Sábado en Primavera Sound 2019: Rosalía revalida su título de gran estrella

A pesar de ver a través de las pantallas a una entregadísima Nathy Peluso vestida como Charo, en realidad mi primer concierto fue Kali Uchis. O algo así, porque me dicen que es otra artista y me lo creo. Con un pelo cola caballo al estilo Ariana, la colombiana apareció con un look y actitud que de tan sexy resultaba forzado, chocando con la imagen con la que la hemos conocido. Ya de por sí el asunto chirriaba, pero además el sonido no era muy allá e interpretó varias versiones un tanto de la innecesarias, especialmente Creep de Radiohead. El perreo elegante de Nuestro planeta salvó ligeramente el final, pero por lo general necesita de una reválida.

El momento Rosalía llegó y posiblemente fue lo más concurrido del festival (se notaba por lo general más afluencia de gente el sábado). Tomando el show que ya conocíamos, pero refinándolo y añadiendo extras, la barcelonesa regaló el concierto de su vida, posiblemente en parte gracias a estar en el festival más importante del país y además en su ciudad. Un directo vibrante y avasallador, con sorpresas agradables como su interpretación de Brillo. Quizás la presencia de James Blake para Barefoot in the park, lo que debió ser un highlight, no caló tanto como se esperaba, con él en tal segundo plano que casi hasta que nose hubiese acercado. Tampoco se pasó J Balvin, pero lo increíble es que ella tampoco en su concierto. ¿Ha habido drama? Por suerte El Guincho, que es un amor, le sustituyó con soltura (y con altura, guiño). En total, la monda. Vení, vidi, vinci.

Después le tocaba el turno a una Solange con un disco que ha generado cierta polémica, algunos incluso acusándolo de retazos inacabados e inconexos. En su directo se centró en él para miedo de muchos (las canciones previas resultaron anecdóticas, con Losing you, Don’t touch my hair, Cranes in the sky y poco más). Sin embargo, y gracias en parte a un largo speech en el que explicó como surgió el álbum después de sus problemas psicológicos y físicos de los dos últimos años, las canciones ganaron fuerza y contexto. Un sonido de lujo y una estética arty y minimalista, además de la celebración de los cuerpos reales, redondearon un directo para enmarcar.

A pesar de que J Balvin no se pasó en Rosalía, no dudó en interpretar casi al comienzo Con altura. Y fue un primer momento extraño, ya que la parte de él es más bien escasa, lo que se repitió canciones de Natti Natasha o Karol G donde su presencia también es mínima. Al menos en la mayoría de casos de colaboraciones con artistas masculinos tenía el apoyo vocal del teclista, y por suerte algunas veces la ausencia de los otros artistas funcionaba bien (especialmente en I like it). Pero es que interpretar tantos featurings, por muy hits que sean, hace que desluzca su propia obra, que se supone que va un paso más allá del género; mientras que sus colaboraciones suenan por lo general más burdas. Lo que no quita que fuera un concierto disfrutón, con un Balvin muy carismático y una colorida puesta en escena que apuntalaba la fiesta. Eso sí, el momento en el que una bailarina ligerita de ropa le hacía el típico baile de la silla sobró.

Esa noche fue un poco el día de la marmota y James Blake volvió a interpretar Barefoot in the park, esta vez sin Rosalía. Un momento intimista que en realidad fue casi una excepción en un setlist más dinámico y movido de lo que se podía esperar (aunque, gracias a Dios, Limit to your love no se ausentó). Sea más sosegado o más electrónico, él mantiene intacto su magnetismo y nocturnidad en la forma de interpretar, que no en su carisma, ya que sigue siendo excesivamente tímido (lo que por otra parte le da ese encanto de vecino de al lado). Quizás se echó en falta cierto factor sorpresa, pero también es verdad que su nivel en directo siempre ha sido alto y que su esencia, a pesar de ciertas dosis de novedad de su último álbum, es la que es. Y por eso sigue estando en la letra grande de los carteles.

Después estuve entre Roisin Murphy y Danny L Harle. Como el año pasado en Paraíso, no se puede decir que el setlist de ella esté trufado de hits, todo lo contrario, y en lo que vi solo interpretó Overpowered para cerrar. Sin embargo, como en aquel concierto, su frikismo no pasa desapercibido y el baile sofisticado resulta ideal para los que, sin querer terminar en una rave, también desean moverse. Para bailar, pero en modo hipervitaminado, era el supuesto live del inglés. Y digo «supuesto» porque, a excepción de su bakalismo extremo, el concepto es el mismo que en el dj set de Paraíso 2019. Se podía escuchar éxitos pop como No tears left to cry en clave chunda chunda y apitufados. Para un rato bien, pero ya, salvo que vayas hasta las cejas.

Intenté Modeselektor, pero me vi superado por su vena zapatillesca por 1000 (ahí es cuando realmente eché de menos a Moderat). Por lo que decidí irme a casa y despedirme del Primavera Sound más diverso y sobre todo femenimo de la historia. A ver con qué nos sorprende el festival con su 20 aniversario (porque el anuncio de Pavement es más el Primavera oldie que otra cosa). Hasta el año que viene.

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