Por qué Troye Sivan debería ser el referente gay del pop actual

Hoy Troye Sivan ha estrenado un nuevo single, Bloom, que formará parte de un disco que supuestamente está en camino. De primeras parece un buen tema pop que, sin llegar al nivel de My my my! y The good side, resulta fresquito y pegadizo, ideal para la época estival. Sin embargo, si uno atiende a la letra, se dará cuenta que trata sobre la perdida de la virginidad y, rascando un poco más, que él asume el rol de pasivo. De primeras no es demasiado común que un artista gay de tintes comerciales hable de sexo de manera tan evidente; y segundo, menos todavía que se centre en el hecho de ser el pasivo.

El sexo gay sigue siendo tabú en el ámbito comercial. Bueno, en realidad casi todo lo relacionado con la homosexualidad. Y con el resto de siglas del colectivo LGTB+ por descontado todavía más. Por ejemplo esta primavera se estrenó Love, Simon, y quién goce de un gusto cinematográfico más allá de Hollywood no levantó ni una ceja ante la enésima película sobre la salida del armario de un adolescente. Así reaccioné yo al ver el trailer, pero comencé a leer titulares y opiniones y me di cuenta de que en realidad se trataba de un hito del cine; del cine comercial, obviamente. Jamás se había estrenado una película de esta índole respaldada por los grandes estudios. Por supuesto todo estaba preparadito para que el gran público no se asustase. El sexo ya si eso para otro día. Por supuesto hace falta que plasmen una sesión de chemsex o similar, pero al menos alguna referencia un tanto velada pero evidente. Sin embargo nadie esperaba que un gran estudio apostase por ello.

Con Neighbourhood Troye Sivan, que por cierto aporta una canción a la banda sonora de la película, mostró una faceta similar a esta a través de su música, pero sobre todo de sus vídeos: de una manera también bastante blanca y platónica, pero ciertamente emocional y, aquí está el quid, sin deber nada al público hetero. Y este primer disco, sin llegar a convertirse en un exitazo (siendo comercial, no resulta tan descaradamente comercial), sí que disfrutó de cierta repercusión, especialmente gracias a la maravillosa Youth (más de 300 millones de escuchas en Spotify). Por ello posiblemente se trataba del primer artista mainstream que trataba la homosexualidad como parte intrínseca de su obra, sin necesidad del beneplácito del ámbito hetero, como sí hizo Sam Smith (Scissor Sisters nunca se escondieron, pero al final eran el cliché del gay fiestero).

El inglés tampoco ocultó su orientación sexual cuando comenzó su carrera hará unos cinco años, pero por lo general todo se antojaba como excesivamente conservador y dulcificado para la masa. Las letras de sus canciones se movían en un espectro demasiado ambiguo, tanto que incluso una vez reinterpretó el famoso How will I know de Hwitney Houston anulando el “boy” y cambiándolo por un “you”. Según sus declaraciones, el propósito era hacerla más universal. Obviando el hecho de “¿quién coño eres tú para cambiar un clásico del pop?”, la excusa suena de lo más cobarde .

Los vídeos, que quizás sean los que realmente más ayuden a visibilizar, no lo hacían: Stay with me no contenía escena romántica alguna y I’m not the only one representaba un drama hetero. Y Lay me down, que sí que incluía representación homosexual, mostraba una boda gay nada más y nada menos que en una iglesia. No podía resultar todo más estereotípicamente heterosexual y con ganas de agradar y epatar con ellos. Y habló en pasado, porque con su último disco parece se ha liberado un poquito más, como en el clip de Too good at goodbyes.

Sin embargo Troye se le adelantó y aprovechó su creciente popularidad para fomentar la visibilidad gay en los siguiente vídeos. Y quizás otro se hubiese cortado, pero él decidió seguir hacia delante con todas las consecuencias, y ahora además lo ha llevado a un nuevo nivel, primero con un vídeo de My my my que invoca un cruce entre Fama y el cruising y con el mentado single recién estrenado esta semana. Ha incluido el sexo en la ecuación, y aunque es probable que no alcance los números de su antecesor (My my my no lo ha conseguido), se agradece que haya echado toda la carne en el asador. Y que una actuación de un programa puntero como Saturday Night Live oliese a sexo y tampoco se cortase con la pluma.

Porque esa es otra, la plumofobia es una epidemia no solo por parte de los heteros, sino también en el colectivo gay, y él está desatado en ese sentido. Y le encanta. En los grandes medios no están demasiado acostumbrados a mostrarla salvo que haya un cliché de por medio (que la figura gay sea un presentador del corazón o el recurso cómico de una película, por ejemplo). Sin embargo a él y a su música se les toma en serio con o sin ella, y es toda una delicia verle en prime time volviéndose loca del pussy.

Tampoco hay que olvidarse, como he mencionado en el primer párrafo, de la forma en la que abraza su rol sexual de pasivo. Y es que el estigma de ser pasivo aún perdura, porque sigue asociando a la falta de masculinidad; esa masculinidad rancia y tóxica de la que deberíamos desprendernos a la de ya, claro (y que a veces tanto nos cuesta). Y él va y decide hacerlo de manera elegante, sí, pero bastante evidente (salvo que seas alguien de pocas luces). Por ello esta canción supone un importante paso en una cultura gay que generalmente se ríe de este rol sexual.

Evidentemente todo el post está encuadrado en el pop comercial, y algunos dirán que hay tropecientos artistas gays de corte indie mucho mejores; pero yo habló de una representación mucho más global, algo que no está al alcance de estos. Y por supuesto ha habido nombres como Elton John, Freddy Mercury o George Michael que marcaron un antes y un después en la historia de la música; pero no de la representación homosexual. Seamos realistas, su música forma parte de otra época donde la homosexualidad estaba mucho más coartada, como ellos mismos y la manera en que la manifestaban (si es que la manifestaban).

Troye Sivan ha tenido la suerte de haber nacido en unos años más abiertos e inclusivos y evidentemente lo tiene más fácil. Y sin embargo todavía a día de hoy apostar de esta manera resulta arriesgado comercialmente hablando. Porque él posiblemente asumía que parte del público comercial le iba a mirar con cara de circunstancia (o quizás de asco), e incluso que algunos de los que disfrutaron con su antecesor se iban a quedar en el camino. Él ha tomado esta decisión, y se agradece sobremanera. Y sobre todo, ha ayudado a los que vendrán después.

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