, de lo más escueto, repite en exceso las fórmulas de su anteriores éxitos y la sensación de déjà vu planea durante el escaso minutado.

Tras un excelente single diferente a lo que podíamos esperar de ella y rabiosamente moderno, In Common, su Here se ha quedado a medio gas y la Alicia Keys más adocenada vuelve a hacer acto de presencia salvo contadas excepciones. Quizás de un disco de canciones rechazadas por otros artistas tampoco se pueda esperar demasiado (¿o sí?), pero This Is Acting de Sia, viniendo de la buena acogida de su anterior disco, no gozaba del brío de este y se está repitiendo explotando una y otra vez la misma receta.

En lo que se refiere a nombres que cabalgan entre lo comercial y el indie, We Move de James Vincent McMorrow no funciona tan bien como los anteriores discos, olvidándose de su delicado folk y entrando en terrenos de r’n’b sintético demasiado del montón. El regreso de Banks, The Altar, mantiene la elegancia y buen hacer, pero por momentos directamente aburre, sin desprender además la sensualidad oscura del anterior. AlunaGeorge han dejado de autoproducirse, quizás tras trabajar en singles con medio mundo, y ese es el mayor pero de un I Remember con canciones divertidas, pero demasiado vulgares en lo que se refiere a su sonido comparado con sus primeros coletazos.

Santigold sigue gozando de buena salud, pero disco tras disco sorprende cada vez menos y, sí, este 99¢ resulta un poco barato en comparación con los dos anteriores. El problema es, ¿que pasará en, por ejemplo, un quinto álbum? M.I.A. ha publicado directamente su peor disco, que excepto algunos cortes, grita pretenciosidad y tedio. Y es que aunque AIM siga resultando trascendente en lo que se refiere a temática, hablar del drama de los refugiados no hace a una canción buena per se. Y en el caso de Róisín Murphy, a pesar de que se trata de un LP más pop que el del pasado año, Take Her Up to Monto no goza de la profundidad ni de este ni de otros discos más pop de su discografía. Y aun así ella lo salva porque ella lo vale.

Pixies han demostrado que en directo siguen en forma, pero en lo que se refiere al estudio, la cosa está así así, porque en Head Carrier a veces aciertan y otras suenan a autoparodia. Tras un primer Where the lights gets in que creímos mejor de lo que realmente era, Chaosmosis de Primal Scream ha rebajado el nivel de su antecesor; y duele todavía más porque han vuelto a emplear la electrónica de manera significativa, pero ni de lejos se acercan al legado de sus obras punteras en el género. Wilco parece que han puesto el piloto automático y tras publicar un álbum el pasado año nadie esperaba Schmilco, una propuesta maja, sí, pero claramente vulgar para su carrera. Quizás deberían darse un tiempo.

La vuelta de Cassius, Ibifornia, ha venido de la mano de un largo con un montón de invitados apetecibles, pero por desgracia hay un poco de quiero y no puedo en todo el conjunto, aunque al menos divierte. Pero se esperaba algo más que divertir. Tampoco los tropecientos invitados del debut en largo de Zeds Dead, Northen Lights, le elevan al nivel que cabría esperar. Hay buenos temas, pero a veces son justo la presencia de estos invitados el problema: se comen una personalidad musical todavía formándose.

Entre los nombres más indies el bajón de Fear of Men en Fall Forever es considerable, ya que apuesta por una faceta más electrónica pero que no llegan a rematarla del todo, quedándose en tierra de nadie. Y para colmo se echan de menos las grandes canciones de sus antecesores. La apuesta también por sonidos electrónicos y ritmos funkys tampoco les ha funcionado del todo a Wild Beasts en un disco como Boy King, donde además les sale una vena machorra que desluce el conjunto. El caso de Still Corners es uno de los que utilizarían los detractores del synth pop: todo muy estilizado, pero vacío. A Dead Blue, a pesar de las notables canciones, le pasa, síntoma ya existente en trabajos anteriores, pero que ahora se ha agudizado.

A How to Dress Well le ha pasado algo curioso en Care: dice que se ha inspirado en Celine Dion y, bueno, sí, suena más comercial, que no por ello peor, pero a su vez el barroquismo y exceso a veces sin sentido de algunas canciones anulan su potencial comercial y las convierte en algo más pesado de lo que se podía esperar. Dentro de España cabría destacar la excesiva ligereza de Muzik de Delorean, que disco tras disco han perdido fuelle, lo que les ha valido que incluso los medios internacionales que les hacían la ola hace 6 o 7 años, ahora no les tengan tan en cuenta. Y tiene sus momentos, pero sin la garra de otros tiempos. Hola a Todo el Mundo han regresado este año a sus raíces, dejando los sonidos sintéticos a un lado, aunque no del todo; pero la realidad es que Away no desprende la frescura de una etapa ni de la otra.

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