10 años de Lady Gaga en el Ochoymedio: cuando estaba a punto de ser la mayor estrella del planeta

Hace unos días me saltó una publicación de hace 10 años de una amiga en Facebook que rememoraba el mítico concierto de Lady Gaga en el antiguo Ochoymedio de Madrid, cuando todavía no era la gran superestrella en la que se convirtió. Pero poco le quedaba. Just dance ya era número uno en Estados Unidos y en España comenzaba a pincharse en la radio, aunque yo recuerdo bailarla en la sala pop (gay) de Fever de Bilbao unos meses antes (ya se sabe, los garitos gays siempre están por delante). Lo que vino después ya todos lo conocemos. Y he de admitir que todavía me siento orgulloso de haber estado en ese momento tan especial. Tanto que, sinceramente, lo disfruté más que cuando vino a Madrid con su primera gira «de verdad».

Imprimí mi perfil de MySpace (patrocinaba el evento, y yo literalmente me lo abrí por ello) y acudí unas cinco horas antes de que comenzase el concierto, ya que preveía cola. Y no me equivocaba. No era tan fan de la artista, su debut me hacía gracia, y no tengo muy claro porque fui con tanta antelación. Quizás porque una antigua amiga me convenció, más otro amigo de Bilbao que venía de visita. El caso es que la cola giraba la esquina y llegaba a Gran Vía más allá del Zara. Viendo la cantidad de gente esperando no teníamos todas con nosotros. Había que hacer tiempo y comencé a hacer botellón y entre pitos y flautas he de admitir que fue la cola más divertida que he hecho en mi vida. No haber entrado hubiese sido un tanto bajón, pero no me podía quejar, ya que eso también formaba parte de la experiencia. Como cuando apareció un elegante coche con cristales tintados y vi como parte de la masa se lanzó hacia él en modo histeria y yo me apunté a la misma (cuando en realidad me estaba desternillando de risa).

Finalmente comenzó la gente a entrar, la cola a avanzar poco a poco, hasta que se paró en seco. No sabíamos si ya no podía entrar más gente o si por equis razones se había ralentizado el acceso. Lo gracioso es que, en vez de marcharnos, porque se intuía que el aforo estaba completo, nos quedamos ahí no sabemos muy bien por qué. Quizás esperábamos un milagro que generalmente nunca llega a suceder. Pero oye, que al final Dios (o Godney) oyó nuestro lamento y pudimos entrar en un segundo concierto que ofreció la artista por la cantidad de gente apiñada fuera. Ahí ya nos compró de por vida (o al menos, hasta que terminó la etapa de The Fame / The Fame Monster). Y es que se le podrán echar muchas cosas en cara, pero Lady Gaga siempre ha cuidado bastante a sus fans (conocidos son sus meet and greet, donde los alarga para seguir charlando con ellos).

Estábamos dentro tan eufóricos (y borrachos) como si fuésemos a ver a la mismísima Madonna (en mi caso tanto que, yo, maricón perdido, me lié un momento con una clon de Ashley Simpson). Cuando salió a escena con sus bailarines se podía vislumbrar que, aunque todavía estaba por pulir, había nacido una estrella (jur, jur). Y ahí desgranó parte de su debut: Beautiful, dirty, rich, Money, HoneyLoveGame, The fame, Quicksand (tema de Britney escrito por ella), Poker face y Just dance (reconozco que he tenido que buscar el setlist, aunque salvo de Money, honey y Quicksand, me acordaba del resto). El sonido fue un poco regulero, pero el clímax compensaba cualquier «pero». Ella, cercana y entregadísima. Lo puto más, vamos.

Con el paso del tiempo se añadió además el «orgullo» de poder decir «yo estuve ahí». O extendiéndome más: «Yo estuve ahí cuando el fenómeno Lady Gaga estaba a punto de estallar, en el club enano, en lo que podría considerarse un hito de la historia de la música y la cultura club en España». Es, salvando las distancias, tanto de ciudad, como de época y artista, como cuando Madonna actuaba en los bajos fondos de Nueva York. Sí, ahí había más autenticidad, sin gran discográfica ni (difunta) multi de por medio; y el Ochoymedio, ni siquiera el antiguo, no era un tugurio; y ya era una artista con un número uno al otro lado del Atlántico. Pero no se puede esperar lo mismo del siglo XXI que del XX, donde la frescura se ha perdido en buena medida. Y a pesar de ello, se erigió como un momento para no olvidar jamás.

fotos: este blog, donde no pone el fotógrafo

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