Por qué U2 alcanzaron su cénit artístico en los 90

A colación de la gira que recalará en España en septiembre, la semana pasada me dio por hacer un repaso mental de la discografía de U2. Dándole vueltas, y sin ser yo fan fatal ni nada de eso (aunque tuve una época hace eones que estaban en mi top musical), me di cuenta de que, a diferencia de la gran mayoría de la población, me quedo con sus noventa antes de con sus ochenta (y obviamente antes que de los 2000 en adelante). Una opinión bastante impopular, pero que creo que puedo llegar a defender con convicción. Eso sí, resulta imposible luchar contra los fans más puretas de la banda o los que prefieren su vertiente más rockera; y es que no suelen ser los más abiertos de mente precisamente.

No voy a decir que los ochenta son una mierda, obviamente, porque contaron con grandes discos y canciones, e incluso los noventa en su totalidad resultan más irregulares. Pero también indudablemente más interesantes y estimulantes. Tras conquistar el mundo con The Joshua Tree, los irlandeses podían haber seguido una senda similar y exprimir la fórmula hasta el desgaste. Sin embargo esta etapa siempre la he visto algo forzada, demasiado enfocada a conquistar al público yanqui tanto en sonido como contexto. Una vez coló, pero quizás una segunda hubiese cantado demasiado, y por ello para la nueva década decidieron volver a su Europa natal y formar parte de los cambios sociales que inundaban el viejo continente. No sé si se trataría de un cambio consciente o simplemente lo que les pidió el cuerpo, pero seguro que de primeras a su sello no le hizo demasiada gracia. Pero claro, luego llegó Achtung Baby  y cualquier duda se disipó.

El disco fue un éxito de ventas y crítica, pero lo mejor es que, sin perder su esencia, dieron un paso hacia una dirección más fresca y menos evidente tanto en sonido como en actitud. Hasta un baladón épico como One, que en teoría podría emparentarse con su época previa, en la práctica resultaba mucho más honesta y, a pesar de la grandilocuencia, más íntima que una With or without you demasiado desesperada por complacer a las radiofórmulas. Podía resultar mucho más puros cuando querían, pero también mucho más cínicos, irónicos y sobre todo divertidos. Y su sonido, sin prescindir del guitarreo made in The Edge, optó por arreglos más ricos, europeos y en muchos casos, electrónicos. Tampoco es que se marcasen un Dover, pero sí innovaron lo suficiente para rezumar modernidad y que pocos les pudiesen echar en cara esta evolución.

Sin embargo con Zooropa y Pop, entre experimentos y la faceta más, pues eso, pop se ganaron las críticas de muchos. Hay idas de olla como Numb o Mofo que entiendo que este tipo de fans no tragasen, pero en lo que se refiere al aspecto pop, seamos sinceros, U2 nunca ha sido una banda de rock. Una de pop de guitarras como mucho, por lo que, por mucho que los arreglos electrónicos se prodigasen, el giro nunca destacó por su carácter radical. Pero sí su actitud, mucho más estridente con temas como los mentados o petardadas vitales como Discoteque o el carpe diem de Hold me, thrill me, kiss me, kill me (no formaba parte de ninguno de los dos discos, pero se estrenó entre medias para Batman Forever). Por lo general se perdía solemnidad y épica (aunque había exponentes como Stay far away so close, Gone o Staring at the sun que todavía las mantenían) y se optaba por exponentes mucho más divertidos y sobre todo sin tomarse tan en serio a sí mismos.

Se reían de su grandeza como epítome del stadium pop mundial llevando a cabo una gira tan megalómana, rimbombante y hortera como Pop o autofustigándose a sí mismos cuando en sus canciones criticaban el consumismo y el sistema capitalista, cuando ellos mismos forman parte de él. Se acabó lo de ponerse a tocar encima de un edificio como si fuesen la última venida de Jesucristo con el significado de la vida bajo el brazo. O bueno, quizás siguiesen siéndolo, pero esta vez rodeado de neones y con una postverdad a modo de spot publicitario. Ya lo cantaba Bono en la canción de Batman Forever: They want you to be Jesus, now go down on one knee, but they want their money back, if you’re alive at thirty-three. Abrazaron la postmodernidad de manera consciente y dándole una vuelta de tuerca, y a lo que a muchos les resultaba frívolo, pero que en realidad gozaba de un poso intelectual en su mensaje.

Sin embargo luego llegaron los 2000 y con All That You Can Leave Behind regresaron al redil del buenismo y la integridad moral y todo se volvió más aburrido (que además coincidió con la explosión del mesianismo insoportable de Bono). Por suerte se trataba de un buen disco, pero que lo mejor fuese Elevation, que podría haber salido de las sesiones de Achtung Baby, dice mucho acerca del mismo. Lo curioso es que de ese disco lo más celebrado sea Beautiful day, porque aunque, sí, cuenta con la épica y pureza de los grandes himnos ochenteros de U2, también resulta muy pop en su concepción, mientras que Elevation hace gala de un guitarreo ciertamente potente y no es ni la mitad de apreciada. Una contradicción que revela que sus fans, quizás al final, no resulten tan cuadriculados. O que lo realmente les importe sea el concepto himno por encima de todo, incluso de las guitarras. Yo me guío, más que por el tono, por actitud, y, ay, como se les echa de menos en tal tesitura.

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