Especial reseñas: yernos freaks que tus padres no querrían ver ni en pintura (II)

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Tras echarles de su casa en la cena de presentación, tus padres no pueden ya más con tus novios, pero a ti te va la marcha, y todavía tienes unos cuantos candidatos en la recámara. Que vayan pasando.

Alex Cameron – Forced Witness

Este bigardo de dos metros posiblemente provoque conversaciones violentas en medio de la cena, como bien reflejan las letras de este segundo disco. Y resulta curioso, porque su sonido, de clara influencia ochentera, resulta más sensual, exuberante y sobre todo accesible que en su debut, más experimental y por lo general raruno. Sin embargo, por el otro lado, la lírica no es precisamente complaciente con estos estilos musicales. El ejemplo más claro es Country figs, muy sophisti-pop, con saxo y todo, pero  con una letra que desprende patetismo sin cortarse un pelo (porque él no es de los que se calla nada), o Stranger’s kiss junto a Angel Olsen, un dueto de los que se echaban de menos, como los ochenta, que aun así retrata a una pareja que, a punto de romper, se lanzan consejos y amenazas cargados de sarcasmo. Y toda esta contradicción resulta magnética.

Entre el resto de temas también hay retazos funky sobre el porno online como vía de escape en The Chihuahua; cierto poso country que acompañan las infidelidades vía internet en True lies; o el pop de corte M80 con bien de Prefab Sprout sobre un matón y una stripper en la muy melódica Runnin’ outta luck. Todo muy suave en la forma, pero un buen tortazo de realidad en el contenido. Así que posiblemente a tus padres les agrade de primeras (más o menos), hasta el momento en el que empiece a hablar.

Puntuación: 8

DRYNX – Horse Matrix

A él no hay por dónde cogerle, y desde el minuto uno sus estrafalarias pintas no ayudarán a tomárselo en serio. Pero es que su música tampoco acompaña. Sin embargo es lo que te gusta de él, lo poco en serio que se toma a sí mismo. Aunque en realidad el proyecto está formado por Jorge Elbrecht y Kevin Faerkin, y es este último el que aporta su imagen. Todo muy loco, tanto, que hasta hay una serie de animación de lo más surrealista en camino.

Dentro de la naturaleza del álbum hay que asumir lo que vamos a encontrar, y hay cortes que no hay por dónde cogerlos, pero también hay pequeñas y descacharrantes joyas. Ahí está la enorme, All my Eddies, un cruce entre Pet Shop Boys, el dance noventero y el dubstep más macarra con guiños a Smooth Criminal y Rhythm is a Dancer; el bit pop hipervitaminado con algo de Aqua en Apocalypse blues; la bossa cachonda de Rip a cig; la gloriosa recuperación de un tema del Sonic de Megadrive en Look at this horse; o ese pop’n’b tan noventero con rap incluido de Dirty lynx mode. Incluso como parodias, definitivamente hay buenas canciones. Aparte que resulta adictivo descubrir los tropecientos mil samples que contiene. Eso sí, a tus padres no les servirá de nada cualquier tipo de halago (y menos tras escuchar Brown wine).

Puntuación: 7

Sean Nicholas Savage – Yummycoma

El canadiense se parece físicamente cada vez más a John Waters, y eso no es bueno. Pero será su intensidad y a su vez languidez lo que posiblemente más eche para atrás a tus progenitores. Y en general porque es un poco “weirdo”, claro. Sí, obviamente él sigue en las mismas, puliendo su fórmula sophisti-pop que cada año regala a sus fans, con suaves composiciones que destacan por sus sensuales melodías, una producción exquisita, a veces más orgánica, otras más synthy, y una interpretación donde Savage sigue brillando, incluso en sus momentos más estridentes (y manteniendo ese encanto amateur, como si cantase en un karaoke).

Pero si por algo siempre ha destacado su obra es por su poderío a la hora de evocar sensaciones, parajes o momentos que podrían formar parte de algún imaginario new romantic o similar. Grandes temas como It’s our time, Lifestyles, Livin in up, The last emperor o Cartoon days demuestran que aunque publique disco por año, él sigue manteniendo la frescura y sobre todo sigue fiel a una esencia que le ha hecho único. Aunque tus padres no lo aprecien, claro. Él es el romance ideal para escapar y desaparecer de la realidad por un tiempo.

Puntuación: 7,2

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