Planeta Shakira: el producto globalizado perfecto

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A veces da la impresión de que el mundo del arte y el entretenimiento se reduce a los países anglosajones, sobre todo a Estados Unidos, tanto en lo que se refiere al nacimiento de artistas como por utilizar al país como medidor del éxito de un producto. Si este no tiene la repercusión esperada en estas listas se emplea el tan explotado «flop», un término del que pocos se libran a día de hoy. Así le suele suceder a Shakira, como con los dos primeros singles de su último largo, que no han logrado posiciones demasiado altas (el segundo, Empire, está por ver, pero no se augura nada bueno), y a ver qué tal se le da al disco homónimo. Pero que no equivoquen los amantes del flop y demás fauna mainstream, Shakira es posiblemente la mayor estrella del siglo XXI. Quizás no sea la más vendedora, ni la que más números uno o top 10 colecciona, ni vive los picos de otras competidoras, pero de media su nivel de popularidad no tiene parangón a día de hoy.

Cuando la colombiana se pasó al inglés vivió un proceso similar a otros artistas latinos, pero a diferencia de gente como Martin (Puerto Rico está muy ligado a Estados Unidos), Lopez (latina que casi tuvo que aprender español) o Anthony (muy «miamizado»), Shakira ya tenía en el bolsillo a Hispanoamérica, España e incluso gozaba de un hueco en ciertos países europeos. Su éxito en Estados Unidos le otorgó el estatus de estrella mundial, previo paso por la fábrica de estrellas latinas que siempre ha supuesto Miami pero sin meter la cabeza demasiado para no limitarse en el futuro. Esta sería la causa mayor que justifica su gran éxito, pero el caso no es tan simple y hay más factores que determinan su posición actual. Aquí se hará un resumen pormenorizado, que tampoco estamos escribiendo una tesina, pero hay mucha tela que cortar en el tema de los fenómenos culturales globalizados.

Los países de habla hispana no tienen tanto que ver unos con otros, por mucho que se empeñen los yanquis, y en este tipo de productos siempre se intenta conseguir un equilibrio que no está al alcance de todos, y en la mayoría de ámbitos resulta imposible (por ejemplo una telenovela venezolana no gustará en Argentina). Ella no se apoya en un modelo colombiano, tampoco reniega de él, sino que toma lo común de la cultura latina a través de estilos sin tantas fronteras, como el pop-rock latino, pero tomando de cuando en cuando sonidos locales pero de alguna manera cada vez más extendidos, para así contentar a todos. Los latinos que viven o han nacido en Estados Unidos (que son casi la población de España) también les tiene comiendo de su mano, porque las nuevas generaciones ya no quieren tener tanto que ver con su origen, pero tampoco quieren romper con él, y Shakira es la perfecta mezcla de ambos mundos.

Luego tenemos el factor de que lo latino nunca ha sido del gusto de Europa, al menos de los Pirineos hacia arriba, pero la fórmula se basa en contar con lo atractivo de lo latino, sin saturar, más la influencia anglosajona, que al fin y al cabo es la que manda. En Francia reciben con algarabía las canciones de su época 100% en español y en Alemania han triunfado no solo los singles en inglés. Hasta en la fría Rusia es muy bien acogida. Pero además ella no es 100% latina, porque en sus venas corre sangre libanesa, y aunque el mercado árabe tampoco se erija como su target, cuenta con bastante presencia en él, gracias en parte a que nunca ha renegado de sus raíces, incluyendo influencias de la zona en muchas de sus canciones. En Asia oriental también resulta muy apreciada, ya que se trata de un producto latino y en contacto con muchas culturas, por lo que a diferencia de otros productos norteamericanos por el que países como Japón o China echan pestes, a ella la reciben con los brazos abiertos. Y le quedaba África, que la conquistó en parte tras el mundial de fútbol y participando con Freshlyground, una de las bandas del continente con más pegada. Hay lugares del mundo que se le pueden escapar, pero no hay duda que ella y sobre todo su equipo no quieren dejar ningún cabo suelto.

Una vendida la llamarán algunos, además de por esto, por el cambio de sonido más pop y menos rock respecto a sus dos primeros álbumes, además de la sexualización de su imagen. En sus últimos discos hay de todo, por lo que a veces el nivel de incoherencia resulta algo escandaloso hasta para el crítico musical más comercial, que no para el público, que disfruta de este eclecticismo. Pero mientras a otros les falla la estrategia, a ella le funciona y si no es con un single es con otro y santas pascuas. El caso es probar, como a Kelly Rowland pero sin parecer tan desesperada, y no lo parece porque ya se asume que ella lo es todo, lo representa todo (y quizás también la nada). Se trata de un producto globalizado pero con matices locales, lo que lo hace tremendamente atractivo a los ojos de la masas que consumen productos mainstream. ¡Si ahora hasta canta en catalán!

Sin embargo hay otro factor que le ha otorgado el importante papel que ocupa en la cultura popular contemporánea: el fútbol. Primero fue Hips don’t lie en la Eurocopa de 2008, posiblemente el mayor éxito de su carrera, después Waka Waka para el mundial de 2010, otro bombazo, y para el de este año tiene en la recámara La la la, que tened por seguro que petará lista sí, lista también. El deporte más popular del planeta se presenta como el escaparate ideal para ondear tus canciones cual bandera, a través de eventos internacionales donde caben todas las culturas (aunque luego siempre se clasifiquen los mismos). Y por si fuera poco está liada con un jugador de uno de los equipos más importantes del mundo. El golpe de efecto perfecto para convertirla en quien es ahora. Y muchos se quejaron cuando un artista africano no interpretó el himno del mundial: resulta lógico, el evento más globalizado va a tirar de la artista más globalizada del planeta. Si nos visitaran alienígenas, ella sería nuestra embajadora, nos guste o no.

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