The Sound of Arrows en El Sol, Madrid: fantasía pop

Hacía eones que The Sound of Arrows no actuaban por Madrid, como bien reconoció Stefan, afirmando que aquí ha pasado las mejores noches de su vida. No sé si la de ayer fue igual de memorable para él (y bueno, a saber dónde y cómo continuaría), pero en nuestro caso, quizás no tan memorable en su totalidad, pero sí con momentos brillantes que a más de uno se les quedarán grabados.

Junto a un chico inglés del que no recuerdo en nombre, que se encargaba de los teclados y mesa, el sueco salió a escena quizás algo perjudicado por el alcohol, porque le costaba un poquito hablar en ocasiones e incluso acordarse del nombre de alguna canción. Pero fue todo amor y actuando, 100% profesional. Tras la intro comenzó con el trallazo etéreo Stay free y después interpretó varios temas de seguido del álbum homónimo. Quizás algo arriesgado no intercalar  los hits de Voyage, porque tras varias canciones de su segundo disco el ritmo flojeó un poco. También incluyó un par de cortes de su reciente EP de descartes, destacando Perfect circle, que no chirriaría en un disco de Imagine Dragons.

Después por fin le toco el turno a sus clásicos en clave generalmente más dance. La ya de por sí ravera Nova; Into the clouds, que a pesar de ese giro, resultó tan emotiva como siempre; Wonders la tocó dos veces (hubo un error de micro y quiso resarcirse al final del show); y, para mí el momento álgido de la noche, There is still hope, que sin haber sido single, es una de las favoritas de sus fans. Magic, como era de esperar, la obvió, ya que siempre le ha profesado cierto amor/odio.  Al final del show volvió a sus más recientes lanzamientos, sobresaliendo Beautiful life, que en mi caso me puso la piel de gallina y me hizo más feliz que un regaliz.

Mención especial para Linda, la vocalista que parecía una versión más joven de Patsy de Absolutely Fabolous cantando en un karaoke. Con muy buena voz, eso sí, aunque la interpretación de In the shade of your love resultó algo desfasada. Pero nos ganó con su simpatía y desparpajo, y como vocalista de apoyo más tarde despuntó. También me recordaba en su tono de voz e incluso fisicamente a Kylie, lo que me hizo plantearme lo bien que quedaría un dueto entre Stefan y la aunstraliana, o incluso una producción para ella.

El caso es que quizás ya no seamos tan jóvenes y entusiastas como cuando publicaron su debut (en mi caso incluso antes: les vi en 2010 en Londres), ni ellos tampoco (o él, más bien), pero de nuevo, como Isabel y los Ferrero, nos han conquistado. Que la próxima vez (si la hay), no tarden tanto en volver.

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