20 años de “Version 2.0” de Garbage: el impacto en un adolescente de 14 años

Fue con 13 años cuando comencé a interesarme por la música de manera más activa, pidiendo por Reyes el celebrado Boom 97 (¡mitiquísimo!). Pero fue en el 98 cuando realmente tengo de un mayor recuerdo de volverme completamente adicto a escuchar sin parar Los 40, cuando molaban, grabar cintas de la radio con tropecientos grupos y artistas ya desaparecidos que siempre ocuparán un hueco en mi corazón. De los que siguen vivos y coleando hay dos a los que les tengo especial cariño, porque fueron sus discos de aquel año de los primeros que escuché. De primeras Ray of light de Madonna, del que ya hablé hace unas semanas, y Version 2.0 de Garbage. De Madonna sigo siendo muy “fans”, aunque a menor escala, pero he de admitir que de Shirly Manson y los suyos me desapegué tras el intrascendente Beautiful Garbage.

A pesar de que los últimos tiempos de Garbage no hayan sido tan memorables (aunque el último disco estaba más que bien), en los noventa se erigieron como una de las bandas más punteras del rock alternativo. En realidad el cuarteto se alejaba de esta manida etiqueta para abrazar un tono y sonido más oscuro, sórdido, incluso misántropo. Aportaban un estilo que gozaba de arreglos mucho más modernos que otros grupos coetáneos. Ya en su debut quedaba más que patente, pero fue con el segundo, Version 2.0, cuando reafirmaron su identidad aportando nuevos matices a sus señas de identidad, sobre todo de cariz electrónico. Y para mí, con solo 14, escuchar un grupo de estas características, era lo más cool del mundo.

En mi caso he de decir que , al contrario que la mayoría de adolescentes, el postureo no ocupaba mis pensamientos hasta la más absoluta extenuación. Si decía que Garbage me gustaban, era real, no una pose. No es por venderme de guay y underground, ya que tendría otras tropecientas taras mentales, simplemente nunca he sido de forzar. No me importaba admitir que me encantaban los blanditos The Corrs o Britney, con la que que por supuesto se asumía que eras marica (spolier: ¡lo era y lo soy!)). Pero, aunque fuese un poquito, me gustaba ser cool aunque solo fuese de refilón, y como coincidía que Garbage me atraían, no me cortaba a la hora de decirlo a los cuatro vientos.

Para muchos, incluido yo mismo, fue el disco con el que conocimos a Garbage, porque, como en mi caso, en 1995 muchos éramos demasiado jóvenes para apreciar la música, y en particular un estilo como este. Sin embargo con su segundo disco sí que llegó a un adolescente madrileño de 14 años aunque se pirrase por Andrea Corr y sus hermanos. ¿Sería porque despertó mi lado más “darks”? Recuerdo que al escuchar el primer single, Push it, quedé totalmente impactado. Nunca había tenido contacto con nada igual y lo conocí porque lo pinchaban bastante en Los 40, tan turbio como era, lo que ahora sería impensable. Y yo me quedé loco con esta canción sobre “la esquizofrenia que supone reconciliar tus deseos y demonios con la necesidad de encajar”, según Shirley. Eso lo sé ahora, en el momento no tenía ni guarra de qué trataba, además de que el “make the beats go harder” del estribillo, pensaba que decía “there’s a thing called murder”. Y claro, todo era más chungo todavía.

Yo, como la mayoría de adolescentes, especialmente en la primera etapa, era chico de singles, por lo que del concepto disco pasaba. Después se sucedieron los siguientes singles, hasta cuatro más, al menos en radio, que también me encandilaron a pesar de que poco tenían que ver con el primero, e incluso entre ellos. De I think I’m paranoid, y su maravilloso contraste entre estrofa y estribillo, recuerdo que llegó al número uno de la lista de Los 40 y me volví tarumba: ¡un grupo tan raro coronando la lista! Y digo “raro”, porque el concepto “alternativo” aún se me escapaba. Después llegó Special, que era majo, pero no tenía nada que hacer con los previos. Sin embargo When I grow up, también más luminoso, me pareció todo un trallazo. Y para terminar You look so fine me encandiló gracias a su delicadeza, pero también por su carácter obsesivo y destructivo (aunque en aquella época no era tan consciente de ello).

Más tarde, no sé cómo, el disco terminó en mi casa y me rendí ante ellos (supongo que lo compraría alguno de mis hermanos, aunque la verdad es que nunca les vi darle al play). Por supuesto eran los singles lo que más explotaba, pero también encontré maravillas como Medication, Temptation waits o The trick is to keep breathing. Por ello me alegra que hayan decidido celebrar el 20 aniversario del álbum, por supuesto en versión remasterizada, sobre todo porque irá incluido un segundo disco con 10 caras b que aparecieron en los CD singles y que por supuesto no pude disfrutar de ellas en su momento. Lick the pavement ya se puede escuchar de manera oficial como adelanto, si es que se puede considerar como tal, porque en realidad llevaba años rulando por la red. Ahora que he vuelto a recuperar el interés por ellos (lo que hace un aniversario), que me lo den mascadito a partir del 22 de junio va a ser todo un placer. Y posiblemente, ahora con más edad, al volver a escuchar el disco original obtendré nuevos significados y matices.

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