“No es por mí, es por ti”: Taylor Swift, la eterna víctima del pop

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Los medios musicales y no tan musicales no han cesado de publicar noticias y especiales del estreno pop de la temporada: el regreso de Taylor Swift tras el éxito de 1989. Pero aparte del primer single, Look what you make me do (que a veces suena a Peaches o Right Said Fred, otras a Lorde o Fergie), lo que realmente está llamando la atención es la temática de esta nueva era, tanto por la letra de la canción como el recién estrenado vídeo, y parece que también el leitmotiv del álbum (Reputation, a la venta el 10 de noviembre). Esta etapa toca ser mala, pero no en plan mala-guarrilla como otras popstars, sino mala en plan dar cera a todos y todas que en algún momento han arrojado “shade” sobre ella (¿no ha llegado a España todavía el término, con las ansias de anglicismos que tienen algunos medios?). Vamos, los que le pusieron a caer de un burro. Esta es su venganza, y como en el post del lanzamiento de la canción, parece que quiere deshacerse de la la inmaculada imagen de novia de América. Porque la novia de América jamás podría ser rencorosa, y ella lo es un rato.

Sin embargo en su anterior largo ya pudimos comprobar que le gusta más que un tonto a un lápiz meter caña. Shake it off era un alegato anti-haters, pero desde un prisma simpático, mientras que en Bad blood, que todos sabemos que va dirigida a Katy Perry, vertió bastante bilis, y todavía más en el vídeo. Incluso obviando que fueron primer y cuarto single respectivamente, el disco tampoco tiraba por estos derroteros y al final el irresistible carácter pop del mismo eclipsaba cualquier atisbo de “bitcheo”, y este simplemente era un elemento más dentro de un trabajo bastante variado temáticamente. Con este nuevo lanzamiento está diciendo “os vais a cagar”, y definitivamente una nueva Taylor ha nacido, y como canta en el tema, la antigua Taylor ha muerto, y no nos va a dejar pasar ni una (por cierto, ese momento es un intento de crear una frase icónica estilo “It’s britney, bitch” y no le llega a la suela). Antes se callaba, pero ahora es ella la que porta el látigo. Y latigazos va a haber para todos.

Resulta positivo que una mujer de referencia abrace el poderío y la fuerza necesarias para que no la mangoneen, pero ¿de esta manera? Hace unos años Taylor declaró que sabía que muchos de sus fans era muy jóvenes y se sentía con la obligación de ser un modelo a seguir para ellos, para la sociedad en general, actitud que definitivamente mantuvo hasta el pasado disco (otras cosa es que hubiese ciertas disonancias entre discurso y acciones). Está en su derecho de romper con esta imagen, pero quizás se antoje como algo un tanto incoherente e incluso resultará curioso comprobar si en su próxima gira, si mantiene esta actitud, habrá tanta madre acompañando a sus hijas. Porque a pesar de que para ciertas personas resulte más escandaloso el cambio de chica Disney a zorrita “twerkinera” de Miley, resulta mucho más denunciable el caso de Taylor, basado en el rencor y en un nivel de egocentrismo que tira para atrás. Porque todo el mundo tiene la culpa, pero ella jamás.

Ya lo deja bien clarito el título, “mira lo que me has obligado a hacer”, repitiéndolo hasta la nausea. Ya no es ni siquiera lo que le han hecho, sino lo que le obligan a hacer. Incluso lo que al fin y al cabo, por mucho contexto que haya, se trata de una decisión suya, la culpa siempre es del otro. ¿27 años y todavía con esas? El papel de víctima que siempre se le ha echado en cara lo reafirma en esta etapa, y aunque algunos a raíz del vídeo han argumentado que ella misma se ríe de este comportamiento al final del mismo, cuando todas las Taylors están en el aeródromo, lo que único que hace es poner de relieve toda la supuesta ponzoña que se ha vertido sobre ella. No, no hay atisbo de humildad, ni autocrítica, que no se equivoquen. A partir de aquellos VMA donde Kanye West la humilló, en donde obviamente ella era la víctima de la tontería del rapero, ha abrazado ese papel, aunque antes quizás de manera más sutil. A día de hoy no lo esconde, y eso es posiblemente lo más positivo de esta cuestionable manera de actuar.

A pesar del bochornoso momento en los premios MTV, el resto de conflictos en los que se ha visto involucrada se han tornado más ambiguos, quizás porque, a diferencia de aquel, no hemos podido asistir a ellos en directo. Y por lo general, en la mayoría de conflictos no hay malos malísimos y buenos buenísimos, y las cagadas suelen aparecer en ambos bandos, incluso aunque uno de ellos sea el que prende la mecha. Sin embargo Taylor juega a lo que los medios suelen jugar siempre, incluso contra ella misma, todo hay que decirlo: la simplificación de la realidad para tornarla a su favor. Como el cine típicamente yanqui de los ochenta donde los estadounidenses eran los buenos y los rusos, los malos, sin grises ni zonas dudosas de por medio. El mundo funciona en la dinámica de la cultura de extremos, y ella, como súper estrella internacional que obviamente forma parte del sistema, no iba a ser menos. En realidad, aparte de los mentados singles de 1989, ella ya lo hizo antes con buena parte de sus exes. No es menos cierto que el pop comercial nunca ha destacado por la madurez, y solo acepta la culpa cuando ansía algo a cambio, normalmente que la relación vuelva por buen cauce. Algunos dirán que otras popstars también han explotado esta vena, pero la diferencia es que otras no han vendido una imagen tan compacta entre personalidad artística y personalidad real. Ya se sabe que a veces se asume demasiado que toda música es el reflejo de la personalidad real del artista, y no siempre es así; sin embargo este no es el caso y ambas han ido siempre intrínsecamente ligadas. Si todo fuese ficción, enhorabuena por ella.

En lo que se refiere a las críticas de la prensa, si eres una celebridad ya sabes a lo que te expones, y a veces serán más acertadas y otras directamente se moverán entre la falacia más absoluta, y de vez en cuando está bien sacar el látigo a relucir. Britney, por ejemplo, lo hizo varias veces durante su carrera, pero no basó ninguna etapa en un resquemor que a Taylor le acerca peligrosamente a la pataleta de niña rica. Y con esta actitud corre el peligro de que, si la explota en exceso, el personal termine por no tragarla (todavía más) y eclipse al resto de aciertos de este nuevo álbum; y sin embargo ella no es tonta y probablemente sabrá dar un volantazo a tiempo. ¿Reputation? Mejoraría si no siempre culpara de todo a los demás. Y otra cosa: le falta garra para ser la víbora que tanto predica que es.

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