Especial reseñas: 5 discos que no debes obviar (marzo 2018)

Garden City Movement – Apollonia

Cinco años han pasado desde el nacimiento de la banda israelí y es este 2018 cuando por fin han dado el gran paso hacia el formato álbum. En todo este tiempo se ha percibido cierta evolución sonora, optando ahora por un estilo que se encuadraría en un placentero verano musical, con géneros tan de la época estival como el chillwave o balearic. Lo que no ha cambiando es el equilibrio entre instrumentos orgánicos y electrónica (lo que se puede corroborar en sus directos, donde no solo son una panda de tíos pulsando botones), ni su gusto por mezclar cortes tanto instrumentales como cantados.

A pesar de tratar sobre un tema tan poco original como las relaciones fallidas, su escucha resulta de lo más sosegada. Es como si todo el drama fuese amortiguado por un suave colchón emocional que se refleja en la deliciosa producción, elegantes melodías y sedosa interpretación. Tanto que a veces resulta complicado percatarse de que entre este bloque sonoro también hay canciones. Quizás sea en las primeras escuchas cuando hay que dejarse llevar por las sensaciones y más en las siguientes cuando seamos conscientes tanto de las canciones como de las consecuencias emocionales que implican.

La banda actúa este día 4 de abril en Moby Dick de Madrid y el 5 en Razzmatazz de Barcelona.

Puntuación: 7,2

Tracey Thorn – Record

La ex Everything but the Girl siempre ha destacado, aparte de por su buen hacer, porque nunca ha seguido demasiado las reglas del juego. Por ejemplo, no suele actuar en directo, habían pasado ocho años desde su último disco de estudio real (obviando otras curiosidades), lo que en el mundo de la música es una eternidad, y, ahora que por fin ha vuelto “en serio”, retoma su sonido más sintético, alejándose del indie pop más clásico de su último álbum. Eso sí, bailable (por momentos), pero cercano, cálido y adorable, como ella.

Los tres primeros temas, Queen, Air y Guitar, no van a sonar en ninguna discoteca, pero deberían, y sobre todo el segundo, que es toda una oda a las “marimachos”, donde participa Shura (icono tom boy total, como ella). También trata sobre feminismo en Sister, junto a Corinne Bailey Rae, y algo tan capital como la gentrificación de las grandes ciudades en Smoke. Tras una algo desangelada Go, mira de nuevo hacía el feminismo, pero también hacia la pista, en Babies, donde enarbola la opción tanto de tener hijos como la contraria (incluso aunque ella los tuviese). Cierra una nostálgica y por supuesto bailable Dancefloor un largo que demuestra que 36 años de carrera no han minado artísticamente una de las voces más personales del pop contemporáneo.

Puntuación: 7,5

Amen Dunes – Freedom

Hay algo atemporal y ciertamente autentico en la fórmula rock de Damon McMahon. Un ejemplo perfecto es el primer tema del disco, Blue rose, que podría haber sido publicado en los setenta (con un deje vocal muy Jagger, por cierto, al igual que en otras canciones), pero no suena a revival vacío y también remite firmemente a la actualidad, mientras habla sobre el drama familiar (su madre fue diagnosticada con cáncer terminal cuando comenzó el disco), pero también sobre cómo erigirse por encima la tragedia.

Su sonido es eterno, sus temáticas también, aunque con vueltas de tuerca como en la mentada canción de apertura o en Skipping school, donde retrata a su padre de manera poco favorecedora, algo que por otra parte le permite conectar con él de forma más real. La masculinidad tóxica también es un elemento importante en su discurso, como en Miki Dora (tema muy Springsteen, por cierto) y Dracula. Posiblemente la canción titular se trate de la más accesible y la que mejor representa la idea general del álbum de dejar atrás la mierda y abrazar lo nuevo, mientras que el siguiente, L.A., que además cierra el disco, es, directamente, un alegato que anima siempre  a mirar hacia delante.

Puntuación: 7,8

Elastic Band – Fun Fun Fun

Un descanso de siete años han permitido a Pablo Román y María Sánchez volver a lo grande con el que se podría catalogar como uno de los discos más divertidos de 2018, tan colorido y refrescante como la misma portada que lo ilustra. Además la media es de menos de tres minutos por canción, elementos que conforman un trabajo de lo más digerible, pero para nada intrascendente (algunos, por desgracia, siguen asociando las mencionadas cualidades a ello). El álbum está repleto de giros inesperados y conformado por tropecientos mil detalles en una trabajada producción, lo que aporta riqueza a su desbocada fórmula.

No será descabellado describirlo como un cruce alocado entre los The Flaming Lips y They Might Be Giants más extremos, con un poco de la entereza pop de The New Pornographers, y todo con bastante sabor retro, tomando a su vez referencias de lo más variadas (tropicalismo, disco-funky, musicales clásicos de Hollywood, etc). Sin duda sería el disco perfecto para una fiesta a reventar de personas desprejuicidadas y con la mente abierta a todo tipo de estímulos musicales.

Puntuación: 7,5

Kacey Musgraves – Golden Hour

Sin comerlo ni beberlo el nuevo disco de la artista country se ha convertido en uno de los más celebrados de la temporada, traspasando las fronteras de un género a veces demasiado local para algunos. Quizás haya sido en buena medida porque, sin perder de vista al estilo que la vio nacer, el carácter pop del trabajo resulta mucho más pronunciado que en sus anteriores lanzamientos (aunque su predecesor ya comenzó a dar pistas de esta evolución). Sin embargo, no, tampoco estamos ante un remedo de Red de Taylor Swift, y huele a americana que tira para atrás, para bien, con arreglos y letras que en buena medida remiten a desiertos y bosques de secuoyas infinitos. Pero también a otras muchas cosas y giros inesperados.

Un álbum formado por un compendio de grandes canciones a cada cual mejor y que dependiendo de gustos personales, te decantarás más por unas que por otras (aunque en general te gustarán todas). Slow burn descongela cualquier corazón congelado; Michelle Branch vería la buenrollista Lonely weekend con buenos ojos; y si Lana virase hacia el country, le encantaría cantar Space cowboy. También está la adorable y pizpireta Buttterfly; el que algunos ya están erigiendo como himno gay disco-country, High horse; una Love is a wild thing que pone de relieve que su vertiente más clásica sigue vigente, pero sin prescindir de la fórmula pop más infecciosa; o lo muy Fleetwood Mac que es Wonder Woman. Que no te dé pereza escucharlo, ya que se seguramente estamos ante el mejor disco pop de lo que va de año.

Puntuación: 8,5

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