¿Y por qué no un disco atmosférico de Goldfrapp?

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Desde que Goldfrapp alcanzaron su cumbre comercial hace ya más de una década, muchos fans casuales se han quedado por el camino (también los que se sintieron “traicionados” tras su giro en el segundo disco, pero esos desaparecieron mucho antes). El dúo ha seguido con su carrera alternando discos fiesteros con discos instrospectivos, por lo que los fans que han quedado han asumido y en general están conformes con esta doble personalidad. Un tipo de fan que puede escuchar Annabel una lluviosa tarde de otoño como darlo todo en la pista hasta las cejas de equis sustancia con Ride a white horse (bueno, de eso va la canción, ¿no?). Obviamente también están los que prefieren una faceta antes que la otra, pero que en realidad tampoco desprecian la contraria, simplemente una de ellas casa más con su estilo. Así que la pregunta es: ante un perfil de fan tan versátil, ¿por qué no apostar por un “nuevo” giro?

Quizás un giro no tan radical como los que ya de por sí explotan, sino uno al que siempre le han hecho un hueco en cada uno de sus discos. Sí, como aclara el titular, un álbum de corte atmosférico que les acerque todavía más a un dream pop electrónico que, visto lo visto, se les da más que bien. Y es que seguro que no he sido el único al que se le haya ocurrido la idea al escuchar Ocean, segundo adelanto de su nuevo álbum, Silver Eye, que no primer single, honor que recae en el más radiable Anymore. Echando un ojo a ciertos comentarios online, muchos han optado por esta segunda canción, que cerrará el disco, respecto al electro-pop medianamente bailable del anterior. Se trata de un tema que no busca una melodía más o menos pegadiza, sino que su fuerte se basa en la amalgama de sintetizadores que estrujan la canción hasta una tensión que se esfuma de un plumazo en su cortante final. Quizás este caso no se pueda calificar como onírico, pero sí atmosférico.

Si echamos un ojo a su discografía encontramos varios temas que se podrían encuadrar en esta tendencia. En realidad Tale of Us ya era un disco ciertamente expansivo por momentos, incluyendo secciones instrumentales claramente envolventes, como en DrewAlvar, pero en general se entregaba al chamber pop o folk. Su recopilatorio The Singles sí que contó con un tema, Yellow halo, que no se cortaba en lo ensoñador. Si nos remontamos a Head First se pueden vislumbrar dos canciones que se aventuran en este tipo de sonidos de manera muy distinta. De primeras está Dreaming, que su título ya lo dice todo, pero sin abandonar el petardeo y recordando al synth pop francés de los ochenta estilo Desireless. Después tenemos el precioso experimento vocal que es Voicething, con el cual no resulta complicado imaginarse surfeando entre las coloridas nubes de la portada. En Seventh tree sobresale Little bird, que comienza más tímida para terminar en una explosión de emociones entre ráfagas de instrumentación real y sintética. A&E también goza de un final ambiental que eleva la canción hasta altas cotas de piel de gallina.

Un disco tan desinhibido como Supernature también tenía sus momentos, especialmente Time out from the world, que ya desde su título indica las ansias de sobrevolar lo mundano para sumergirse en el lado más etéreo de la realidad. Incluso los teclados que ejercen el papel de estribillo en Number one no se cortan a la hora de hacer que levitemos. En Black Cherry es la segunda parte de Crystalline green, a pesar de su comienzo electro-perro total, donde Allison se deja llevar vocalmente desde lo frívolo hasta lo abstracto. Hairy trees es una apuesta más en firme que remite a un mar en calma donde nos dejamos llevar por la marea. Y para terminar el repaso, su debut, Felt Mountain, que posiblemente sea su disco más ambient, con Felt mountain, Utopia y Pilots a la cabeza.

Quién sabe si revisitasen este primer disco, aunque sea solo a través de par de pinceladas sonoras, y potenciado la faceta atmosférica, muchos de los fans “traicionados” puede que volviesen a confiar en ellos tantos años después. O también es probable que se trate de una causa perdida. No es descabellado pensar también que Allison y Will no se aventuran del todo porque los géneros de corte onírico suelen estar algo infravalorados por la crítica, pero sobre todo por buena parte del público, que busca definición en melodías, instrumentación y voces, aunque estén lejos de alcanzar un superventas como su tercer disco. O quizás simplemente no les interese, y punto. Sea la que sea la razón, ya han dado pequeños pasos y sus fans no son precisamente rockeros (los fans más cuadriculados de la existencia), por lo que no sería descabellada la idea. Los buenos resultados están ahí, y esta playlist que recoge las canciones comentadas es la prueba.

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