No, no escuchas «de todo»

De un tiempo a esta parte (o quizás ahora seamos más conscientes gracias al mundo digital), hay una frase que se ha convertido en la muletilla de muchos: «yo escucho de todo». Tanto, que casi le arrebata el puesto a la cuñada «ya no se hace música como la de antes» (mientras escucha a Queen). Se trata de uno de los imprescindibles a la hora de conocer a alguien y querer, de alguna manera, sorprenderle. Sorprender con tu apertura de miras, tu versatilidad, tu sensibilidad a la hora de apreciar diferentes tipos de géneros. Por supuesto la realidad dista ampliamente de tal afirmación.

No dudo que se trate de una frase un poco de toda la vida, pero yo he sido más consciente de su existencia desde que comencé a ver en First Dates (vicio que gracias a Dios ya abandoné). Junto a «no es mi prototipo», «me encanta, es igual que yo» y otras frases y conceptos ya míticos del programa, más allá de los clichés relacionados con la pareja, el «escucho de todo» la soltaban, si no en todos los programas, casi, especialmente entre la gente más joven, obviamente. Y claro, yo veía a una choni decirlo y como mínimo levantaba una ceja (metafóricamente, literalmente no puedo). Que quién sabe si en algún caso escuchaba el ambient de Boards of Canada y también a Bad Bunny, pero por lo general, poca pinta tenían. ¿Prejuicios? Mea culpa.

Por supuesto a la hora de la verdad se decantaban más por la segunda opción y similares. Pero claro, es que para gran parte del público, a pesar de que sabe que hay vida más allá de lo que suena en la radio y las playlists de Spotify más reproducidas, en su «todo» engloba básicamente la música comercial. Y claro, hay géneros tan evidentes como el rock, que ya no forman parte de este concepto (salvo que consideres a Imagine Dragons como rock). Lo que da una idea de lo limitado del mainstream en comparación con décadas pasadas. Suena a pollavieja, pero es una verdad como un templo. Sin embargo no es excusa, porque esos géneros que el ámbito comercial ya no abraza no han desaparecido, siguen vivos, y arrasan en otros ámbitos como el directo o las listas de ventas (de discos, no singles).

Sin embargo hay una variación de la frase: «escucho de todo, menos reguetón, claro». Mientras que en la versión general no existen prejuicios, al menos de manera evidente, en esta campan a sus anchas y está muy relacionada con la antes mecionada «ya no se hace música como la de antes». Si en el anterior caso ya levantas la ceja, en el siguiente escupes en modo aspersor la bebida que estuvieses tomando. Porque muchos de los que lo afirman no salen del rock y derivados, pero incluso aunque sus miras sean más amplias, no escuchar, ya no solo un género, sino la música de un porrón de países (porque seamos, realistas, no es solo el reguetón, es la música de origen latino en general) no es escuchar de todo. Dista mucho de eso.

Obviamente no hace falta ser puntilloso y literal, ya que resulta imposible cumplir esta frase al pie de la letra o si quiera acercarse lo más mínimo, y no conozco a nadie que escuche polka checa. Pero al final es fácil limitarse a englobar solo lo que se escucha en la radio, triunfa en listas o Spotify nos recomienda. Sota, caballo y rey y además casi siempre con ciertos orígenes (aunque cada vez escuche más, por ejemplo, k-pop o j-pop). Hasta yo, que no es por ir de sobrado, pero mis gustos son más variados y amplios que la media, ni loco voy a soltar tal afirmación ya que me parece el súmmum del absurdo.

Donde sí hay que ser literal es en el verbo: porque una cosa es escuchar y otra que te guste. Se asume que lo primero implica lo segundo, pero no tiene por qué. O quizás en un contexto donde la música se consume como divertimento vacuo, quizás. Porque yo lo intento con géneros que me cuestan más, y a veces puedo sacar algo que aprecie a nivel personal, pero no diría que escucho equis estilo cuando mi paso sobre él peca de anecdótico. Y eso es porque aquellas personas no intentan escuchar algo que se salga de lo que el mainstream le entregue o porque lo que realmente no le gusta lo escucha de manera pasiva porque, al fin y al cabo, esa es la estrategia: bombardearte con ella hasta que te guste, aunque a veces falle. Y es que sí, esta frase, que parece tan simple y estándar, implica mucha más chicha de lo que aparenta.

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